Foto: Canciller Pablo Quirno en la Conferencia sobre Seguridad en Munich.
Mientras la Conferencia de Seguridad de Múnich advierte que el orden global esta “Bajo Destrucción” por el vandalismo político de Donald Trump, el gobierno de Milei se alza entre los escombros para proclamar su más cruda dependencia. El reciente Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíproca, presentado en esta Cumbre de Seguridad, es la prueba de este sometimiento.
Por Jorge Poblette
El pasado 13 de febrero de 2026, el gobierno de Javier Milei dio un paso decisivo hacia la consolidación de un modelo de dependencia estratégica. En el marco de la Conferencia de Seguridad de Múnich, que este año se inauguró bajo el amenazante lema Under Destruction (Bajo Destrucción), el Canciller Pablo Quirno y el Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, mantuvieron una reunión bilateral para operativizar las últimas condiciones impuestas por Washington sobre nuestro país.

El encuentro sirvió para presentar ante la comunidad internacional el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproca. Este tratado no solo concede privilegios exorbitantes a las multinacionales norteamericanas sobre recursos naturales e información estratégica sobre estos activos, sino que, como señaláramos en este Portal, desmantela la capacidad regulatoria y de control del Estado argentino en sectores que van desde los minerales críticos hasta la biotecnología.
Paradójicamente este Tratado suscripto por Argentina con Estados Unidos se da en un contexto donde «la destrucción generalizada… está a la orden del día», como se afirma en un pasaje del documento de esta Cumbre de Seguridad. Resulta patético que mientras el sistema internacional basado en normas se pulveriza bajo la política de “bola de demolición” de Donald Trump, Argentina haya optado por seguir alentando este “imperialismo por invitación” en lugar de aprovechar los márgenes de autonomía que ofrece este desorden global. El gobierno de Milei no solo da la bienvenida a la injerencia estadounidense, sino que la solicita activamente, como ha señalado con sólidos fundamentos teóricos Luciano Anzelini.
Al hablar sobre Argentina, la retórica de Marco Rubio en Múnich alcanzó niveles cinismo poco frecuentes, al calificar este alineamiento como un ejercicio de “coraje político” y “decisiones soberanas”. En una pirueta conceptual que haría sonrojar a cualquier cientista político, el Secretario de Estado elogió al gobierno de Milei como el “aliado moderno” por excelencia: aquel que, en nombre de la “autonomía estratégica”, decide voluntariamente resignar sus propios intereses para cederlos a “Occidente”. En la jerga rústica de Rubio, la soberanía ya no es la capacidad de un Estado para autodeterminarse, sino el “coraje” de aceptar un tutelaje extranjero sin necesidad de “presiones externas”. Es el broche de oro del imperialismo por invitación, donde Argentina no solo entrega sus recursos y sus datos sensibles, sino que agradece que Trump se lo reconozca.

Bajo este nuevo lenguaje de la “motosierra”, la entrega del patrimonio nacional se disfraza de “responsabilidad estratégica” y el desmantelamiento del control estatal se festeja como “seguridad jurídica”. Tal vez, en este sistema internacional Bajo Destrucción, también se hayan reescrito los consejos que Maquiavelo daba al Lorenza de Medici, el Magnífico, lo que ha llevado a Milei a confundir astucia con entrega y virtud con obediencia. Mientras Rubio se retira del emblemático Hotel Bayerischer Hofn de Munich, habiendo asegurado un suministro de minerales críticos para su país y sus empresas, Argentina se queda con el consuelo de haber sido elogiado por sus concesiones más una pobre lista de promesas, confirmando que en este mundo “Bajo Destrucción”, los países que más festejan su propia subordinación son los primeros que serán sacrificados en el altar de los intereses de las grandes potencias.
