El Estado uruguayo enfrenta el desafío de superar la crisis que enfrenta el Puerto de Montevideo por las caídas históricas en cargas. Están juego razones económicas, políticas y estratégicas, pero también sociales. El impacto de la crisis en la Cuenca del Plata y el MERCOSUR.
Por pAS
El Puerto de Montevideo está en el centro del debate luego de que registrara, en los últimos meses, una caída histórica de hasta el 50% en la gestión de la carga de transbordo, la cual es vital para su rol de hub logístico en esa región de la costa atlántica. Esta pérdida de competitividad, que genera preocupación y debate entre gobierno y empresas, tiene múltiples causas.
La primera consecuencia de esta crisis es que se ha reavivado el debate sobre la necesidad urgente de llevar el calado de los 61 kilómetros del canal de acceso del puerto, a 14 metros de profundidad, que es lo que necesitan los modernos buques oceánicos que operan en la costa este de Sudamérica. A modo de contexto, hay que subrayar que Uruguay, luego de un largo y complejo trabajo diplomático y político, consiguió la aprobación regional para proceder a la realización de esta obra. Se debe tener presente que Uruguay comparte la gestión de las aguas del Río de la Plata y sus canales de acceso con Argentina, bajo el marco del Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo (1973) y la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP). Fue en estos ámbitos, luego de más de diez años de disputa diplomática, donde el gobierno uruguayo debió demostrar las necesidades técnicas y económicas para obtener la conformidad argentina para este nuevo calado.
A pesar de que el trabajo diplomático y técnico rindió frutos con la aprobación del proyecto por parte de Argentina en enero de 2024, el avance del dragado a 14 metros se enfrenta ahora a un serio problema de financiamiento. La decisión sobre los recursos necesarios para esta inversión estratégica recae primeramente en la Administración Nacional de Puertos (ANP) de Uruguay. El dragado, presupuestado en más de 200 millones de dólares, exige una definición sobre cuál será la fuente de dónde se obtendrán esos recursos: si provendrá de la propia ANP, de un préstamo multilateral o de la participación público-privada mediante una concesión.
El Puerto de Montevideo, como centro de distribución y almacenaje, es el principal motor logístico y comercial de Uruguay y uno de los hubs más importantes del Atlántico Sur, operando bajo un régimen, por ley, de Puerto Libre lo que le otorga una ventaja competitiva significativa en la región. Bajo esta normativa, las mercancías que ingresan al puerto para tránsito, transbordo o depósito temporal están exentas del pago de impuestos y recargos aduaneros. Esta ventaja es fundamental para la carga regional, especialmente la de Paraguay y parte de Argentina y Brasil que realiza transbordo en Montevideo para ser reexpedida a destinos finales,

Sin embargo, a pesar de estas ventajas, los costos internos de la terminal portuaria sumado a la competencia de otros puertos de la región, impactó negativamente en la operatoria del puerto, lo que obliga a la terminal uruguaya a recuperar cargas y nuevos clientes. Una de las malas noticias que recibieron las autoridades portuarias fue que el tráfico de transbordo de la carga que ingresa por la Hidrovía Paraná-Paraguay, cuyo cliente más importante es Paraguay se derrumbó abruptamente. La exigencia de escanear el 100% de la carga paraguaya como una medida de seguridad aduanera, sumado a las demoras por la ampliación de la Terminal Cuenca del Plata, retrasaban casi en 20 días los envíos, lo que derivó en que muchos operadores logísticos migraran hacia el Puerto de Buenos Aires y en menor porcentajes lo hicieron hacia Brasil, especialmente Río Grande y el gigante Santos, el puerto más grande de Sudamérica.
Otra pérdida muy significativa fue la decisión de MSC (Mediterranean Shipping Company) de trasladarse a la terminal Exolgan en Dock Sud del Puerto de Buenos Aires. El motivo fue también la búsqueda de mejores tarifas operativas y mayor eficiencia en el manipuleo de contenedores. Otra naviera que opera globalmente, Hapag-Lloyd, también trasladó parte de sus operaciones reorientando una parte de su carga de transbordo hacia puertos brasileños o también hacia terminales argentinas.

A esto se suma la intensa competencia por la redistribución de la carga existente. Uruguay, Brasil y Argentina están ligados por la Cuenca del Río de la Plata y la Hidrovía Paraná-Paraguay. Esto obliga a sus puertos a competir por ser el primer y último punto de escala para las grandes líneas navieras y, especialmente, por manejar el transbordo de la carga de Paraguay y Bolivia. La competencia entonces no es solo por su propia carga nacional, sino por los productos de la región que necesitan un puerto marítimo de salida.
La reducción de la actividad en el Puerto de Montevideo abre un frente de preocupación geopolítica, ya que afecta un activo diplomático y comercial de Uruguay en el MERCOSUR. Históricamente, el régimen de Puerto Libre no fue solo una ventaja fiscal, sino una herramienta de política exterior que permitió a Uruguay ofrecer una puerta de salida neutral y eficiente a sus socios de la Cuenca del Plata, particularmente a la carga de transbordo de Paraguay. Frente a su perdida de protagonismo y el hecho de estar siendo sustituido por otras terminales portuarias, afecta su capacidad de alcanzar acuerdos logísticos cediendo espacios políticos en favor de sus países vecinos.
La pérdida de actividad del Puerto de Montevideo es una cuestión de estado para el pueblo uruguayo. No se trata solo de un muelle mas o menos profundo. Están en juego razones económicas ya que es el principal nodo logístico y la puerta de entrada y salida para el comercio exterior de Uruguay. A modo de referencia, más del 25% del PBI lo representan el rubro exportaciones por lo que un mal desempeño de esta terminal influye negativamente en gran parte de la cadena productiva del país generando pérdidas millonarias.
También hay razones estratégicas que se ponen sobre la mesa en esta encrucijada. Por su ubicación, este puerto es un punto clave para el trasbordo de mercadería en la región del MERCOSUR. Productos del sur de Brasil y especialmente de Paraguay pasan en tránsito por esta terminal por lo que su desempeño tiene efectos que van más allá de las fronteras de ese país.
Hoy esta crisis portuaria domina la agenda publica y el debate parlamentario por lo que también hay una importante dimensión social y política en juego. Los conflictos sindicales, los riesgos de pérdidas de empleos y los constantes cruces en la Asamblea General, tanto en diputados como en senadores, han escalado esta crisis que exige una respuesta integral de modernización del Puerto de Montevideo en torno al interrogantes de si puede volver a ocupar su papel como articulador logístico de la Cuenca del Plata.
Foto de portada: Puerto de Montevideo, Data Portuaria
