Las dos cámaras de la Legislatura provincial y el Concejo Deliberante capitalino exigieron la inmediata restitución del nombre de Orlando Pascua al Museo Malvinas, una medida que el excombatiente Edgardo Esteban tildó de “desplazamiento simbólico” que amenaza con convertir la memoria colectiva en un escenario de exclusiones.
Por la Redacción de Atlántico Sur
En una muestra de unidad política poco frecuente, tanto el Senado como la Cámara de Diputados de Corrientes aprobaron de forma unánime resoluciones para exigir a la Secretaría de Cultura de la Nación y a las autoridades del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur la inmediata restitución del nombre de Orlando Gustavo Pascua al salón auditorio de dicha institución. La medida surge como respuesta a la decisión de la administración nacional de rebautizar ese espacio el pasado 10 de junio, reemplazando el nombre del veterano correntino por el del maestro soldado Julio Rubén Cao.
Un reclamo que trasciende grietas
Las iniciativas en la legislatura provincial unificaron propuestas tanto del oficialismo como de la oposición, demostrando que en Corrientes la causa Malvinas es una política de Estado indiscutible. Durante el debate, los legisladores calificaron la remoción como un “castigo ideológico” y una afrenta a la identidad provincial. La diputada Ana Almirón señaló que estas medidas “no construyen memoria, sino división”, advirtiendo que se intenta borrar la “correntinidad” de un museo nacional.
En sintonía con esta postura, la Cámara de Senadores de Corrientes también manifestó su rechazo de manera unánime, instando a las autoridades nacionales a dar marcha atrás con la medida. El proyecto, que contó con el respaldo de todos los bloques, subrayó que la trayectoria de Pascua como militante de la causa y defensor de los derechos humanos es un patrimonio que trasciende a la provincia. Los senadores recalcaron que el homenaje a un héroe no debe construirse sobre la supresión de otro, abogando por la “ampliación y fortalecimiento de los espacios” en lugar de la sustitución de nombres.

A este rechazo legislativo se sumó el Concejo Deliberante de la Ciudad de Corrientes, que aprobó un proyecto de declaración para exigir explicaciones formales sobre los motivos de la supresión del nombre. El concejal Gabriel Romero defendió el derecho de la comunidad correntina a tener un reconocimiento permanente, recordando que Pascua no solo fue un divulgador de la soberanía, sino también quien motorizó las denuncias judiciales por los vejámenes y torturas cometidas por oficiales contra los soldados durante la guerra.
“Un castigo ideológico para ocultar la historia”
El exsubsecretario de Derechos Humanos de Corrientes, Pablo Vassel, se sumó a las críticas calificando la medida como un “castigo ideológico” instrumentado por la actual dirección del museo. Vassel denunció que se está utilizando la figura del maestro Julio Cao para “ocultar” a Pascua, quien representa la antítesis del pensamiento del gobierno actual al haber sido la pieza clave para que los conscriptos del NEA rompieran el “pacto de olvido” impuesto por las juntas militares. Según el exfuncionario, esta decisión busca reducir el espacio a un mero “museo de guerra”, eliminando su función pedagógica original de enseñar sobre la soberanía, la fauna y los derechos integrales de las islas. Vassel recordó con emoción que Pascua incluso renunció a sus propios sueños, como volver a las islas, para priorizar el acompañamiento de sus camaradas en las denuncias por torturas ante los juzgados federales
Orlando Pascua: El pionero de la posguerra
La figura de Orlando Pascua, nacido en Curuzú Cuatiá, representa la esencia de la organización de los excombatientes en democracia. Fue uno de los impulsores de los primeros Centros de Veteranos, luchando contra la “desmalvinización” y el olvido que sufrieron los soldados al regresar al continente.

Como “militante de la vida” —título que adoptó tras cumplir años en una trinchera bajo fuego el 14 de junio de 1982— Pascua dedicó su existencia a la defensa de los derechos humanos. Paradójicamente, fue un promotor incansable de la identificación de los soldados enterrados en Darwin, labor que permitió devolverle la identidad a muchos héroes que figuraban como “soldado solo conocido por Dios”, incluyendo, precisamente, a Julio Rubén Cao.
La crítica al “desplazamiento simbólico”
Si bien las fuentes destacan que el maestro Cao merece los máximos honores, las críticas se centran en la metodología de la gestión nacional. El escritor, periodista y excombatiente Edgardo Esteban ha calificado el hecho como un “desplazamiento simbólico”, argumentando que el predio del museo es lo suficientemente amplio para albergar nuevos homenajes sin necesidad de eliminar los existentes.
Para diversos sectores, esta decisión parece guiada por diferencias ideológicas que corren el riesgo de transformar un espacio de encuentro en un “terreno de exclusiones”. En un contexto donde la causa Malvinas requiere “más puentes y menos grietas”, la exigencia correntina deja claro que la memoria no debe construirse a partir de la cancelación de quienes fueron fundamentales para sostener la causa en el interior profundo del país.
