Buques de guerra de China, Irán y Rusia se encuentran frente a la principal base naval de Sudáfrica, con motivo de la realización de ejercicios marítimos multilaterales. Las maniobras se desarrollarán del 9 al 16 de enero bajo el nombre “Will for Peace 2026” (Voluntad de paz). Lo analizamos como un síntoma de los cambios en curso en el Sistema Internacional.
Por Juan Cruz Campagna
La primera cumbre de líderes de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) se celebró en Rusia en 2009. Los jefes de Estado dieron comienzo a una plataforma de cooperación económica, comercial y política. También plantearon la necesidad de reformar las instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), para reflejar mejor el peso de las economías emergentes. Se llevó a cabo en un contexto clave: la crisis financiera global de 2008, que debilitó la legitimidad del liderazgo económico de Estados Unidos y Europa Occidental.
En diciembre de 2010, Sudáfrica fue invitada a unirse al grupo, que pasó a llamarse BRICS (agregando la “S”). La incorporación de este país tuvo un fuerte componente geopolítico ya que permitió representar a África aportando diversidad y pluralidad, reforzando al bloque en la construcción de un orden global con tendencia multipolar. Se trata de una voz política líder y de la economía más avanzada del continente.

Un punto de inflexión fue la creación en 2014 del Nuevo Banco de Desarrollo, con sede en Shanghái, que financia proyecto de infraestructura y desarrollo como alternativa al FMI y BM. También se creó el Acuerdo de Reservas de Contingencias que establece apoyo financiero mutuo para hacer frente a crisis económicas o de balanza de pagos.
En 2023, en la Cumbre de Sudáfrica, se discutió la posibilidad de expandir el grupo, y se invitó oficialmente a seis nuevos países a unirse a partir de 2024: Arabia Saudita, Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Argentina, aunque Argentina declinó la invitación luego del triunfo libertario, en una más de las tantas decisiones contrarias al interés nacional que tomó el gobierno de Javier Milei en honor a su servilismo estadounidense. Esto incrementó el peso geopolítico del bloque y causó preocupación en Washington.
El grupo funciona, en los hechos, como un contrapeso simbólico al G7 y al orden liberal occidental encabezado por el poder estadounidense – británico, que luchan por sostener una estructura unipolar consolidada luego de la Segunda Guerra Mundial y potenciada con la caída de la Unión Soviética, pero que hoy no puede (sobre todo a partir de la crisis de 2008) mantener sus niveles de riqueza e influencia política.
En 1982 los países del G7 representaban el 50% de la economía mundial medida a paridad de poder adquisitivo y el 70% en términos nominales. Los países que conforman los BRICS en ese año representaban en conjunto sólo el 10% de la economía mundial en poder de compra real, y mucho menos del 10% en términos nominales. Sin embargo, a partir de 2020, el G7 ha sido superado por los BRICS (sin considerar la ampliación del bloque de 2024), en la economía mundial a paridad de poder adquisitivo (32% a 31%). La brecha todavía es importante en términos de PIB nominal a favor del G7 (44% a 27%) pero se achica en forma acelerada y muestra una pérdida de más de una cuarta parte del porcentaje del PIB mundial por parte del grupo occidental.
En ese contexto debe entenderse que el grupo también esté comenzando a cooperar en el área de Defensa y refuerce su capacidad militar en forma conjunta. La Fuerza de Defensa Nacional de Sudáfrica indicó que el objetivo de los entrenamientos es reforzar la “seguridad de la navegación y de las actividades económicas marítimas”, así como “profundizar la cooperación en apoyo de iniciativas pacíficas de seguridad marítima”.
El presidente Donald Trump ha acusado reiteradamente a los países del BRICS de promover políticas “antiestadounidenses”. Sudáfrica, en particular, ha sido objeto de críticas por sus vínculos con Rusia y por otras decisiones que han tensado la relación bilateral, como la demanda presentada por Pretoria ante la Corte Penal Internacional contra Israel por el genocidio cometido en la guerra de Gaza.
Aunque China, Rusia y Sudáfrica ya habían realizado ejercicios conjuntos en noviembre de 2019 y febrero de 2023, “Voluntad de Paz 2026” marca un hito como el primer ejercicio multilateral bajo el marco del BRICS. La cooperación militar de estos países está aumentando, en paralelo a una estrategia sudafricana que reivindica la “no alineación” y la diversificación de alianzas.

Las maniobras se desarrollarán durante una semana en aguas cercanas a Ciudad del Cabo. Entre los participantes se destacan unidades navales chinas (incluyendo el destructor Tangshan de 161 metros), una corbeta rusa y un buque iraní, mientras que otros miembros del bloque, como la India, Egipto, Arabia Saudita, Brasil, enviarán observadores.
Las autoridades sudafricanas explicaron que la planificación de este ejercicio se realizó con antelación y no guarda relación con la reciente escalada de tensiones internacionales tras el ataque de Washington en Venezuela ni con la incautación, en estos días, de un petrolero ruso por parte de Estados Unidos. En febrero pasado, además, Donald Trump afirmó en una orden ejecutiva que Sudáfrica respalda a “actores negativos en la escena mundial”, citando sus vínculos con Irán como uno de los motivos por los cuales recortó financiación al país africano. En este contexto, las acciones cobran mayor significado, aunque originalmente estaban programadas para noviembre de 2025 y se postergaron por coincidir con la cumbre del G20 en Johannesburgo.
El operativo busca garantizar la seguridad de los mares, especialmente del océano Índico y el Atlántico. Se trata de acciones conjuntas para la protección de las principales rutas marítimas y las actividades económicas oceánicas. Los participantes llevarán a cabo acciones antiterroristas, de rescate y de lucha contra los ataques navales, así como intercambios profesionales y visitas a bordo. El fin del ejercicio es profundizar el intercambio y la cooperación militar y fortalecer sus capacidades conjuntas para hacer frente a las amenazas marítimas.
Los BRICS no están buscando necesariamente hegemonía, sino más bien autonomía y margen de maniobra para garantizar su propio desarrollo. No se trata, tampoco, de un reemplazo del G7 por los BRICS, pero sí de una transición gradual de la riqueza y el poder, en el marco de un declive relativo del Occidente geopolítico (con epicentro en Estados Unidos) y un ascenso estructural del Sur Global (con núcleo en China). La cooperación militar y los ejercicios conjuntos de estos países debe interpretarse como un paso más en el esquema de construcción de un polo emergente que cuenta con los recursos y tiene la voluntad política de no subordinarse a la estructura de poder occidental en declive.
No es casualidad que se realicen en nombre de los BRICS, ni que estén liderados por China, mucho menos que se realicen en Sudáfrica, en la conjunción del Atlántico y el Índico, territorios marítimos y rutas comerciales vitales para los países emergentes. Un nuevo síntoma de las transformaciones en proceso y la transición de poder. Esta movilización refleja el impulso del BRICS por intensificar la cooperación marítima y el desarrollo de capacidades conjuntas responde a desafíos crecientes en zonas estratégicas del océano Índico y Atlántico Sur.
La consolidación de los BRICS como plataforma alternativa al orden liderado por Estados Unidos y la OTAN. Crece una arquitectura económica, financiera, política y de seguridad paralela que disputa influencia en regiones clave del mundo.
