Estados Unidos utiliza la geopolítica financiera para obtener privilegios exorbitantes que deben ser sostenidos por el Sur Global. El sistema SWIFT, aliado al sistema bancario norteamericano, es un instrumento político utilizado para disciplinar países que no se alinean con sus intereses. Los BRICS avanzan con un proyecto que desafía esos condicionamientos.

Por Jorge Poblette

Existe una verdad irrefutable que los países del Sur Global conocen muy bien: Estados Unidos ejerce su poder mediante el uso de la fuerza bruta pero también por medio de su prepotencia económica y financiera. Con sutileza norteamericana, Washington se pavonea por el planeta desplegando su poderío militar: bombarderos, portaviones y tropas sobre el territorio forman parte de esta parafernalia. Sin embargo, hay un mecanismo de control mucho más sutil, omnipresente, incluso más destructivo que sus armas de guerra. Se trata de la geopolítica financiera, del control silencioso que ejerce Estados Unidos sobre el movimiento de capitales, del dinero a escala global, no mediante la amenaza de sus tropas imperiales sino a través de la llave de paso del dólar y el sistema SWIFT.

Para entender este verdadero arte de la guerra financiera hay que conocer cómo el dólar, la también llamada Moneda de Reserva, se convirtió en el arma de destrucción económica favorita de Occidente.

El mecanismo para asegurar la dependencia.

El sistema SWIFT, Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales, creado en la década de 1970, no es un banco ni guarda dinero. Es la columna vertebral de un sistema de mensajería, una especie de WhatsApp de la banca internacional, que permite a estas instituciones financieras comunicar instrucciones de pago a través de las fronteras. Si un banco en Argentina quiere pagar a un banco en Japón, las instrucciones como monto, moneda, remitente y receptor se procesan a través de SWIFT. Es un sistema estandarizado e integrado en la economía global.

Según Bloomberg “Unos 11.900 millones de instrucciones comerciales se enviaron a través de Swift en el 2023”.

Si bien SWIFT es en los papeles una cooperativa de propiedad de los bancos y las instituciones financieras que la integran, la influencia de Estados Unidos sobre el sistema es categórica. Esta capacidad de decisión y veto se incrementó aún más tras los ataques del 11 de septiembre del 2001 en que se estableció el Programa de Rastreo de la Financiación del Terrorismo (TFTP).

La sede de SWIFT en La Hulpe Bélgica.

Bajo este acuerdo, las autoridades estadounidenses tienen el derecho de solicitar y acceder a los datos de esta mensajería interbancaria. Para la economía de un país afectado, la exclusión del procedimiento SWIFT tiene consecuencias devastadoras: los bancos ya no pueden comunicarse con las instituciones financieras de otros países. En ese caso, los pedidos de las empresas no se pueden realizar ni aceptar, porque no se pueden pagar. Irán y Rusia han sido los más afectados por no alinearse a las políticas estadounidenses.

A pesar de esta engañosa neutralidad, el verdadero poder del sistema SWIFT reside en su interdependencia mutua con el dólar: el SWIFT solo envía la instrucción de pago, pero para que el dinero se movilice, la transacción debe ser liquidada (o compensada), y esto exige la intervención del sistema bancario estadounidense. La razón es que más del 50% de las transacciones globales de comercio y servicios se realizan en dólares estadounidenses.

Oficinas de SWIFT en La Hulpe Bélgica.

Por este motivo, la inmensa mayoría de las instituciones financieras del mundo deben mantener las llamadas Cuentas Corresponsales en esa divisa, en grandes bancos comerciales de Estados Unidos para poder operar internacionalmente, caso contrario pierde el acceso al 50% del comercio mundial.

El dinero, aunque se transfiera entre dos países que no son Estados Unidos, debe pasar inevitablemente por su sistema financiero. Es precisamente esta dependencia física de los bancos norteamericanos, para la liquidación de operaciones en esta divisa dominante, lo que le otorga a Washington la jurisdicción legal extraterritorial y capacidad de intervención sobre transacciones internacionales.

La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Tesoro de Estados Unidos es la encargada de congelar fondos o sancionar al banco corresponsal que permita el movimiento de una entidad sancionada por Estados Unidos, incluso si el banco está en otro país. Este es el control real y extraterritorial.

Como esconder las deudas y los déficits detrás del dólar

Esta demanda global y forzada del dólar para comerciar globalmente, tiene un efecto de pinza: mientras por un lado les exige a los países comprar dólares para sus operaciones internacionales, por otro obliga a esos mismos Estados a reinsertar sus excedentes en el sistema comprando deuda estadounidense (Bonos del Tesoro), financiando así el déficit de estadounidense a un costo casi ridículo. En esencia, el resto del mundo —incluidos los países del Sur Global— está prestando el dinero a Washington a un costo bajísimo para que pueda seguir sosteniendo sus políticas internas, sus aventuras militares y su extravagante “estilo de vida americano” sin sufrir las consecuencias inflacionarias o de endeudamiento que tendría cualquier otra nación.

Para el Sur Global la hipocresía es evidente y la paradoja está a la vista: mientras el gobierno norteamericano opera con el mayor déficit de la historia, exige a países como Argentina, a través del FMI y el Banco Mundial, la adhesión fanática a las reglas de la ortodoxia fiscal.

En el caso argentino, esta vehemencia se duplica ya que el presidente Milei, fanático radical de las posturas anarcocapitalistas, no solo acata entusiasta las instrucciones de los organismos internacionales, sino que las aplica con una ferviente convicción ideológica.

De esta forma, el gasto público y los déficits son demonizados con una ferocidad que Washington, gracias al poder de su divisa, se niega a aplicar sobre su propia economía.

Los BRICS, una nueva opción para los países del Sur Global

Eliminar esta dependencia que afecta directamente a la soberanía económica del Sur Global es una necesidad impostergable para no convivir con la amenaza de ser excluidos unilateralmente del comercio global. Son los BRICS los que se han propuesto romper estos tentáculos que mantienen al Sur Global atado a las necesidades de Occidente.

Esta nueva arquitectura financiera basada en la autonomía y el reconocimiento soberano de los Estados, avanza con paso firme.

El mecanismo de liquidación de los BRICS se apoya en la infraestructura financiera china, y permite a los países liquidar transacciones comerciales fuera de SWIFT.

Oficialmente los BRICS informan que “Las naciones que se unen al sistema pueden operar utilizando sus propias monedas o el yuan, prescindiendo por completo del dólar.

La escala de adopción —casi 185 países con acceso— significa que ya no es un proyecto experimental. Es una red de pagos global paralela. Es la primera alternativa creíble al SWIFT en la historia financiera moderna.” Si un país puede pagar el petróleo, la maquinaria, el trigo, los fertilizantes o los productos electrónicos en su propia moneda o en yuanes, reduce costos, reduce la dependencia y se aísla de la presión geopolítica.

Y otro dato importante que ha impulsado esta alternativa es que, cada transacción a través de SWIFT, genera información: códigos de productos básicos, tamaño de las transacciones, patrones de envío, flujos de divisas.

Estos datos, al agregarse a lo largo de los años, se convierten en información de inteligencia. Revela pronósticos agrícolas, producción industrial, relaciones comerciales y vulnerabilidades en la cadena de suministro. Esta información ha sido utilizada por los grandes bancos y corporaciones, y los gobiernos occidentales para tomar ventajas comerciales y políticas.

Los países del Sur Global ahora tienen dos opciones financieras globales y pueden elegir con quien hacerlo. Una está respaldada por occidente y la supremacía del dólar. La otra se está expandiendo rápidamente, con la presencia de 185 países dentro del sistema de los BRICS que es un dato que no se puede ignorar.

Hoy, el país que busque tranquilidad y protección para su dinero, que quiera comprar y vender sin presiones ni amenazas, que busque opciones para proteger su propia información, tiene una nueva alternativa. Tan útil es el nuevo mecanismo que hasta el propio Javier Milei, un incondicional de Washington y enemigo declarado de China, resiste las presiones de Trump para deshacerse del swap de monedas vigente entre el BCRA y el Banco Popular chino por casi USD 18.000 millones, el más grande que tiene el país asiático en el mundo en estos momentos. Son los beneficios de un mundo multipolar y de un Sur Global que se abre como la verdadera alternativa ante un sistema internacional en crisis.

Jorge Poblette
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