Analistas y académicos estadounidenses han consagrado la denominación “Donroe Doctrine” -un neologismo formado por la fusión de Donald y Monroe- para caracterizar lo que el propio gobierno norteamericano ha denominado recientemente como Corolario Trump de la Doctrina Monroe, una reformulación más brutal y descarnada del imperialismo en nuestra región. Es tiempo de desempolvar las doctrinas criollas y de usarlas como antídoto contra el injerencismo.
Por Guillermo Carmona
América Latina y el Caribe (ALC) se encuentran amenazadas y bajo ataque. Además de ejecutar actos contra la soberanía y la integridad territorial, y de intervenir en asuntos internos en países de la región, el gobierno de Donald Trump ha ratificado la aplicación la doctrina Monroe, de claro corte imperialista e injerencista en América Latina y Caribe. Se trata de la doctrina que, con sus sucesivos corolarios Hayes de 1880, Roosevelt de 1904 y Trump de 2025, ha hecho cada vez más expansivos los objetivos de la injerencia y más brutales sus métodos de ejecución.
El corolario Trump viene acompañado de la habilitación explícita y sistemática de la violación del derecho internacional, del uso indiscriminado de la fuerza y la injerencia en los asuntos internos. No se trata de una doctrina para ser aplicada en algún momento desconocido de un futuro incierto, sino de doctrina diseñada al ritmo de la ejecución de las acciones ilegales en curso contra los países de nuestra región y contra la región misma en tanto zona de paz.
El bombardeo de lanchas en el Caribe frente a las costas de Venezuela y Colombia, y en el Pacífico frente a las costas colombianas, y las amenazas de invasión contra esos países hermanos constituyen los hechos más graves y preocupantes de intervención militar de una potencia extrarregional en muchas décadas.
El acto de piratería contra un buque petrolero ocurrido ayer agrega dramatismo y alevosía al accionar imperialista estadounidense.
La amenaza y el injerencismo no solo es militar. Los golpes arancelarios de Trump en la región, su abierta intromisión en los procesos electorales de Argentina y Honduras, la intervención por invitación en Argentina, Paraguay y Ecuador son algunos de los ejemplos de los renovados objetivos y métodos del corolario trumpiano que se encuentra en plena ejecución.A todo esto se suma el asedio y la persecución del gobierno estadounidense contra hermanos/as migrantes latinoamericanos y caribeños, sometidos al desprecio por su origen regional, a la violación sistemática de sus derechos por su color de piel y su idioma, y a las redadas del ICE en operativos ejecutados a cara cubierta por la inquisición migratoria del siglo XXI.
La peligrosidad de la escalada militarista es denunciada incluso por congresistas estadounidenses que advierten que su país está siendo involucrado en una guerra sin la correspondiente intervención del Congreso y con consecuencias impredecibles.
En cambio, las voces latinoamericanas, nuestras voces, aparecen débiles y fragmentadas frente a hechos de una gravedad inusitada. Nos “corren con la vaina” del ya conocido recurso de la estigmatización ideológica, que apunta a asociar la defensa de nuestra región y de los países que la componen con la adscripción a determinados proyectos políticos nacionales. Es tiempo de terminar con el temor a que nos digan que somos tal o cual cosa por defender las convicciones fundadas en la política exterior argentina de Calvo, Drago y Perón.
De la Doctrina “Donroe” al corolario Trump
Analistas y académicos estadounidenses han apelado al neologismo “Donroe” -surgido de la fusión de Donald y Monroe- para caracterizar lo que el propio gobierno norteamericano ha denominado recientemente como Corolario Trump de la Doctrina Monroe, una reformulación más brutal y descarnada del imperialismo en nuestra región.
Ese neologismo, utilizado antes en América Latina que en Estados Unidos, llegó a The New York Times en enero pasado y fue utilizado nuevamente el 18 de noviembre de 2025 en el artículo “Trump y la ‘doctrina Donroe’”, escrito por Katrim Benhold. Allí se describe un giro significativo en la política exterior del segundo mandato del presidente Donald Trump, quien prioriza de forma más agresiva el hemisferio occidental como esfera de influencia exclusiva de Estados Unidos.
Se trata de un pivote hacia el hemisferio occidental, señala la nota. Esta postura, analizada como una versión moderna de la Doctrina Monroe, se ha materializado, según el artículo, en acciones como el despliegue del portaaviones USS Gerald R. Ford cerca de Venezuela y medidas económicas hacia Brasil y Argentina.
El artículo contiene una expresiva cita de un viejo conocido en ALC, Mauricio Clavero-Carone, quien considera que Trump “Cree que este es el vecindario en el que vivimos”, y agrega que “No puedes ser la potencia global preeminente si no eres la potencia regional preeminente.” Poco importa en tales análisis si los países de la región están dispuestos a aceptarlo.
Ese enfoque sugiere una visión del mundo dividida en esferas de influencia dominadas por grandes potencias, donde América Latina y el Caribe son considerados el dominio natural de Estados Unidos. El artículo concluye que la administración Trump está marcando un cambio claro hacia un mayor intervencionismo económico y militar en la región, alejándose de políticas anteriores y reafirmando el control en lo que tradicionalmente ha llamado su “patio trasero”.
Tal impronta quedó claramente reflejada en el mensaje presidencial publicado el 2 de diciembre por la Casa Blanca en conmemoración del 202° aniversario de la Doctrina Monroe, reafirmándola como un principio fundamental de soberanía y liderazgo estadounidense en el hemisferio occidental.
Allí fue anunciada una nueva interpretación llamada “Corolario Trump”, que subraya el compromiso de que el pueblo estadounidense, y no naciones extranjeras o instituciones globalistas, controle su propio destino, persiguiendo una política de “América primero” y paz mediante la fortaleza.
La administración actual enumera una serie de acciones para aplicar esta doctrina, que incluyen restaurar el acceso privilegiado de EE.UU. al Canal de Panamá, reafirmar la dominancia marítima, combatir el flujo de drogas y la inmigración ilegal en la frontera sur, y desmantelar redes narco-terroristas. También menciona acuerdos comerciales históricos con países como El Salvador y Argentina. El mensaje concluye renovando el juramento de priorizar siempre la soberanía, seguridad y seguridad nacional de Estados Unidos. La Estrategia de Seguridad Nacional, difundida casi en simultáneo con la conmemoración de la Doctrina Monroe, expresa ampliamente la orientación imperialista y neocolonialista de la política estadounidense en esta etapa.
Desempolvando el arsenal doctrinario argentino y latinoamericano
América Latina ahora o nunca no fue una mera consigna o un título de ocasión para un libro. Ha sido y es el camino señalado por Perón para enfrentar al imperialismo y el colonialismo divisivos, la opción de construcción de un futuro regional compartido y el paso necesario para avanzar de la fase continental a un universalismo inspirado en valores justicialistas. La formulación de Perón es en un todo compatible y coherente con los aportes de las doctrinas Calvo y Drago, reconocidas internacionalmente por sus contribuciones a la soberanía de los Estados y a la definición de los alcances del principio de no intervención en asuntos internos. Y va más allá aún, por sus vínculos sustanciales con los ideales de San Martín y Bolívar.
La indiferencia, el silencio y la distracción sobre estos graves hechos implican la renuncia al legado integracionista de San Martín, Bolívar, Artigas y Perón. Es tiempo de pronunciarse.
América Latina es ahora o nunca
