El cacao, el ingrediente esencial del chocolate, es una de las mayores y vergonzosas paradojas del sistema alimentario global. Ubicadas en Estados Unidos y Europa, las grandes marcas se alzan con millonarias utilidades mientras Costas de Marfil y Ghana solo cosecha pobreza, explotación infantil y destrucción ambiental. Esta forma de esclavitud moderna que afecta al Sur Global exige actuar ahora.
Por Jorge Poblette
“Hace cuatro años, el periodista Richard Swift llegó a los campos del oeste de Ghana, donde se produce cacao barato para Suiza. En la mochila, el periodista llevaba unas barras de chocolate. Los cultivadores de cacao nunca habían probado el chocolate. Les encantó.” Esta anécdota que relata Eduardo Galeano describe a la perfección lo que sucede entre las grandes multinacionales fabricantes de chocolate y los países de África Occidental, Costa de Marfil y Ghana, que producen alrededor del 60% del cacao mundial.
El cacao, el ingrediente esencial del chocolate y otros productos de confitería, es una de las mayores y más vergonzosas paradojas del comercio global. Mientras las grandes marcas de chocolate ubicadas en su gran mayoría en Europa y los Estados Unidos cosechan utilidades que se computan en miles de millones, el cultivo de esta materia prima en el Sur Global, en especial en África, oculta una amarga realidad. El comercio del cacao es solo un ejemplo que perpetúa un sistema de injusticia, tanto económica como ambiental, donde las corporaciones multinacionales se quedan con la inmensa mayoría de las ganancias dejando a las familias productoras en la pobreza, a pesar de los programas de “sostenibilidad” de las multinacionales, que son paliativos que priorizan, más que el bienestar de quienes cultivan esta materia prima, la reputación de la marca y la ganancia de los accionistas.

Esta apropiación de riqueza y cultura por parte de las potencias occidentales no es nueva. La explotación actual del cacao en África Occidental es un patrón que se remonta a los orígenes mismos del chocolate. Cuando los conquistadores españoles llegaron a América de donde el cacao es originario, se percataron que para los aztecas y mayas el xocolatl no era una golosina, sino una bebida ceremonial y una un artículo de intercambio de alto valor cultural. Los españoles se apropiaron del cacao, lo despojaron de su significado ancestral, lo endulzaron para el paladar europeo y lo transformaron en un producto de lujo y especulación económica. Al igual que hoy, Occidente se enriqueció con este nuevo producto exótico, negando y ocultando su origen cultural y el trabajo de los pueblos originarios que lo cultivaron. La injusticia, por lo tanto, no es algo nuevo, sino la regla fundacional de cómo el capitalismo occidental extrae la riqueza del Sur Global, en particular su materia prima.
El dulce botín del Norte Global. Empresas ricas y clientes satisfechos
Los países de Europa Occidental y Estados Unidos son los principales destinos del cacao en grano africano, donde se concentra la mayor parte del procesamiento, manufactura y consumo final. La industria mueve actualmente US$ 114.500 millones a nivel global, y se espera que alcance los US$ 145.300 millones en 2030. Este valor de cientos de miles de millones de dólares contrasta con los ingresos que perciben los agricultores principalmente de Costa de Marfil y Ghana, que producen el 60% la materia prima esencial, y solo reciben una fracción mínima de alrededor del 7% de esa riqueza.
Estados Unidos es un mercado de $28.450 millones de dólares al año solo para ese producto, esperando para el 2030 se incremente a 36.790 millones de dólares. La última estimación sobre consumo anual fue de 1.2 millones de kilogramo de chocolate. Lo sigue Europa Occidental, el principal mercado de cacao donde se consume y procesa la mayor cantidad de este producto. Se calcula que el tamaño del mercado europeo en el 2025 es de 49.280 millones de dólares, procesando un 35% de cacao del mundo y comercializando el 45% del consumo mundial. Si se mide el consumo per cápita anual un suizo consume 10 kilos promedio de chocolate, luego lo sigue Estonia con 9 kg; Alemania con 8,1 kg; Suecia con 7,3 kg; Bulgaria con 7,2 kg; Irlanda con 7 kg; Reino Unido con 6,6 kg; Austria con 6,2 kg; Finlandia con 6 kg y Polonia con 5,7 kg por persona. Así, los países con alto poder adquisitivo y sus consumidores no solo acaparan las ganancias de la comercialización, sino que son quienes más disfrutan del producto terminado.
Entre las empresas lideres a nivel mundial en el mercado del chocolate se destaca Nestlé con una facturación anual de 102,59 mil millones de dólares de los cuales 9.000 corresponden al chocolate y que comercializa KitKat y Aero entre las más conocidas. La siguen Mars Incorporated con ingresos anuales USD 45.000 mil millones, de los cuales unos 20.000 millones corresponden a la venta de chocolates. Luego encontramos a Mondelez Reino Unido con facturaciones anuales de 36.016 millones de dólares, correspondiendo un 11.500 millón a chocolates y que tiene como marcas icónicas a Cadbury, Toblerone y Milka. Detrás viene el gigante italiano Ferrero con ingresos que rondan 17 mil millones de dólares, con unos 11.500 proveniente de la chocolatería en especial Nutella, Ferrero Rocher, Kínder Chocolate y Kínder Bueno. Le sigue la norteamericana The Hershey Company con ingresos declarados de 11.165 millones de dólares con unos 9.500 millones provienen de las remesas de chocolate. Detrás se encuentra la japonesa Meiji Holdings Co. Ltd., que suma ingresos anuales por 7.720 millones de dólares con 1.4000 millones provenientes de la venta de chocolate. Luego se ubica la argentina Arcor con una facturación de 3.300 millones anuales. La nómina se completa con las norteamericanas Chocolate Ghirardelli y Chocolate Alucinante.

El precio inicial del cacao se establece en los principales mercados de futuros de Londres y Nueva York donde la especulación y el oligopsonio entre las grandes multinacionales es la regla. Esto deriva en que las grandes corporaciones del Norte Global ejercen un control, al manejar la demanda, desproporcionado sobre el valor final que perciben los agricultores. Es el libre juego de la oferta y la demanda argumentan los poderosos cuando hablan de un modelo que enriquece aún más a los ricos y se empobrece aún más a los más pobres al forzar los precios del cacao a la baja.
El amargo precio del cacao. Pobreza extrema y esclavitud infantil.
Costa de Marfil es un ex protectorado francés que está ubicado sobre el Golfo de Guinea en al Atlántico Sudoccidental. Es el principal productor de cacao a nivel mundial representando el 40% del mercado, con un promedio de 2 millones de toneladas métricas anuales. Sin embargo, mientras los esclavos de la abundancia vociferan las virtudes del libre mercado, la realidad de los marfileños es muy diferente. Con un casi 40% de la población por debajo de la línea de pobreza, el país enfrenta graves problemas de derechos humanos, como el trabajo infantil y el trabajo forzoso. Los productores de cacao ganan tan solo 0,78 dólares estadounidenses al día, muy por debajo del umbral de pobreza extrema de 1,90 dólares al día establecido por el Banco Mundial. La producción de cacao representa el 20% del PBI de ese país y el 40% de sus exportaciones. El llamado “oro marrón” provee de trabajo a uno de cada cuatro marfileños. Este producto es de vital importancia para la economía local que sostiene alrededor de 920.000 pequeños productores que apenas sobreviven en esas brutales condiciones.
Pero sin dudas lo más alarmantes son los “esclavos del cacao”, unos 2.100.000 niños que “son vendidos como esclavos por sus familias, traficados desde países relativamente más pobres como la vecina Burkina Faso o Malí, o secuestrados. Muchas veces, estos niños y sus familias son engañados por los traficantes, quienes les prometen maravillosas oportunidades laborales en la supuestamente próspera Costa de Marfil. Muchos niños esclavizados jamás vuelven a ver a sus familias.” La mayoría de estos niños que trabajan en las plantaciones tienen entre 12 y 16 años, pero se han encontrado casos de niños de hasta 5 años de edad en condiciones de explotación laboral. Además, el 40% son niñas, y algunas de ellas acabarán trabajando en las plantaciones de cacao hasta la edad adulta La manipulación de productos químicos como el glisfosato, de efectos cancerígenos, el uso de herramientas de acero afiladas como tijeras y machetes, el transporte manual de cargas pesadas, las infecciones y otras enfermedades hace que el trabajo en las plantaciones de cacao para los niños sea extremadamente peligroso y perjudicial para su salud física y desarrollo. La mayoría de los niños trabajadores se ven obligados a abandonar la escuela por completo o nunca llegan a asistir para poder trabajar y ayudar a sus familias lo que reproduce el ciclo de la pobreza. Las mujeres representan hasta el 68% de la fuerza laboral en los campos de cacao, no son propietarias de la tierra se le niega el acceso al crédito o capacitaciones técnicas lo que resulta en ingresos muy por debajo de la media y una profunda desigualdad de género que afecta el bienestar familiar.

Ghana es también un país de África Occidental y es el segundo productor mundial de cacao con un aporte que ronda el 20% anual con unos máximos de alrededor de 1.2 millones de toneladas métricas en los últimos años. Si bien Ghana tiene un sistema de comercialización más regulado enfrenta problemas similares a los de su vecino e Costa de Marfil, profundizados por la minería ilegal y el cambio climático. Recibe menos de menos de USD 2.000 mil millones en una economía con ronda los USD 80.547mil millones. Se ha documentado la venta de niños y niñas por traficantes por sumas irrisorias de dinero para ser utilizados como mano de obra esclava en las plantaciones de ese pais.
Las consecuencias ambientales de este modelo son catastróficas. La expansión de las plantaciones de cacao, impulsada por la creciente demanda global y la búsqueda de nuevos suelos fértiles, ha sido el principal motor de la deforestación en Costa de Marfil y Ghana. Se estima que Costa de Marfil ha perdido cerca del 94% de su bosque que se convirtieron en campos de cacao, y Ghana un 80%. Esta deforestación no solo destruye el hábitat de especies endémicas como chimpancés y elefantes y otras especies y reduce la biodiversidad, sino que tiene efectos directos en el clima local y global. Además, esta situación aumenta la desertización y las sequias. La crisis del cacao se convierte en un tema crítico para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que tiene lugar ahora en Belém, Brasil. Es evidente que este nivel de destrucción ambiental en Costa de Marfil y Ghana por un producto consumido en países ricos, plantea un claro caso de injusticia climática. Es responsabilidad de las empresas que obtienen miles de millones de dólares en ganancias financiar la reforestación y ayuda a diversificar los ingresos de los agricultores, para que no dependan de la tala ilegal para sobrevivir.
Si bien la Unión Europea ha aprobado la Ley de Productos Libres de Deforestación y las empresas chocolateras han impulsado iniciativas como el Plan Cacao de Nestlé o el trabajo que realiza la ONG de empresas chocolateras de la Fundación Mundial del Cacao o la Organización Internacional del Cacao (ICCO), una organización intergubernamental establecida bajo los auspicios de las Naciones Unidas que buscan combatir los riesgos del trabajo infantil incentivando y apoyando el cambio en los hogares productores de cacao y ayudándolos a alcanzar un ingreso digno y otras empresas impulsan ayudas similares, es urgente avanzar con respuestas estructurales. Una de ellas es la Iniciativa Cacao Costa de Marfil-Ghana que es un recargo de 400 dólares por tonelada métrica de cacao que se añade al precio del grano. También se debe incrementar la capacidad de molienda, refinación y fabricación de productos semielaborados e incluso chocolate terminado en Costa de Marfil y Ghana. Es importante fortalecer a las organizaciones de los agricultores en grandes cooperativas que puedan negociar volúmenes importantes y precios directamente con los compradores internacionales, como la Junta de Cacao de Ghana que tiene el monopolio de la exportación de todo el cacao del país.
La expectativa es que la anécdota de Galeano que encabeza esta columna, no se repita. La esperanza es que, más temprano que tarde, esos mismos agricultores y sus hijos no solo prueben la barra de chocolate, sino que la produzcan, procesen y vendan ellos mismos, habiendo recuperado el control total sobre el destino de su “oro marrón” y asegurando un futuro digno para su comunidad.
