El acuerdo con la Unión Europea pone al Mercosur ante su primer gran desafío político. La distribución de los cupos de exportación está en el centro de la agenda de la Cumbre de Asunción. El reclamo de Paraguay por el 25% de los contingentes arancelarios y la tensión entre Milei y Lula pondrán a prueba la capacidad del bloque para preservar la unidad frente a intereses nacionales contrapuestos.
Por Redacción Atlántico Sur
La Cumbre del Mercosur se inicia hoy con las reuniones de cancilleres y ministros de los países miembros, previas a la Cumbre de Jefes de Estados que comenzará el día martes. Se trata de la primera reunión de presidentes desde la entrada en vigencia, de forma provisional el pasado 1 de mayo, del acuerdo comercial con la Unión Europea (UE), un proceso que insumió casi 26 años de negociaciones y que prevé la liberalización de más del 90% de los aranceles mutuos. El debate estará principalmente centrado en el reparto interno de los cupos de exportación hacia el mercado europeo, sumado a la tensión política que vienen arrastrando el presidente argentino Javier Milei y el presidente brasilero “Lula” Da Silva.

Antes del plenario de presidentes, los equipos técnicos del Mercosur deberán resolver uno de los puntos más conflictivos del acuerdo: cómo repartir entre los cuatro socios las cuotas arancelarias previstas en el Acuerdo Comercial Interino (ITA), cuya aplicación será provisional hasta que entre en vigor el Acuerdo de Asociación. Si bien el acuerdo prevé la eliminación inmediata o gradual de los aranceles para aproximadamente el 84% de los productos agroindustriales exportados por el Mercosur hacia la Unión Europea, las mayores resistencias se concentran en un conjunto de productos agropecuarios, menos del 10 % de las líneas arancelarias y, según diversos análisis, está en torno al 4 % de las posiciones, que quedaron sujetas a cupos y otros mecanismos de protección.
El mayor problema es la carne bovina, cuya cuota global llegará a 99.000 toneladas anuales tras un esquema que se ira completando dentro de los próximos cinco años. Argentina, Brasil y Uruguay alcanzaron previamente un “principio de acuerdo” político para dividirse ese volumen. Sin embargo, Paraguay quedó excluido de ese pacto y llega a Asunción con una postura inflexible: exige por vía jurídica el 25% de todas las cuotas. Su razonamiento es el siguiente: el Mercosur tiene cuatro socios fundadores, por lo tanto, salvo que exista un acuerdo distinto, cada uno debería recibir el 25 % de las cuotas negociadas con la Unión Europea. Según este criterio, se evitaría que los países con mayor capacidad exportadora (Brasil y Argentina) se queden con los cupos disponibles mediante el criterio de “primero en llegar, primero en ser servido”, aunque el país guaraní reconoce que hoy no puede utilizar completamente algunas de esas cuotas que hoy está reclamando.

Según fuentes diplomáticas, ante la complejidad que plantea el gobierno paraguayo, los equipos técnicos evalúan postergar el diseño definitivo del reparto para el mes de octubre. Sin embargo se prevé que Uruguay, país que recibirá la Presidencia Pro Tempore del Mercosur de manos de Paraguay para el segundo semestre, presionará para cerrar un acuerdo que le permita exportar carne durante el transcurso de este mismo año 2026. Esta situación deja una vez más a la vista los distintos tiempos políticos que manejan los socios del bloque: la urgencia de flexibilización comercial que promueve fundamentalmente Argentina, frente al enfoque más proteccionista y de negociación en bloque que tradicionalmente promueve Brasil.
Según el diario paraguayo ABC, a la fecha confirmaron su presencia siete Jefes de Estado, los cinco de los Estados Partes del bloque regional: el anfitrión, Santiago Peña (Paraguay); Javier Milei (Argentina); Luíz Inácio Lula da Silva (Brasil); Yamandú Orsi (Uruguay) y Rodrigo Paz Pereira (Bolivia). Este último país participará por primera vez como Estado Parte del Mercosur, aunque todavía atraviesa un período de transición para completar su incorporación plena al bloque.
También prevén asistir José Antonio Kast (Chile) y Daniel Novoa (Ecuador). Además, estarán presentes los cancilleres de los Estados Asociados del Mercosur: Colombia, Chile y Panamá.
Más allá de la controversia por los cupos con la UE, los mandatarios tienen en agenda temas de alto impacto político y de infraestructura como:
- Crisis en Bolivia: El bloque analizará la inestabilidad institucional de Bolivia, país que se encuentra en pleno proceso de incorporación formal como miembro pleno.
- Infraestructura y Logística: La integración física, la agenda digital y la gestión estratégica de la Hidrovía Paraná-Paraguay.
- Presupuesto regional: Se debatirá el fondeo del Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM).
- Otros tratados comerciales: La vigencia provisional del acuerdo con la Unión Europea, aceleró las tratativas de libre comercio con Canadá y Japón y que también serán parte de la agenda de la Cumbre.
Sin dudas que los focos estarán también puestos en la tensión política que existe entre Javier Milei y Lula da Silva. El encuentro se da en un marco de ásperas diferencias ideológicas y discursivas bilaterales, donde chocan un modelo de liberalismo radical y desregulación extrema que sostiene Milei, frente al multilateralismo regulado que propone Lula.
También el debate de las cuotas, a pesar de que existe un preacuerdo de reparto en el rubro de las carnes entre las tres grandes potencias ganaderas del bloque, como señalamos antes, la presión paraguaya por el 25% forzará a Milei y a Lula a definir si ceden parte de sus aspiraciones de exportación hacia Europa para mantener la armonía del bloque, o si se cierran en la defensa de sus propios intereses agroexportadores.
La entrada en vigor del Acuerdo Comercial Interino con la Unión Europea, sacó al Mercosur de su histórica zona de confort. En Asunción, los presidentes se enfrentan al hecho de tener que gestionar de forma inteligente una negociación de 26 años. Pero el Tratado que promete salvar económicamente al bloque en el largo plazo es el mismo que hoy abre grietas internas por el reparto de cupos. Con las cartas de la Unión Europea sobre la mesa, el Mercosur se enfrenta a su prueba definitiva: demostrar si funciona como un verdadero bloque de proyección global o si continuará como la suma de intereses nacionales fragmentados.
