Bajo el pretexto de la “cooperación”, Javier Milei acepta que Argentina sea utilizada por Donald Trump como escudo comercial contra China.  Un acuerdo vergonzoso donde se resignan recursos naturales y fiscales, información sensible, controles estatales y soberanía a cambio de promesas.

Por Jorge Poblette

No se necesita ser un analista muy perspicaz o tener información confidencial para retratar la decadencia a la que está siendo llevada la Argentina. Basta con un mínimo de comprensión lectora, una pequeña dosis de interés en las cosas públicas para que se revele ante nosotros el trágico y profundo significado de lo que sucede.  Estas son las inevitables impresiones que se generan cuando se analiza el reciente “Acuerdo sobre Comercio Recíproco e Inversión entre los Estados Unidos de América y la República Argentina”.

Si bien el  Acuerdo se suscribió esta semana, el Memorandum de Entendimiento fue anunciado el pasado 13 de noviembre, en la Casa Blanca, con la presencia de Donald Trump y Javier Milei como anfitriones y exactamente a dos décadas después del histórico No al ALCA, que protagonizó Nestor Kirchner y otros líderes latinoamericanos en la ciudad de Mar del Plata en el año 2005. La fecha elegida no fue casualidad: Estados Unidos encontró su revancha y mostró las ventajas de poner uno de sus peones a jugar en el tablero regional.

Paradójicamente esto ocurrió con Donald Trump en declive y con desvaríos de monarca, con la confianza de sus aliados por el suelo y con una incendiaria situación interna. Sin embargo, a pesar de su visible debilidad política, ha logrado someter a su antojo las relaciones económicas y comerciales con Argentina. Tal vez ocurrió porque, como él mismo lo dijo cínicamente “Cuando eres una estrella, te dejan hacerlo” o porque un puñado de  grandes empresarios que lo rodean, se aprovecharon y sacaron ventaja de la devoción que siente Milei por el controvertido presidente norteamericano y la usaron en su beneficio. Lo cierto es que Trump usó el comercio como instrumento para ordenar su patio trasero y asegurar que estos se sumen a su pelea geopolítica con China, el verdadero adversario al que sueña derrotar.

El amplísimo Acuerdo firmado hace unos días es claramente desventajoso para la Argentina. Comprende una apertura a la exportación de carne vacuna, productos aviares y porcinos, lácteos, vinos, frutas, azúcar y alimentos procesados, junto con la comercialización de recursos naturales, combustibles y minerales críticos como el litio y el cobre. En compensación, la Argentina elimina barreras para la importación de maquinaria agrícola y vial, equipos médicos, insumos químicos, productos farmacéuticos, vehículos y autopartes fabricados bajo estándares estadounidenses. El acuerdo se extiende, además, a la infraestructura de telecomunicaciones (5G y 6G), la economía digital, la propiedad intelectual aplicada a semillas y biotecnología, y la gestión de servicios de logística, transporte y construcción naval.  

Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas

A pesar del lenguaje edulcorado del texto sobre “oportunidades para ambos países” y “valores compartidos” entre otros eufemismos, lo cierto es que el Estado argentino se compromete a desmantelar   y abandonar su papel regulador y cede el control sanitario, ambiental e industrial a organismos y reglas fijadas por otro país. Tampoco se beneficia de transferencias tecnológicas ni puede exigir a las empresas norteamericanas a comprar insumos a proveedores locales, así es que cualquier minera o tecnológica puede traer todo lo que necesite desde el exterior, perjudicando al entramado de las Pymes locales.

Asimismo, Argentina se obliga a no dictar nuevas leyes que sean más restrictivas que las ya existente en los sectores cubiertos por el Tratado, lo que significa que se ata las manos para endurecer controles, sean ambientales, fitosanitarios o técnicos. Al garantizar el “libre flujo transfronterizo de datos” la información estratégica de los recursos naturales argentinos, y tal vez de sus habitantes, se almacena en la nube de empresas estadounidenses, bajo sus propias leyes y fuera del control de la justicia argentina. También se liberaliza el flujo de capitales, lo que autoriza a las empresas a remitir todas sus utilidades al exterior sin restricciones y sin obligación de que una parte de la renta generada por la explotación de nuestros recursos naturales se reinvierta en el desarrollo del mercado interno.

Secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio y Pablo Quirno, Ministro de RREE de Argentina

Entre los beneficios que el oficialismo enumera está la “seguridad jurídica”, un intangible que en teoría debería bajar el riesgo país y atraer inversiones de otros aliados occidentales. Lo cierto es que los futuros inversores, de venir, solo lo harán para financiar actividades extractivas o especulativas, y aprovechar las cláusulas de libre remisión de utilidades. Otro logro que se exhibe es la vuelta del país al Sistema Generalizado de Preferencias, que son beneficios arancelarios que se habían perdido en años anteriores. Cancillería habla que este regreso nos permitiría “recuperar exportaciones por 1.013 millones de dólares” pero eso solo representa el 1,2% de las exportaciones totales o apenas el 0,17% o 0,18% del PBI. Solo como referencia: con ese dinero solo se podría cubrir un mes de los intereses de la deuda externa. La lluvia de dólares que pregona el gobierno es una fantasía; lo cierto es que el Estado desmantela su estructura regulatoria y cede soberanía sobre recursos cuyo valor es imposible de calcular.

Minerales Críticos. Lecciones de subordinación.

Si bien todos los rubros que alcanza el tratado son importantes, hay algunos que, por su sensibilidad geopolítica y económica, merecen un análisis en particular. Tal es el caso de los llamados minerales críticos y tierras raras, las que por sus características están en el centro de la guerra comercial y geopolítica que hoy se libra entre China y Estados Unidos.

En el capítulo del Acuerdo sobre minerales críticos firmado por Argentina se enumera al litio, el cobre, el cobalto y el níquel. Su inclusión no debe interpretarse como una lista de simples minerales sino como sustancias naturales estratégicas que hoy se disputan las grandes potencias, una carrera que Estados Unidos está perdiendo frente a su principal competidor asiático.

Minerales Raros

China refina hoy cerca del 60% del litio mundial y controla casi el 90% del procesamiento y refinado de los 17 elementos que componen las tierras raras como lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio, lutecio, itrio y escandio, a los que hay que sumar el litio, el cobre, el cobalto y el níquel. De estos minerales depende la sobrevivencia hegemónica de las grandes potencias y de quien dictará las reglas del siglo XXI. Autos eléctricos, turbinas eólicas, pantallas de smartphones, fibras ópticas, láseres, discos rígidos, Inteligencia Artificial, chips de procesamiento avanzados (GPU), misiles inteligentes, visores nocturnos, radares, motores de los cazas furtivos como el F-35, y los principales insumos para la transición energética, dependen de estos minerales. 

Argentina, en materia de materiales críticos, posee importantes yacimientos, entre los que se destacan:

Litio: Argentina forma parte del “Triángulo del Litio”. Junto a Chile y Bolivia, la región concentra más del 60% de las reservas mundiales de este mineral. Los principales yacimientos son Salar del Hombre Muerto en Catamarca, Salar de Olaroz en Jujuy, Salar de Cauchari también en Jujuy y Salar del Rincón en Salta. Bajo el Acuerdo, Argentina se compromete a facilitar la inversión estadounidense para explorar, minar, procesar y exportar este recurso.

Yacimiento de Litio – Catamarca

Cobre: Si bien hoy Argentina no produce cobre, si posee algunos de los depósitos de cobre sin explotar más grandes del mundo. Sus principales yacimientos están ubicados sobre la Cordillera de Los Andes: Josemaría y El Pachón en San Juan, Taca Taca en Salta y MARA en Catamarca están entre los más importantes. Hay que recordar que, si bien Argentina tiene hoy unos ocho megaproyectos en carpeta, dejó de producir cobre en 2018, cuando cerró Bajo de la Alumbrera en Catamarca, después de 20 años de actividad. Resulta una paradoja alarmante: un recurso estratégico que todavía descansa bajo la cordillera, y que el país aún no ha comenzado a explotar, ya está siendo entregado en sobre cerrado a sus futuros concesionarios extranjeros.

Cobalto, Níquel y tierras raras: Existe un enorme potencial de hallazgo en diversas zonas cordilleranas y se han detectado áreas para las 17 tierras raras en provincias como San Luis y en algunas zonas del NOA. Aunque hoy no hay producción comercial, el tratado asegura a EE. UU. el derecho de exploración y explotación prioritaria.

El Project Vault: Minerales y mucho más.

 Pero Argentina no solo está facilitando el acceso exclusivo a las empresas estadounidenses a sus recursos mineros, sino que además se comprometió a entregar información sensible a los Estados Unidos y corporaciones interesadas a través del Project Vault (Proyecto Bóveda). El Inciso 4.2 (Gestión de Datos Estratégicos) dice textualmente: ” La República Argentina facilitará el acceso a la infraestructura de gestión de datos conocida como Project Vault, asegurando que la información relativa a reservas, capacidades de procesamiento y estructuras de propiedad de los proyectos mineros sea integrada para garantizar la resiliencia y seguridad de la cadena de suministro global.” Project Vault es una plataforma de intercambio de datos en tiempo real donde Argentina debe volcar toda la información técnica, geológica y comercial de sus recursos (litio, cobre y tierras raras). Este sistema está administrado por Departamento de Comercio de los Estados Unidos, bajo la supervisión de agencias de seguridad nacional y el Departamento de Energía y fue financiado por el Banco de Exportación-Importación de EE.UU. (EXIM Bank), Google, General Motor, Boeing, General Electric, Western Digital, Corning Inc., Mercuria Energy Group, Hartree Partners, Traxys North America, entre otras.

El broche lo pone el RIGI.

Y estas concesiones se completa con los privilegios que otorga el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones). El Artículo 5 del Acuerdo dice “”Las Partes se comprometen a utilizar los marcos legales vigentes que promuevan la estabilidad fiscal, la libertad de flujo de capitales y la eliminación de barreras arancelarias para asegurar la viabilidad de los proyectos de minerales críticos.” En la Argentina de Milei el único “marco legal vigente” que ofrece exactamente esos tres beneficios, estabilidad, flujo de capitales y arancel cero es el RIGI.

Batería de Iones de Litio

Así es que mientras el Acuerdo de Minerales Críticos nos subordina geopolíticamente, cerrándoles la puerta a los competidores de los Estados Unidos a nuestro país, especialmente China, el RIGI le quita al Estado las herramientas para obtener un beneficio real de esa entrega. Bajo este régimen, las multinacionales estadounidenses no solo se llevan el litio y el cobre y otros minerales críticos; se llevan también los dólares, ya que a partir del tercer año no están obligadas a liquidar un solo centavo en el país. Aunque el Artículo 124 de la Constitución Nacional diga que las provincias tienen el dominio originario de los recursos naturales, el RIGI y el Acuerdo con Estados Unidos las han sacrificado desde el punto de vista productivo y fiscal:  las empresas importan su propia tecnología con arancel cero, exportan el mineral sin retenciones y, en caso de litigio, nos arrastran a tribunales extranjeros. Es el colonialismo del siglo XXI, blindado por ley y financiado con nuestros propios recursos naturales.

El panorama no podría ser más desolador. Se trata en definitiva de un modelo que asegura el suministro de minerales críticos a empresas estadounidenses, a costa de convertir a nuestros territorios en simples enclaves extractivistas, mientras la actividad industrial, las economías regionales y el empleo productivo se hunden inexorablemente.

Jorge Poblette
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