No es lo mismo entrar a un museo que atravesar la guardia de un cuartel. La diferencia no es solo arquitectónica o protocolar; es política.
Por Guillermo Díaz *
La decisión del Poder Ejecutivo Nacional de retirar el sable corvo de José de San Martín del Museo Histórico Nacional (MHN) para trasladarlo a la custodia exclusiva del Regimiento de Granaderos a Caballo no es un mero trámite administrativo o una formalidad protocolar, esta movida, disfrazada de “reparación histórica”, huele más a un capricho político que a una verdadera política de conservación. No traslada simplemente un objeto de acero y ébano. Desplaza un pedazo de nuestra identidad hacia un rincón de acceso restringido.
En el marco de lo que el Gobierno ha denominado el “Año de la Grandeza Argentina”, este desplazamiento forzado de una de nuestras principales reliquias históricas representa una preocupante subordinación del patrimonio civil a una lógica castrense y una afrenta a la voluntad de quienes legaron este objeto a la custodia del pueblo argentino.
La voz de los historiadores
La Asociación Argentina de Investigadores en Historia (AsAIH) no anduvo con vueltas. En un comunicado tajante, calificó la medida como un “grave antecedente en materia de protección del patrimonio histórico”. Para la comunidad académica, el decreto presidencial ignora décadas de profesionalismo museológico al suplantar criterios científicos por decisiones discrecionales.
Beatriz Bragoni, presidenta de la AsAIH y destacada historiadora, fue más directa aún: esta decisión reactualiza un “nacionalismo militar” que se creía superado. No exagera. La figura de San Martín ha sido siempre objeto de disputas por el sentido, pero la historiografía civil lo presenta como el libertador que renunció al poder. La visión que impulsa este traslado busca re-militarizar ese legado, reduciéndolo a la imagen de un jefe de cuerpo armado. San Martín era mucho más que eso.
Lo que indigna, en el fondo, es la forma en que el Gobierno subordina criterios museológicos a decisiones políticas. Es como si un cirujano decidiera operar en un hangar porque le gusta la luz, ignorando los protocolos de esterilidad. El MHN ha desarrollado sistemas de seguridad y control climático de vanguardia, incluyendo protección triple y regulación ambiental estricta. Un regimiento difícilmente pueda igualar esas condiciones, por más buena voluntad que ponga.
Al desplazar la pieza desde un ámbito de educación pública y acceso universal hacia un recinto militar restringido, se erosiona la autonomía de las instituciones culturales. El patrimonio nacional no debe ser tratado como propiedad privada del Poder Ejecutivo, sino como un bien soberano que el Estado debe garantizar bajo estándares de transparencia y accesibilidad.
Cómo llegó el sable al museo: una historia de voluntades
Para entender la gravedad del traslado, hace falta revisar la cadena de hechos que llevó al sable al Museo Histórico Nacional. No llegó por azar. En su testamento de 1844, San Martín legó el arma a Juan Manuel de Rosas en reconocimiento a su defensa de la soberanía nacional. La pieza permaneció en poder de la familia durante décadas, hasta que en 1896 Adolfo Carranza, fundador del MHN, inició gestiones para que la familia la donara a la nación.
Manuela Rosas accedió, pero fue muy clarita: quería que el sable estuviera en el Museo Histórico Nacional. No lo mandó a un cuartel. Su deseo se formalizó en 1897 mediante un decreto del presidente José Evaristo Uriburu.
En 1967, el dictador Juan Carlos Onganía dictó el Decreto 1256, que trasladó la custodia al Regimiento de Granaderos “por razones de seguridad”. La pieza permaneció allí durante 48 años. La restitución al MHN en 2015 fue vista, con razón, como una recuperación del sentido de memoria colectiva. Volver a repetir la misma maniobra, casi seis décadas después, es como cerrar un círculo que nadie debería querer completar.
Al ignorar la voluntad original de los donantes, el Estado argentino abre la puerta a reclamos judiciales de los herederos que podrían poner en riesgo la propiedad misma de la pieza, por haber incumplido el “cargo” de la donación.
Entre el “cotillón” y la desmemoria: El espectáculo de San Lorenzo
Uno de los aspectos más alarmantes del traslado es la forma en que se ha planificado la entrega. La confirmación de que el acto se realizará el 7 de febrero en el Campo de la Gloria en San Lorenzo, bajo la modalidad de una “teatralización”, generó una alarma inmediata. Inicialmente, trascendió que la pieza original se utilizaría como accesorio escenográfico para recrear el combate. Una irresponsabilidad técnica total.

El acero de Damasco con el que está fabricado el sable es hipersensible a los cambios de humedad y temperatura que se producen fuera de las vitrinas de control climático. El estándar internacional para desfiles y ceremonias al aire libre es usar réplicas. Sin embargo, la insistencia del Gobierno en movilizar el original sugiere que la prioridad está en el impacto visual, no en la integridad física de la pieza.
Por encima de todo, hay una imprecisión histórica que raya lo absurdo: los historiadores coinciden en que San Martín ni siquiera usó ese sable en la Batalla de San Lorenzo. Forzar ese vínculo para justificar un traslado oficial solo evidencia que la historia está siendo utilizada como herramienta de espectáculo político, despojándola de su rigor y de su función pedagógica.
El precio de no callar
El traslado del sable no es un hecho aislado. Se inscribe en una política más amplia de desplazamiento de cuadros técnicos en el área de cultura. El despido de Gabriel Di Meglio de la dirección del MHN en junio de 2025 es, en ese sentido, demasiado elocuente. Di Meglio gozaba de un amplio prestigio por haber revivido el museo con muestras innovadoras y una gestión abierta a la comunidad. Él mismo reconoció que su oposición a este traslado le costó el puesto.
Cuando se purgan los cuadros técnicos para poner gente que no discuta las órdenes del Ejecutivo, el patrimonio queda huérfano. Di Meglio enfatizó que el sable es el objeto más visitado del museo junto con la bandera de Macha, y que ya estaba custodiado por granaderos permanentes. El argumento de la “falta de seguridad” es, entonces, simplemente falaz.
Lo que dice la ley
La Ley 12.665, que rige a la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, es clara en este punto. Los bienes inscritos en el Registro Nacional no pueden salir de su jurisdicción ni ser alterados sin la intervención técnica del organismo competente. El traslado forzoso mediante decreto presidencial, saltándose los pasos consultivos y las recomendaciones de los expertos, constituye una violación al espíritu de una ley que existe precisamente para evitar que el patrimonio nacional sea manipulado según el antojo de los gobiernos de turno.
Conclusión: La soberanía no se teatraliza
La soberanía de una nación se manifiesta en la solidez de sus instituciones y en el respeto por su memoria compartida. La grandeza no se recupera mediante desfiles que encierran los símbolos de la libertad, sino fortaleciendo los espacios donde esa libertad se educa y se ejerce.
Al final, queda la sensación de que nos están robando la posibilidad de asombrarnos. En el museo, el sable era de todos. En el regimiento, será de ellos. Una nación que respeta su historia no necesita esconderla para que parezca más importante. Al contrario, la expone, la discute y la mantiene al alcance de cualquier estudiante que quiera sentir, aunque sea por un segundo, que ese pedazo de metal le pertenece tanto como al presidente de turno.
Exigimos la revisión inmediata de esta medida y el respeto irrestricto a la voluntad de quienes confiaron al Estado —y no a un gobierno de turno— la custodia de nuestra historia. El sable del Libertador debe permanecer donde pertenece: a la vista y al alcance de todo el pueblo argentino.
* Guillermo Díaz es politólogo especializado en relaciones civiles-militares
Bibliografía:
Asociación Argentina de Investigadores en Historia (AsAIH). Declaración sobre el traslado del sable corvo de José de San Martín. 29 de enero de 2026. Disponible en: asaih.org.ar
Bragoni, Beatriz. San Martín. Una biografía política del Libertador. Entrevistas y declaraciones sobre el traslado patrimonial, enero de 2026.
Clarín / Reinoso, Susana. “El Gobierno le quita el sable corvo de San Martín al Museo Histórico Nacional”. 28 de enero de 2026. Disponible en: clarin.com
Di Meglio, Gabriel. Declaraciones sobre su gestión y la importancia del sable en el MHN. Enero-febrero de 2026.
Infobae. “El día que Cristina Kirchner llevó el sable corvo de San Martín al Museo Histórico: ahora será enviado por Milei al Regimiento de Granaderos”. Enero de 2026. Disponible en: infobae.com
Ley 12.665 – Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos. Boletín Oficial de la República Argentina. Texto completo disponible en: infoleg.gob.ar
La Nación. “Sacan el sable corvo de San Martín del Museo Histórico Nacional y se lo dan a los Granaderos”. Enero de 2026. Disponible en: lanacion.com.ar
Página 12. “Historiadores repudiaron el traslado del sable corvo de San Martín”. 30 de enero de 2026. Disponible en: pagina12.com.ar
Presidencia de la Nación. Decreto de declaración del “Año de la Grandeza Argentina”. Enero de 2026. Disponible en: argentina.gob.ar
Revisionistas.com.ar. “El sable de San Martín: Historia y testamento”. Registro histórico de la donación de Manuela Rosas.
Wikipedia (es). “Sable corvo de San Martín”. Disponible en: es.wikipedia.org/wiki/Sable_corvo_de_San_Martín
