El aumento de los precios de los fertilizantes por la guerra del Golfo, disparó el precio del gas, el que arrastro tras de sí el alza de los fertilizantes y los alimentos. Milei y Vaca Muerta dieron la espalda al agro argentino y optaron por exportar los excedentes de gas, antes que sostener la competitividad y la producción de nuestra propia industria.

Por Jorge Poblette

Para gran parte de los países del Sur Global, la escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán ha dejado de ser una crónica periodística para transformarse en una crisis que empieza a golpear las economías de América Latina y África, incluyendo a la moribunda economía argentina.  La incertidumbre y los efectos del conflicto bélico ya comienzan a reflejarse en los costos agrícolas y energéticos. Ya hay filas en algunos países para comprar combustible y el aumento de precios de los alimentos están siendo remarcados muchas góndolas de las cadenas globales de supermercados, achicando además los márgenes fiscales de muchos países y disminuyendo los recursos para atender las redes de protección social.

El bloqueo defensivo iraní del Estrecho de Ormuz ha puesto en jaque las rutas marítimas más críticas del planeta, agravado por el cerco naval estadounidense, ordenado por un improvisado Donald Trump que busca el estrangulamiento económico del pueblo persa. En la práctica, ambos bloqueos se retroalimentan para asfixiar un corredor por el que fluye aproximadamente un tercio de los fertilizantes del mercado global, junto con el 20% del gas natural licuado (GNL) y el 27% del petróleo comercializado a nivel mundial.

Entre las perturbaciones introducida por la guerra hay una particularmente importante para los productores agrícolas que se vincula con la producción de fertilizantes. Se debe tener presente que el gas es el insumo principal para fabricar amoníaco, que a su vez es la base de los fertilizantes nitrogenados como la Urea un nutriente esencial para el crecimiento de muchos cultivos irremplazables en la alimentación humana. Como es lógico entonces las plantas de fertilizantes más grandes del mundo se han ubicado estratégicamente donde el gas es abundante y barato: Qatar, Irán y Arabia Saudita. De allí que alrededor del 33% de la urea que se comercializa en el mundo deba salir por el hoy atascado embudo marítimo de Ormuz.

 La lógica que subyace a este proceso es simple: el bloqueo en Ormuz genera falta de gas y petróleo, esta situación se traduce en fertilizantes más caros lo que genera una caída de producción agrícola y, en consecuencia, un incremento de los precios de los alimentos en las góndolas de los supermercados.  Por ejemplo, el maíz, gran demandante de nitrógeno, es el principal alimento para vacas, cerdos y pollos, situación que empuja al alza los precios de productos como la carne, la leche y los huevos, entre otros. O el trigo que subirá el costo de las harinas y en consecuencia el precio de sus derivados como el pan y los fideos y otros productos que tiene como materia prima este cereal. La lista de los productos alcanzados por el incremento de fertilizante es extensa: arroz, cítricos como el limón, la naranja o la mandarina; la horticultura de hoja como la lechuga, la espinaca y la acelga; la caña de azúcar que aumenta el precio del azúcar y, como resultado, de todas las bebidas gaseosas y dulces procesados; o la papa, una de las hortalizas que más fertilizante requiere por hectárea.

Cultivos de maíz (Foto Profertil)

Y esto no se trata de una especulación en abstracto: a principios de enero de 2026, antes de que el Estrecho de Ormuz se convirtiera en zona de guerra, la urea cotizaba a un promedio de 400 a 500 dólares por tonelada. Hoy este producto se ha duplicado alcanzados picos de más de 1.000 dólares por tonelada.  Estamos hablando de un incremento de entre el 100% y el 115% y más en menos de un trimestre.

La demanda de fertilizante en Argentina

Mirando los números puede notarse que Argentina consume entre 2 y 2,5 millones de toneladas de urea al año y que alrededor de la mitad proviene del exterior. De esas importaciones, entre el 15% y el 25% llega desde países del Golfo Pérsico. Aunque esa región no sea el principal origen de las compra argentinas, concentra entre el 30% y el 40% del comercio mundial de urea, por lo que su influencia resulta decisiva en la formación de precios internacionales, más allá del proveedor específico.

Fertilizantes Nitrogenados (Foto: Profértil)

El aumento de más del 100% en el precio del fertilizante nitrogenado como consecuencia de la guerra que comenzó a finales de febrero, ha obligado a muchos productores locales a evaluar si reducir el uso del producto o abandonar sus planes de siembra principalmente del trigo y el maíz, dos cultivos que son altos demandantes de nutrientes para garantizar rindes y calidad. Tal como señalamos antes el precio de la urea se sitúa ahora en torno a los 1.000 dólares por tonelada, frente a los aproximadamente 500 dólares promedio de hace poco más de un mes. Resulta paradójico que este incremento brutal de los fertilizantes se dé justamente cuando, según la Bolsa de Comercio de Rosario, el 2025 cerró como uno de los años de mayor consumo de nutrientes en la historia argentina, con un incremento del 38% en el gasto de divisas por importaciones de fertilizantes.

Una comparación de volúmenes y precios entre el año 2025 y una proyección tentativa para el 2026 permite medir el impacto del conflicto bélico en los precios de los fertilizantes nitrogenados y que irán a parar a los alimentos. El gasto estimado en el 2025, siempre según la Bolsa de Rosario, fue de aproximadamente US$ 1.433 millones. En el supuesto que el volumen importado se mantenga o crezca levemente, pero el precio promedio se duplique debido al bloqueo en el Estrecho de Ormuz, el gasto proyectado en nitrogenados para el 2026 podría alcanzar los US$ 3.080 millones, que representan U$ 1.647 millones adicionales.

Más allá de la urea, una parte relevante de la demanda de fertilizantes en Argentina está compuesta por insumos no nitrogenados, principalmente fosfatados y potásicos. Estos productos, representa alrededor del 48% de las importaciones totales de fertilizantes.  En conjunto, esta dependencia no solo incrementa el gasto en divisas, sino que también acentúa la dependencia de la producción nacional a las variaciones de los precios internacionales.

Profértil, la única proveedora de urea en argentina.

Qué hace el gobierno de Javier Milei frente a este horizonte tan crítico. Nada. No, para ser más exactos, al no tener la menor idea de cómo funciona el sistema productivo, lo que hace es empeorar la situación.

Para ir por parte, lo primero que hay que saber es que existe en Argentina una única empresa dedicada a la producción de urea. Esta firma es Profértil y está ubicada en Bahía Blanca. Tiene una capacidad de producción cercana a 1,3 millones de toneladas anuales. Desde el año 2001 la propiedad de Profértil estuvo dividida en parte iguales en un 50% de YPF y el otro 50% de Nutrien, de origen canadiense. La petrolera argentina ponía el gas, insumo clave para producir la urea y sus socios transnacionales know-how industrial y comercialización global. Un modelo de negocios casi ideal.  

Profértil. Plante de Ingeniero White Foto: Profertil

A fines de 2025, la canadiense Nutrien decide vender 50% de su participación, por un valor de USD 600 millones   a un consorcio integrado por Adecoagro y, una pequeña porción a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA). Pero aquí viene la mala praxis mileísta, una pésima decisión que va a traer serias consecuencias en medio de esta caída de la oferta internacional de fertilizantes nitrogenados. En diciembre de 2025, YPF aprueba la venta de su 50% también a Adecoagro, una operación que se realizó por USD 635 millones. De esta manera, sin ninguna razón económica ni financiera que lo justifique, Milei entregó el control monopólico de la única productora nacional de urea a Adecoagro, un entramado internacional, la mayoría de ellos fondos de inversión especulativo cuyo único objetivo es maximizar ganancias, detrás del cual están BlackRock, Vanguard Group, State Street Global Advisors, Ospraie Management, Discovery Capital Management y Route One Investment Company. Al día de hoy el valor total de la empresa USD 1.200 millones del cuál el 90% corresponde a Adecoagro y el restante 10% a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA).

La lógica anterior era de integración nacional: YPF aportaba el gas para que Profértil produjera urea para el agro argentino. Hoy, con YPF fuera del negocio, el gas deja de estar alineado con el interés productivo. Milei ha priorizado la renta petrolera de exportación sin considerar el rendimiento del campo. Si YPF prefiere exportar o fijar precios altos para el gas, ese insumo, antes garantizado, queda ahora expuesto a la volatilidad que hoy genera la guerra en el Golfo Pérsico o cualquier otro tipo de perturbación.  En consecuencia, el productor argentino queda totalmente desprotegido y   expuesto a la lógica mercantil energética global.

La frustrada ampliación de la única planta de nitrogenados

La decisión de Milei es aún más inoportuna teniendo en cuenta que Profértil que abastece entre el 50% y el 60% de la demanda interna tiene en marcha un proyecto de ampliación de la planta por 2.000 millones de dólares, que le permitiría duplicar la capacidad de producción hasta unos 2,5 millones de toneladas, lo que el abre la posibilidad de cubrir prácticamente todo el mercado interno e incluso generar excedentes para la exportación. Si YPF continuara siendo propietaria de la mitad de la empresa, podría participar de un negocio mucho más rentable ya que no solo vendería gas sino que a este commodities le podría haber agregado valor al transformarlo en un insumo para un proyecto industrializado. 

No hay gas para Profértil.

Pero incluso, esa ampliación de la planta que proyecta Profértil no depende solo de la empresa: hoy no tiene el gas suficiente para expandir su producción. Y aquí aparece otra de las imperdonables decisiones de Javier Milei: paralizar las obras que permitirían sustituir importaciones de energía y aprovechar el yacimiento de Vaca Muerta, para fines industriales. En este abierto ataque al desarrollo nacional el presidente Milei dio de baja la segunda etapa de extensión del ex Gasoducto Néstor Kirchner, cuya primera etapa de Vaca Muerta a Salliqueló fue inaugurado 9 de julio de 2023. Esta bra se extiende desde Tratayén (Neuquén) hasta Salliqueló (Buenos Aires) por 573 kilómetros se construyó en 10 meses a un costo de USD 2.500 millones y fue financiada íntegramente con recursos del gobierno nacional. Hoy la segunda etapa está esperando que algún privado, RIGI mediante, se interese en su construcción.

Gasoducto Néstor Kirchner

Respecto De Bahia Blanca, si bien existe capacidad material para ampliar la capacidad del sistema que conecta Vaca Muerta con Bahía Blanca se necesita una decisión política que priorice la industrialización local, entre ellos la planta de fertilizantes y la petroquímica Bahia Blanca. Sin embargo, hoy la prioridad es Bahia Rosales, un puerto cerca de Bahia Blanca, por donde se proyecta exportar GNL (Gas Natural Licuado).

La ampliación de la planta productora de fertilizante Profértil tendrá que esperar. Hoy la prioridad del gobierno nacional no es el suministro de la industria nacional sino a China, Japón y Corea del Sur y Europa.

Vaca Muerta y la producción de nitrogenados.

Y como todo análisis de la política energética argentina, o como en este caso sobre la producción de fertilizantes, se cae al tema de Vaca Muerta. Está demostrado que este yacimiento puede asegurar abundancia de gas a nivel interno por décadas. Un verdadero privilegio teniendo en cuenta el contexto internacional. Esto permite, al menos en teoría, energía relativamente barata, disponibilidad, y provisión suficiente para sostener la actividad industrial. Sin embargo, para que este sueño se haga realidad se necesita decisiones políticas que prioricen el mercado interno y en especial ciertos sectores estratégicos como en este caso la producción de fertilizantes. Una verdadera fantasía bajo los parámetros destructivos que orientan la gestión mileísta. El razonamiento es simple: si el gas de Vaca Muerta tiene el mismo precio que tiene en el mercado internacional, vamos a tener un gas interno caro y también cara la producción de fertilizante. Si se decide desacoplar el precio local del internacional y se fija un pecio de gas diferenciado para producir fertilizantes esto permitiría incluso la expansión de esta actividad industrial. En este supuesto el fertilizante deja de ser un commodity y pasa a ser parte de una política energética nacional.

Los fanáticos del libre mercado, incluyendo el gobierno, sostendrán la necesidad de maximizar las exportaciones para generar más divisas. Sin embargo, en un esquema de soberanía energética y alimentaria es urgente y necesario priorizar la actividad industrial y la actividad económica local. Y según aprendimos en las aulas de la universidad pública, ambos objetivos se pueden compatibilizar con herramientas de política económica estableciendo cupos, acuerdos con sectores de la producción, bandas de precios internos para actividades específicas, etc.  Aunque para Luis Caputo esto parezca una herejía, es posible mantener la rentabilidad de YPF y satisfacer las necesidades del agro y la industria local permitiéndoles más competitividad. Si no la pregunta es: ¿Para qué los argentinos tenemos Vaca Muerta? O, en las actuales circunstancias, lo correcto es interrogarse sobre ¿Quién se está beneficiando con Vaca Muerta?

Pero, en definitiva, el gobirno ha elegido que el gas argentino sea para sostener la actividad económica de otros países, antes que el motor de nuestra propia industria.

Jorge Poblette
Jorge Poblette

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