Aunque Keir Starmer negó el involucramiento británico en las operaciones estadounidenses para un cambio de régimen en Venezuela, el medio de investigación Declassified UK develó una trama de complicidades que contradice las afirmaciones del primer ministro. El interés en los recursos naturales venezolanos, la presencia de militares británicos en la flota del Caribe y una alianza calificada como “eterna”, datos clave frente a los extravíos conceptuales mileistas sobre el Atlántico Sur y Malvinas.

Por Guillermo Carmona

Un informe publicado por el medio de investigación Declassified UK detalla años de apoyo encubierto del gobierno del Reino Unido a los esfuerzos de Estados Unidos para forzar un cambio de régimen en Venezuela, desde el reconocimiento de un presidente autoproclamado hasta el congelamiento de activos y la planificación secreta para el “día después” de Nicolás Maduro.

El artículo, firmado por el historiador y reportero jefe del medio, John McEvoy, y publicado el 5 de enero de 2026, traza una línea desde 2019 hasta el presente, cuestionando la reciente afirmación del primer ministro Keir Starmer de que el Reino Unido “no estuvo involucrado” en operaciones contra el gobierno venezolano. Según la investigación, aunque la participación militar directa pudo ser limitada, la complicidad política, diplomática y económica fue sostenida.

La decisión de reconocer a Guaidó: una jugada geopolítica

El punto de inflexión, según Declassified UK, ocurrió en enero de 2019. Siguiendo rápidamente los pasos de la administración Trump, el entonces canciller británico, Jeremy Hunt, reconoció a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. La investigación cita los diarios publicados del ex viceministro Alan Duncan, un viejo conocido de la Argentina, para revelar la motivación: era una “transacción” para alinearse con Washington.

En 2020, Guaidó fue recibido en Londres por Boris Johnson

“Hunt dijo ‘necesitamos usar a Venezuela como un tema en el que podamos estar tan en línea con Estados Unidos como sea posible'”, escribió Duncan en su diario el 25 de enero de 2019, según el artículo. McEvoy añade que Hunt vio en Venezuela “probablemente la única aventura extranjera [que Trump] podría perseguir”, presentando el reconocimiento como una forma de “manejar inteligentemente la administración Trump”.

El oro congelado en Londres: el brazo financiero de la presión

El reconocimiento diplomático allanó el camino para una medida con consecuencias tangibles: el congelamiento de más de 2.000 millones de dólares en oro venezolano depositado en el Banco de Inglaterra. McEvoy relata cómo el entonces gobernador del banco central, Mark Carney, buscó “cobertura política” para esta decisión sin precedentes. La Cancillería británica (FCO) se la proporcionó, redactando una carta jurídica que cuestionaba la legitimidad de Maduro.

Esta medida, elogiada públicamente por el exasesor de seguridad estadounidense John Bolton, tuvo un impacto humanitario directo. El artículo recuerda que, durante la pandemia de COVID-19, la relatora especial de la ONU, Alena Douhan, condenó las “repetidas negativas de los bancos en… el Reino Unido… a liberar activos venezolanos incluso para comprar medicinas, vacunas y kits de protección”.

La “Unidad de Reconstrucción”: planificando el futuro pos-Maduro en secreto

Quizás el hallazgo más revelador de la investigación es la creación secreta, en otoño de 2019, de una “Unidad de Reconstrucción de Venezuela” (VRU, por sus siglas en inglés) dentro de la Cancillería británica. Dirigida por el diplomático John Saville, esta unidad, según documentos obtenidos por Declassified UK, se reunió con representantes de Guaidó y agendó reuniones en Caracas para planificar la participación británica en el sector energético venezolano una vez derrocado Maduro.

Aunque el FCO declaró que su propósito era coordinar la respuesta humanitaria, McEvoy escribe que “una jornada completa de reuniones fue programada para el tema de la ‘participación del Reino Unido en el sector energético’ de Venezuela”, una agenda que permanece clasificada por razones de “seguridad nacional”.

Financiamiento y una postura actual ambigua

El reporte también detalla fondos británicos, por 450.000 libras esterlinas, destinados a una coalición “anticorrupción” en Venezuela a través de un fondo controvertido. Tras estas revelaciones, la embajada británica en Caracas se quejó internamente de la “sensibilidad” de los artículos sobre sus operaciones.

Finalmente, el artículo conecta este historial con la respuesta actual del gobierno de Starmer a eventos recientes. Mientras el primer ministro se negó a condenar una acción militar estadounidense y declaró “no derramar lágrimas por el fin de su régimen”, McEvoy concluye que su afirmación de “no involucramiento” omite un pasado de apoyo sostenido que, según la investigación, fue fundamental para la estrategia de desestabilización.

Apoyo militar al bloqueo estadounidense

A los hechos señalados en el artículo de McEvoy se suma ahora la participación británica en la incautación de un buque petrolero con bandera rusa que transportaba petróleo venezolano. La operación contra el buque Marinera, previamente denominado Bella 1, ocurrió el 7 de enero en el Atlántico Norte e implicó la detención de sus tripulantes.

La incautación fue realizada con asistencia británica. Al respecto la BBC dijo: “la operación contó con el apoyo de las Fuerzas Armadas del Reino Unido, que participaron en la incautación del petrolero como ‘parte de los esfuerzos globales para combatir la evasión de sanciones’, señaló el Ministerio de Defensa británico”.

La vigencia de la alianza británico-estadounidense

La negativa de Starmer a condenar a la agresión militar estadounidense y al secuestro del presidente venezolano y de su esposa no debería leerse como un hecho aislado del posicionamiento que el Reino Unido busca consolidar a nivel global, a partir del sostenimiento de la histórica alianza con Estados Unidos.

Esa posición resulta previsible en el marco de Revisión de Defensa Estratégica lanzada por el gobierno laborista a principios de junio del año pasado. La Strategic Defense Review 2025 (SDR) sostiene que “Estados Unidos de América es el aliado más cercano del Reino Unido en materia de defensa y seguridad, lo que refleja un interés común y de larga data en contribuir a la seguridad global en esta era de competencia estratégica”. El documento le otorga al vínculo el carácter de relación única y privilegiada al afirmar que “La relación de defensa del Reino Unido con los Estados Unidos de América es diferente a cualquier otra. La solidez de esta colaboración se debe a generaciones de personal de defensa británico y estadounidense que abordan juntos los desafíos globales”. Lo que queda bien claro en la revisión es que el vínculo no es solo histórico, sino que se funda en compartir los mismos adversarios: “Estados Unidos se enfrenta a un importante desafío estratégico, con dos competidores nucleares casi iguales: China y Rusia. El Reino Unido debería colaborar con él para maximizar el potencial de la relación como multiplicador de fuerza y ​​renovar la disuasión: modernizando sus respectivas fuerzas militares; aprovechando las capacidades especializadas y bases en el extranjero del Reino Unido; conectando la región euroatlántica con aliados clave en el Indopacífico para fortalecer la seguridad colectiva en ambas regiones; y desarrollando la capacidad industrial de defensa colectiva”, señala la SDR.

Publicación en X en la que pAS referida a la Revisión de Defensa Estratégica del Reino Unido (3 de junio de 2025)

El documento también contempla los intereses británicos en el Caribe: “El Caribe es particularmente importante, dadas las obligaciones del Reino Unido con la defensa y seguridad de sus Territorios de Ultramar”.

La posición británica no debe interpretarse como una declaración unilateral de buena voluntad hacia Estados Unidos, sino como una alianza que recientemente ha sido reafirmada mediante posiciones públicas de Trump y su gobierno.

La visita de Trump a Londres en 2025 reafirmó la “alianza eterna” entre Estados Unidos y Reino Unido

En setiembre pasado, el presidente estadounidense visitó Londres y ante el rey Carlos III y el primer ministro Starmer exaltó el “el vínculo de parentesco e identidad entre Estados Unidos y el Reino Unido no tiene precio y es eterno“.

Trump selló con Starmer una alianza tecnológica para fortalecer la cooperación en inteligencia artificial, computación cuántica y energía nuclear, ante lo cual el primer ministro declaró que se trataba del “mayor paquete de inversión de este tipo en la historia británica”.

Esta relación especial de primer orden ha sido ratificada también en el documento de Estrategia de Seguridad Nacional difundida en diciembre por la administración estadounidense, que al mencionar la alianza con los países europeos destaca específicamente a Gran Bretaña: “Es comprensible que Estados Unidos tenga un profundo apego al continente europeo y, por supuesto, a Gran Bretaña e Irlanda. El carácter de estos países también es estratégicamente importante, ya que contamos con aliados creativos, capaces, seguros y democráticos para establecer condiciones de estabilidad y seguridad. Queremos trabajar con países alineados que deseen restaurar su antigua grandeza”.

Este cuadro de situación que describe el grado de profundidad de la alianza británico-estadounidense no solo debe ser tenido en cuenta en relación a lo que está ocurriendo en Venezuela y el Caribe.

Los extravíos de los herederos de Costa Méndez

Algunos cándidos analistas argentinos, fuertemente vinculados al oficialismo mileista, pretenden instalar la idea de que la política de dominación hemisférica de Trump podría abrir una posibilidad de solución a la Cuestión Malvinas, mediante una intervención estadounidense que, según algunos imaginan, podría incluir que Estados Unidos se quede con la base militar británica existente en Malvinas. La introducción de una tercera parte en una disputa reconocida por la comunidad internacional como bilateral no sería un acto de audacia, como algunos pretenden, sino la claudicación final frente al imperialismo colonialista.

Además de tratarse de un planteo que busca disimular la funcionalidad de Milei hacia el Reino Unido, expresada en la incorporación al discurso presidencial de los falaces argumentos británicos sobre la autodeterminación de los isleños y en la aquiescencia respecto de los actos unilaterales que la potencia colonial despliega en Malvinas, esa perspectiva entraña el error conceptual de considerar la versión decimonónica de la Doctrina Monroe, cuando la competencia estratégica estaba planteada entre el ascendente Estados Unidos y la declinante Gran Bretaña. Este tipo de extravíos estratégicos, propios de los dignos herederos civiles de la última dictadura militar que hoy orbitan en torno al gobierno de Milei, repite los horrores de apreciación de quienes consideraron que en un escenario de recuperación militar de las Islas Malvinas Estados Unidos optaría por apoyar a la Argentina en lugar de al “eterno aliado” británico, horrores que costaron la vida más de 600 héroes argentinos.

Es que el corolario Trump o Doctrina “Donroe” no considera a Reino Unido sino como aliado, el más importante y principal, y está destinado a obturar la influencia china y rusa en América Latina, objetivo que comparten los aliados anglosajones. Eso es precisamente lo que estaría sucediendo, según lo arriba analizado, en Venezuela.

Aun siendo así las cosas habrá que estar muy atentos frente a este tipo de planteos. Milei y su desgobierno libertario han demostrado una especial aptitud para hacer pasar la entrega de soberanía como grandes logros para la Argentina. El momento exige estar alertas, no sea que el fraude y la simulación, característicos del modus operandi mileista, se extiendan subrepticiamente a negociaciones sobre las Islas Malvinas en contra de los intereses argentinos.  

Guillermo Carmona
Guillermo Carmona
4 thoughts on “La alianza Washington-Londres se fortalece en Venezuela y repercute en la Argentina”
  1. Excelente como información, pero más importante aun para la formación política de la militancia. Las menciones a la historia de las exigencias argentinas y el involucramiento de Gran Bretaña en el ataque a Venezuela, junto otras notas acerca de Malvinas, viene a cuento para combatir esa vulgaridad tan en “¡pero eso fue hace mucho!”

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