El ambicioso pacto AUKUS, que originalmente estipulaba que Australia compraría hasta cinco submarinos a propulsión nuclear Clase Virginia a Estados Unidos a partir de 2032, se encuentra al borde del colapso tras un informe conocido ayer del Servicio de Investigación del Congreso estadounidense. El documento propone dar marcha atrás con la venta y, en su lugar, mantener los buques bajo el control de Washington, citando la negativa de Canberra a garantizar su apoyo en un conflicto por Taiwán. Como argumento central para retacear la tecnología, el informe esgrime una supuesta vulnerabilidad en la ciberseguridad australiana frente a “hackers chinos”, alegando que compartir secretos nucleares con su aliado aumentaría el riesgo de filtraciones.
Esta excusa de la “fragilidad cibernética” se suma a una crisis de producción real en los astilleros de Estados Unidos, que apenas logran construir la mitad de los submarinos necesarios para su propia flota. Mientras Australia se queda sin esta tecnología, la situación argentina presenta un contraste peligroso: bajo la gestión Milei-Petri, el país no solo ha abierto su infraestructura digital, mediante un acuerdo, a asesores de Estados Unidos, sino que también avanzó en la firma del “Memorándum de Entendimiento en Ciberseguridad y Crimen Organizado” que fue firmado por Patricia Bullrich con funcionarios de Inteligencia del Reino Unido.
El mensaje para Argentina que dejan las noticias de hoy es claro: mientras las potencias usan la ciberseguridad como pretexto para no cumplir sus compromisos con sus socios, nuestro país entrega voluntariamente sus redes cibernéticas al quienes ocupan las Islas Malvinas.
