Mientras avanza en la construcción del submarino a propulsión nuclear Álvaro Alberto, el Programa de Desarrollo de Submarinos (PROSUB), el plan estratégico de defensa naval brasilero, ya entregó tres de las unidades proyectadas mientras una cuarta acaba de ser botada. Una política de Estado que busca menor dependencia externa y mayor autonomía estratégica. En Argentina el panorama es crítico.

Por Jorge Poblette

El Tonelero, el tercer submarino brasileño de la clase Scorpène construido en Brasil con el apoyo de la empresa francesa Naval Group, fue entregado a la Armada de ese país el 26 de noviembre en la base naval de Itaguaí. Ese mismo día, se botó oficialmente el cuarto submarino Scorpène, el Almirante Karam.  Estos dos importantes hitos ponen de manifiesto el sólido avance tecnológico de la Armada de Brasil y el fortalecimiento de sus capacidades operativas.

Estos submarinos se construyeron completamente nuevos en la Base Naval y Complejo Industrial de Itaguaí (BNIC), en el estado de Río de Janeiro bajo el paraguas del Acuerdo de Asociación Estratégica firmado entre los gobiernos de Brasil y Francia en 2008. Este acuerdo, suscripto en su oportunidad por el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su homólogo francés, el presidente Nicolas Sarkozy, definió los objetivos estratégicos, la necesidad de la transferencia de tecnología y el compromiso brasilero de construir un nuevo complejo naval.

Francia designó para esta tarea a Naval Group, una empresa mixta pero controlada accionariamente por el Estado galo.  En Brasil, esta empresa se asoció con el grupo de ingeniería y construcción Odebrecht, hoy Novonor, creando Itaguaí Construções Navais S.A. (ICN), que es la responsable de la ejecución del ambicioso Programa de Desarrollo de Submarinos (PROSUB) de la Marina de Brasil.  Un rol clave desempeña justamente la Marina brasileña quien posee la llamada Acción de Oro de ICN, que le confiere derechos de veto y un control estratégico sobre las decisiones de esta empresa.  De esta manera, el Estado brasileño garantiza el control y el cumplimiento de las metas del PROSUB, asegurando que se haga efectiva de la transferencia de tecnología acordada, a la vez que garantiza que los activos sensibles permanezcan bajo el control soberano brasileño.

Por su parte, el Programa de Desarrolloo de Submarinos (PROSUB), un plan estratégico de defensa naval a largo plazo, se ha propuesto como objetivo construir cuatro submarinos convencionales y otro con armamento convencional y propulsión nuclear. Además de submarinos, el programa incluyó la construcción de una infraestructura industrial y un complejo de apoyo para operaciones submarinas, que abarca astilleros, una base naval y una Unidad de Fabricación de Estructuras Metálicas (UFEM) en el municipio de Itaguaí, Río de Janeiro.  

La transferencia de tecnología instrumentada a través del acuerdo entre Brasil y Francia, es de una importancia fundamental para las fuerzas armadas brasileñas. Superando el viejo concepto de “llave en mano”, este esquema es bastante más que una simple transacción en el campo de la defensa: si bien el acuerdo implicó la compra por parte de Brasil de cuatro submarinos, su valor radica en la transferencia de tecnología sin precedentes para construir y dominar su fabricación. En consecuencia, aunque submarinos como el Tonelero y el Almirante Karam poseen tecnología y diseño francés, su construcción fue con mano de obra brasileña lo que asegura la adquisición de un know-how industrial y militar para este tipo de tecnología, un aspecto crucial para la soberanía naval a largo plazo de Brasil en el Atlántico Sur. Menos dependencia externa y mayor autonomía estratégica.

El PROSUB ha logrado, al día de hoy, la entrega y puesta en servicio de tres de los cuatro submarinos previstos. Los submarinos clase Scorpène, rebautizados Clase Riachuelo por las adaptaciones realizadas en Brasil, incluye las unidades Riachuelo, Humaitá y el recién incorporado Tonelero, mientras que el cuarto, el Almirante Karam, ya fue botado como señalamos antes. Las nuevas modificaciones les confiere una autonomía de patrullaje de hasta 70 días, fundamental para las grandes distancias del Atlántico Sur. En cuanto a su equipamiento militar, están armados con una combinación de torpedos pesados de última generación y capacidad para lanzar misiles antibuque Exocet SM39 bajo el agua, un incremento sustancial en la capacidad disuasiva de la Marina de Brasil. El Álvaro Alberto es la joya mas preciada de PROSUB. Es el primer submarino a propulsión nuclear, un salto tecnológico cualitativo que coloca a Brasil en un lugar de privilegio en el mapa geopolítico del hemisferio.

La Amazonía Azul.

El objetivo propuesto para justificar esta cuantiosa inversión en tecnología naval, según la Política y la Estrategia Nacional de Defensa Brasilera establecida en el 2008  y ratificada en el 2012 y en el 2020, es defender y custodiar la inmensa Zona Económica Exclusiva (ZEE) de la Amazonia Azul.

Más el 95% del comercio exterior del país transita por esas aguas de donde también se extrae más del 95% del petróleo (Presal), que explota Brasil. Estas aguas albergan además innumerables recursos vivos, minerales y sitios ambientales, con puertos estratégicos y centros industriales y energéticos de gran importancia. Tal como lo señalamos en el Portal Atlántico Sur, la Amazonía Azul más que una zona geográfica, es un concepto geopolítico que engloba los espacios oceánicos hacia donde Brasil orienta al desarrollo nacional, colocando a ese país a la vanguardia de la preservación y el uso sostenible del mar. Son 5,7 millones de kilómetros cuadrados de aguas jurisdiccionales brasileras. El aporte al PBI nacional que realiza la Amazonia Azul se estima en decena de millones de dólares, contribuyendo con más 45% del pescado que se consume en el país y sobre cuya plataforma continental están instalados los cables submarinos que transmiten más del 95% de los datos de internet, conectando a Brasil con el mundo. Se encuentran también depositados allí un variado número de minerales como fosfato, ilmenita, sales de potasio, sales de roca y nódulos polmetálicos con altas concentraciones de cobre, niquel, manganeso y cobalto.

Estas inversiones responden específicamente a la Estrategia Nacional de Defensa que fue elaborada bajo la hipótesis de enfrentar Conflictos de Baja Intensidad (CBI) como la amenaza más probable y prioritaria. Estas amenazas incluyen la lucha contra el narcotráfico, el contrabando, el crimen organizado que operan a través de las vastas fronteras terrestres y marítimas, incluyendo el delta del río Amazonas o la Pesca Ilegal, No Declarada y No Reglamentada (INDNR) en el mar brasileño.

Hay que tener presente que este país comparte frontera con seis países y tiene una densa selva que cubre más de seis millones de kilómetros cuadrados.  Bajo este concepto, pero orientado al cuidado de la Amazonía Azul, se ha planificado el PROSUB. Aunque el submarino de propulsión nuclear Álvaro Alberto tiene un propósito de disuasión de alta intensidad, las unidades de la Clase Riachuelo que operan de forma sigilosa y prolongada, son aptos para tareas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento y negación de acceso, impidiendo que una fuerza antagónica pueda ingresar a un área restringida.

La Defensa como motor de la industria nacional.

Pero además Brasil ha hecho la Defensa a un motor de la industria nacional a través de inversiones claves que le aseguran la soberanía tecnológica. La Base Industrial de Defensa (BID), con productos de alto valor agregado, pueden apreciarse por ejemplo en Embraer Defensa y Seguridad (EDS), una división del gigante aeronáutico brasilero, que fabrica el avión de transporte militar KC-390 Millennium y el avión de ataque Super Tucano, plataformas que compiten en el mercado mundial y garantizan a Brasil autonomía aérea.

En el sector naval, tal como lo venimos desarrollando, el proyecto PROSUB que construye los sofisticados submarinos Clase Riachuelo, con tecnología y mano de obra brasileña a la que sumará el de propulsión nuclear Álvaro Alberto. También empresas como AVIBRAS fabrica, en el sector terrestre y para el Ejército brasilero, el sistema de lanzacohetes ASTROS, asegurando que las inversiones militares no solo fortalezcan la disuasión, sino que también impulsen la innovación, el empleo calificado y la capacidad comercial y exportadora del país.

Un lugar de privilegio en la geopolítica global

El potencial tecnológico y naval que representa la flota del PROSUB, con sus cuatro submarinos convencionales y el futuro SN-BR Álvaro Alberto, va más allá de la vigilancia de activos brasileros, reposicionando a Brasil en el escenario global.

Por una parte, los submarinos Clase Riachuelo afirman el control de la Amazonia Azul, pero es el futuro submarino nuclear el que proyectará poder e influencia a otra escala geopolítica. Esta capacidad naval permite a Brasil disputar la hegemonía extrarregional en el Atlántico Sur, dificultando cualquier operación militar en la región incluyendo las Islas Malvinas.

Hacia el sur, esta autonomía facilita la proyección de Brasil hacia la Antártida mientras que, hacia el este, facilita la cooperación en seguridad y la lucha contra amenazas transnacionales con África Occidental, en al ámbito de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur. Sin dudas que Brasil se está transformando en una potencia del Sur Global ya que es capaz por sí misma de garantizar la estabilidad en esta parte del hemisferio sur.

El crítico panorama de la Argentina

En Argentina el panorama es desolador. Con el hundimiento trágico en vidas humanas del ARA San Juan, la Armada perdió el dispositivo de disuasión más importante de su flota submarina, dejando un peligroso vacío en la defensa de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) y el Atlántico Sur. Hoy Argentina no tiene submarinos operativos. El ARA Santa Cruz se encuentra en reparación en los talleres de Tandanor sin una fecha cierta para su reactivación, y el ARA Salta está amarrado en Mar del Plata, donde se usa solo para adiestramiento mientras se evalúa darlo de baja.

Según declaraciones del presidente Javier Milei el Gobierno argentino avanza en la compra de submarinos y buques a Francia, con el objetivo de “fortalecer la capacidad de patrullaje de las costas nacionales”.  El acuerdo, que ha sido objeto de negociaciones y anuncios públicos por parte del gobierno, de concretarse será con Naval Group de Francia. La presunta adquisición sería por cuatro (4) submarinos convencionales, de la clase Scorpène, que es precisamente el mismo diseño base que Brasil utiliza para sus submarinos de la Clase Riachuelo dentro del programa PROSUB.

El costo por unidad superaría los 700 millones de dólares, una cifra que resulta a todas luces inviable dada las condiciones que impone la empresa constructora. Con un país profundamente endeudado, con graves problemas presupuestario para sostener el funcionamiento mínimo de los servicios del estado, resulta altamente improbable que la operación pueda concretarse.

Laurent Mourre, un ejecutivo de Naval Group permite inferir la existencia de barreras financieras que ponen en duda la viabilidad de esta adquisición tan importante para la Armada Argentina.  El pago mínimo inicial exigido para iniciar este proceso de compra estaría entre el 15% y el 30%. La empresa no solo solicita este monto inicial, de por sí imposible de satisfacer en las actuales condiciones económicas del país, sino que exige una garantía de crédito sólida por el 85% restante de la deuda. El nivel de certeza financiera que pide la empresa y que expresa este alto directivo francés, refleja una especulación de riesgos y costos que apuntala la hipótesis de la inviabilidad de esta compra.

Otro aspecto relevante es que Brasil fortaleció la Base Naval y Complejo Industrial de Itaguaí (BNIC), donde actualmente construye, con mano de obra local, los submarinos que está poniendo en operaciones. Mientras, su homóloga en argentina, Talleres Navales Dársena Norte (Tandanor), está entre las  empresas  a privatizar, por la llamada Ley Ómnibus. De allí las inconsistencias del gobierno argentino: mientras anuncia compras multimillonarias de hasta cuatro submarinos, busca privatizar el único astillero estatal capaz de realizar el mantenimiento de media vida, la reparación y el potencial apoyo logístico y tecnológico de esas mismas unidades.  Tampoco, en el caso hipotético de una compra argentina, se prevé la Transferencia de Tecnología (ToT) como en caso brasileño. Esto significa comprar dependencia tecnológica e industrial de Naval Group para repuestos, software, modernizaciones de media vida y grandes reparaciones. Esto otorga a Francia un poder de veto sobre la operatividad de los submarinos en cualquier momento que exista una diferencia política o un conflicto, como ocurrió ya con el veto británico a la venta de repuestos tras la Guerra de Malvinas de 1982.

Mientras Brasil persigue ambiciosos objetivos de soberanía naval mediante el PROSUB, que garantiza el control de la Amazonia Azul y el liderazgo en el Atlántico Sur a través de la autonomía tecnológica e industrial, Argentina vive una situación desalentadora y diametralmente opuesta. La crisis financiera, el probable desmantelamiento de activos estratégicos como Tandanor y la posibilidad de adquirir submarinos bajo un esquema de dependencia de terceros, evidencian una profunda falta de estrategia  que compromete la capacidad del país para defender su ZEE, sus recursos y sus posiciones geopolíticas en el Atlántico Sur.

Jorge Poblette
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