Imágen GNL Greater Tortue Ahmeyim (Foto: Offshore Energy)
Mientras la guerra en Oriente Medio pone en jaque el 25% del suministro mundial de hidrocarburos, las costas del Atlántico africano aparecen como nuevas protagonistas en la escena energética global. Del potencial de “geología espejo” en Namibia al polo petroquímico de Nigeria, el continente africano acelera sus proyectos para ayudar a traer estabilidad a un perturbado mercado petrolero.
Por Jorge Poblette
El mapa del poder petrolero global ha sufrido una alteración que podría marcar el inicio de una crisis energética de grandes proporciones. El conflicto bélico en Medio Oriente, que enfrenta a la coalición de Estados Unidos e Israel contra Irán, ha disparado una oleada de ataques contra buques comerciales en el Estrecho de Ormuz y el Golfo Pérsico. Más allá de la escalada militar, el impacto económico ya comienza a presentarse. Por esta vía circula el 25% del comercio marítimo mundial de crudo, unos 20 millones de barriles diarios, y una porción muy importante del mercado global de GNL.
A pesar de que África es actualmente un importador neto de productos petrolíferos, lo que significa que su economía interna está altamente expuesta a crisis de precios como la actual, existen proyectos de gran escala en marcha que buscan revertir esta dependencia y, al mismo tiempo, minimizar el impacto del desabastecimiento global. Este nuevo mapa de producción africana se distribuye en puntos estratégicos que hoy atraen la atención de los mercados:
Namibia y la geología de la Cuenca de Orange
En el África Austral, Namibia se ha consolidado como el principal foco de inversión en aguas ultra profundas. Las compañías petroleras han acudido a ese país, tras una serie de descubrimientos de altamente prometedores en los yacimientos Venus y Mopane. Los expertos proyectan que, gracias a una geología que funciona como un espejo directo con el Presal brasileño, Namibia podría convertirse en uno de los quince principales productores de petróleo del mundo en la próxima década. Ante la inestabilidad en el Golfo Pérsico, Shell y TotalEnergies han acelerado sus perforaciones, posicionando a la Cuenca de Orange como un nicho estratégico de inversión.

Costa de Marfil y la consolidación del Golfo de Guinea.
En el Golfo de Guinea, la empresa italiana ENI confirmó recientemente el hallazgo del yacimiento Calao South, con reservas estimadas en 1.400 millones de barriles. Este descubrimiento no es un hecho aislado, sino que se suma al monumental yacimiento Baleine, hallado por la misma operadora en 2021. Considerado el mayor de la zona, Baleine cuenta con estimaciones de entre 1.500 y 2.000 millones de barriles de crudo y un alto potencial de gas natural. En conjunto, ambos activos transforman a Costa de Marfil en un jugador de primer orden y un productor emergente clave en África Occidental, capaz de suministrar hidrocarburos directamente hacia los mercados atlánticos, evitando las rutas en conflicto en Oriente Medio.

Senegal y Mauritania: Una potencia gasífera en ascenso
En la frontera marítima entre ambas naciones, el complejo gasístico Great Tortue Ahmeyim (GTA) ha alcanzado un 95% de operatividad, posicionando a Mauritania, un país de apenas 5 millones de habitantes, pero con un territorio que duplica al de España, como una futura potencia energética mundial. El yacimiento contiene aproximadamente 15 billones de pies cúbicos de gas y ha requerido una inversión de 4.200 millones de euros para construir una masiva plataforma de procesamiento en medio del océano. Se prevé que GTA produzca hasta 10 millones de toneladas de GNL al año durante las próximas tres décadas. En esta primera fase, la producción de 2,4 millones de toneladas anuales ofrece una ruta de suministro despejada y segura hacia los mercados del hemisferio norte, evitando los riesgos logísticos del Mar Rojo y el Canal de Suez. Bajo el liderazgo del presidente Mohammed Ould Cheikh El Ghazouani, Mauritania no solo apuesta al gas, sino que implementa reformas regulatorias para liderar también en hidrógeno verde, consolidando al Atlántico Occidental como un espacio de innovación y sostenibilidad
Uganda y el oleoducto EACOP
En el interior del continente africano, el proyecto petrolero del Lago Alberto, una inversión conjunta de 15.000 millones de dólares encabezada por la francesa TotalEnergies y la china CNOOC, entra en su fase decisiva. Tras casi dos décadas de retrasos, Uganda ha fijado la segunda mitad de 2026 para el inicio formal de la producción en sus yacimientos de Tilenga y Kingfisher. El motor de esta operación es el Oleoducto de Crudo de África Oriental (EACOP), una obra de 1.443 kilómetros que conectará el oeste de Uganda con el puerto de Tanga, en Tanzania. Con tres cuartas partes ya construidas y una inversión que supera los 5.000 millones de dólares, el EACOP se convertirá en el oleoducto de crudo calentado eléctricamente más largo del mundo, aportando un flujo de suministro vital para ampliar una oferta internacional hoy ahogada por la crisis en el Golfo Pérsico.

Nigeria y la puesta a pleno de la Refinería Dangote
Nigeria ha hecho avances significativos en la Refinería Dangote, proyectando una expansión masiva de los 1,4 millones de barriles por día. Para acelerar este crecimiento, el Grupo Dangote acaba de firmar un acuerdo de 400 millones de dólares con el gigante chino XCMG para la adquisición de maquinaria pesada. Este plan de expansión no solo asegura el combustible: posicionará al conglomerado como el mayor productor de urea del mundo (alcanzando 9 millones de toneladas anuales) y el principal proveedor africano de materias primas petroquímicas. Con una visión estratégica orientada a 2030, el gigante nigeriano busca abastecer el mercado regional frente a la volatilidad externa y transformar al Golfo de Guinea en un centro de exportación petroquímica que compita directamente con los centros tradicionales de Oriente Medio.
Este nuevo protagonismo del África petrolero revela que lejos de ser una mera oportunidad frente a una coyuntura por la crisis de Irak, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, todos ellos blanco de las represalias iraníes, este continente está asumiendo un rol mucho más protagónico. Además de fortalecer su mercado interno, como el caso petroquímico de Nigeria, con una infraestructura de exportación de vanguardia hacia el Atlántico, el continente ofrece una alternativa de suministro seguro y en crecimiento. En definitiva, la crisis actual ha puesto de manifiesto que la soberanía energética del futuro se está escribiendo en las costas del Atlántico Sur, consolidando a África como un actor indispensable para mantener funcionando el motor de la economía mundial.
