La visita del presidente sudafricano a Brasilia puso en evidencia la creciente relevancia internacional de las potencias más industrializadas de Ámérica Latina y África. Brasil y Sudáfrica se posicionan como actores globales que, al tiempo que incrementan su comercio y cooperación en amplios campos, coinciden en el posicionamiento frente los conflictos bélicos en curso y se proponen articular acciones en materia de defensa. Siguiente parada: la cumbre de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur de Río en abril próximo.
Por Guillermo Carmona
La visita oficial del presidente sudafricano a Brasil se ha erigido en un hecho geopolítico relevante tanto por su carácter estratégico en la profundización de las relaciones entre ambos países como por el manifiesto contraste que marca frente al clima de beligerancia que domina la escena internacional actual. En un contexto signado por las guerras de agresión, la radicalización de los discursos militaristas y la violación sistemática del derecho internacional, la apuesta de los gobiernos de Brasil y Sudáfrica por la solución pacífica de las controversias, la cooperación Sur-Sur, el multilateralismo y el desarrollo productivo con justicia social señala un camino alternativo y viable frente a las catástrofes que patrocinan las potencias del Norte Global y sus aliados regionales.
Si bien el presidente Cyril Ramaphosa ha participado anteriormente en cumbres presidenciales en Brasil, esta es la primera visita de Estado, lo que explica la importancia que le han otorgado ambos países a este acontecimiento.
El recibimiento del presidente Lula excedió ampliamente el tratamiento protocolar que habitualmente brinda a los jefes de Estado visitantes. Además de reflejar la consideración hacia el presidente de un país aliado y socio estratégico, quedó expuesta en la gestualidad y en las palabras del líder brasileño la afinidad personal con el líder africano, al que calificó como “compañero”, expresión que reserva a muy contados pares: “usted es uno de los pocos presidentes a los que realmente puedo llamar compañero porque usted ha estado en el piso de la fábrica, de la misma manera que yo lo he hecho”, le expresó Lula afectuosamente. Como Lula, Ramaphosa se involucró en la política proviniendo de una familia humilde y transitó una intensa actividad sindical que lo llevó a ser secretario general de los mineros sudafricanos.

Las coincidencias entre ambas figuras trascienden lo personal y se manifiestan en la coyuntura del ejercicio presidencial: ambos fueron objeto de ataques de Trump, resistieron con firmeza las amenazas, presiones y medidas arancelarias del gobierno estadounidense, fueron desafiados por Elon Musk durante su breve paso como funcionario del gobierno estadounidense y transitaron –y lo siguen haciendo- el camino de la política y la diplomacia para intentar preservar la relación con Estados Unidos en un marco de respeto difícil de mantener frente a las exorbitancias trumpianas. Lula y Ramaphosa sobresalen por esas similitudes entre el reducido número de mandatarios y mandatarias que no se dejaron atropellar por Trump.
La agenda de la visita, los discursos de los presidentes y los acuerdos alcanzados denotan una profundización del vínculo bilateral y una alta sintonía en el abordaje de los desafíos globales para dos países que son, respectivamente, los más industrializados de África y América Latina, y actores clave de los BRICS, del G-20 y de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPACAS).
Fortaleciendo la relación de asociación estratégica
La visita de Ramaphosa a Brasil se enmarca en el objetivo compartido de ambos países de consolidar y profundizar la asociación estratégica que fue impulsada y acordada en 2010 por los presidentes Lula y Jacob Zuma. Agência Brasil, la agencia pública de noticias brasileña, señaló que el objetivo del encuentro entre ambos mandatarios fue “ampliar el comercio bilateral y discutir asociaciones en áreas como turismo e inversión”, destacando que “desde 2010, Brasil y Sudáfrica mantienen una asociación estratégica, que representa un nivel superior de relaciones bilaterales. La agenda de vínculos incluye defensa y seguridad, energía nuclear, inversiones, cooperación y acceso a mercados. Además, los países mantienen abiertos canales de diálogo en diversos foros multilaterales”.

El comercio entre Brasil y Sudáfrica es importante, pero está lejos aún de sus posibilidades: alcanzó los US$ 2.300 millones en 2025. Ambos presidentes destacaron el potencial de la relación económica y comercial. Ramaphosa afirmó que “esta visita está fortaleciendo la base entre nuestros dos países con respecto a un mayor comercio y mayores inversiones”. Por su parte, Lula explicitó el potencial de la relación bilateral y propuso nuevos desafíos: “Brasil tiene 215 millones de habitantes. Sudáfrica tiene 62 millones de habitantes. Sudáfrica es el país más industrializado del continente africano. Nosotros somos el país más industrializado de América Latina. Por lo tanto, no hay explicación política para que no tengamos un comercio superior a los 10 mil millones de dólares”, afirmó el presidente brasileño.
Sin embargo, ese énfasis puesto en el comercio bilateral quedó poco visibilizado en las crónicas periodísticas. Las referencias a la caótica situación internacional y las definiciones geopolíticas expresadas por ambos presidentes en sus discursos dejaron en un segundo plano de las noticias a los asuntos económico-comerciales. La repercusión internacional de tales posicionamientos confirma el destacado y creciente papel global que juegan Brasil y Sudáfrica como potencias del Sur Global que comparten intereses en un área cada vez más relevante, la que está delimitada por África, América Latina y el Atlántico Sur.
Defensa como disuasión y producción para la defensa
Los párrafos del discurso de Lula dedicados a los desafíos en materia de defensa fueron los que mayor impacto tuvieron en las redes sociales y medios de comunicación. El presidente brasileño destacó el carácter de zona de paz que ostenta la región sudamericana. “No tenemos armas nucleares aquí, nadie tiene armas atómicas en esta región. Nuestros drones se utilizan en la agricultura, para ciencia y tecnología, y no utilizamos drones para la guerra. Así que pensamos en la defensa como disuasión. Pero no sé si el compañero Ramaphosa percibe que, si no nos preparamos en el área de defensa, podríamos ser invadidos en algún momento”, afirmó Lula.
En una clara manifestación de autonomía estratégica, agregó que “No necesitamos comprar a los señores de las armas. Nosotros podríamos producir las nuestras. Lo que necesitamos es convencernos a nosotros mismos de que nadie nos va a ayudar aparte de nosotros mismos”.
No se trata de un planteo novedoso en el caso de Lula. La autonomía estratégica desde una perspectiva del carácter disuasorio de la defensa y el impulso de la industria para la defensa nacional y regional han sido pilares de las políticas de defensa brasileñas en los gobiernos del Partido de los Trabajadores y fueron criterios vertebradores de los planes acción del Consejo Sudamericano de Defensa de la UNASUR, organismo creado en diciembre de 2008 a instancias de Lula y su ministro de Defensa Nelson Jobim. Asimismo, la cooperación en materia de defensa entre Argentina y Brasil durante los gobiernos de Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández estuvo inspirada en esa misma perspectiva. Lo novedoso no es, por tanto, la política que inspira al planteo actual de Lula sino el explosivo escenario internacional y el carácter categórico con el que lo formuló.
Comprometidos con el multilateralismo, la diplomacia y el diálogo
La visita evidenció que Lula y Ramaphosa comparten el diagnóstico sobre la situación internacional y el modo de abordaje de los conflictos internacionales mediante la solución pacífica de las controversias, el respeto del derecho internacional, la promoción de la cooperación y el multilateralismo. Estas posiciones, que pueden verificarse en los discursos pronunciados y en la Declaración Conjunta suscripta por ambos presidentes en Brasilia, remiten a las prácticas que vienen sosteniendo ambos países frente a los más graves conflictos y crisis de los últimos años.
En efecto, Brasil se ofreció como mediador en la guerra que sostienen Rusia y Ucrania y, en en 2023, propuso junto a China la realización de una conferencia internacional de paz con participación igualitaria de todas las partes relevantes en el conflicto para buscar una solución negociada de la guerra.
Sudáfrica, por su parte, promovió ese mismo año una causa por genocidio ante la Corte Internacional de Justicia contra el Estado de Israel por las masacres cometidas en Gaza.
Ambos presidentes se han manifestado en favor del fortalecimiento de Naciones Unidas a partir de la implementación de reformas que reflejen más adecuadamente la nueva realidad internacional. En tiempos en que se da por muertos al derecho internacional y al multilateralismo estos presidentes del Sur Global abogan por su aggiornamento y condenan las acciones que atentan contra la vigencia del primero y el funcionamiento del segundo.
En el encuentro en Brasilia, los mandatarios se refirieron al contexto del conflicto renovado en el Medio Oriente. El presidente Ramaphosa reiteró el “llamado a la resolución pacífica de las disputas de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas”, el planteo de un cese el fuego inmediato y la condena a “la pérdida de vidas, particularmente las vidas de civiles y la destrucción de infraestructura vital en esa parte del mundo”.
Lula, por su parte, destacó que “Brasil y Sudáfrica comparten la convicción de que el Sur Global tiene que tener una voz activa en las grandes decisiones internacionales”, considerando que “la escalada del conflicto en el Medio Oriente representa una grave amenaza para la seguridad y la paz internacionales, con amplios impactos económicos y humanitarios”.
Estas posiciones de apego al derecho internacional resultan, paradójicamente, el ejercicio de un alto grado de autonomía de parte de Brasil y Sudáfrica ya que contradicen la consagración y promoción de una suerte de ley de la selva por Trump y Netanyahu, avalada con su seguidismo justificatorio por los europeos y entusiastamente obedecida por Milei y otros presidentes derechistas latinoamericanos. La paradoja radica precisamente en que los “campeones” del orden internacional basado en reglas son los primeros en promover su destrucción.
Si bien la hipocresía de las potencias centrales es de larga data, ha quedado patentizada grotescamente esta semana con las expresiones de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen quien ha dicho que la Unión Europea “ya no puede confiar” en el sistema internacional basado en reglas, “propio de un mundo que se ha ido y que no volverá”. Sus dichos fueron cuestionados por el ex Alto Representante de la Unión Europea (UE) para Política Exterior, Josep Borrell, quien, a través de un mensaje en redes sociales, afirmó que la “expiración” del Derecho Internacional no puede decretarse en un discurso.
Más allá de las reacciones críticas que generó, la manifestación de von der Leyen es la que mejor explica las posiciones adoptadas por las principales potencias de la UE, e incluso de Gran Bretaña. Lula y Ramaphosa se erigen como la contracara del “expiracionismo” y la política del doble estándar europeos.
La segunda presidencia de Trump ha profundizado la percepción de que el agotado orden internacional nacido tras la Segunda Guerra Mundial es reemplazado hoy por la promoción no de un nuevo orden sino del desorden global. Las posiciones de Lula y Ramaphosa apuntan, en cambio, a la reedificación de un orden internacional que refleje el actual mundo multipolar o policéntrico antes que a contribuir a la demolición total y definitiva de cualquier idea de orden.
Esta perspectiva quedó claramente expresada en la Declaración Conjunta suscripta por los presidentes tras su encuentro. Tras fijar posición en sucesivos párrafos dedicados a cada uno de los conflictos internacionales en curso, expresaron en el párrafo 14 sus coincidencias sobre el sistema internacional que por su importancia y claridad merecen ser transcriptas:
“Reafirmando el común compromiso de Brasil y Sudáfrica con el multilateralismo, con las Naciones Unidas como eje central, destacaron que la diplomacia y el diálogo siguen siendo el instrumento más eficaz para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Subrayaron la necesidad de un reforma amplia y profunda de las Naciones Unidas para adaptar la organización a los desafíos y las realidades del siglo XXI y promover una mayor y más efectiva participación de los países en desarrollo en sus órganos decisorios. En este sentido, resaltaron la necesidad de una reforma urgente del Consejo de Seguridad, con miras a hacerlo más representativo, legítimo y eficaz, con una participación de los países en desarrollo en ambas categorías de miembros. Los presidentes acordaron seguir abogando por el inicio de las negociaciones basadas en textos sobre la reforma del Consejo de Seguridad en la Asamblea General de las Naciones Unidas”.

La autonomía estratégica que los gobiernos de Brasil y Sudáfrica pregonan no solo es discursiva o letra destinada a las declaraciones suscriptas. Ese mismo grado de autonomía respecto de las potencias del Norte Global quedó reflejado, como lo analizó Juan Cruz Campagna en una interesante nota en pAS, en el primer ejercicio naval conjunto de los BRICS, realizado en aguas sudafricanas en enero pasado, e inspira la cooperación planteada por Brasil y Sudáfrica en materia de defensa.
Camino a la cumbre de ZOPACAS en Río: “El mar fue hecho para unirnos”
En su discurso, Lula achicó la distancia geográfica entre Brasil y Sudáfrica, de casi 8.000 kilómetros entre sus capitales, introduciendo un interesante concepto de vecindad. Afirmó que “entre Brasil y Sudáfrica no hay fronteras, solo un pequeño océano entre nosotros. El mar fue hecho para unirnos”. Esa mirada del océano Atlántico Sur como espacio de unión y articulación pone a Sudamérica y África en el mismo vecindario.
Lula otorga a esa vecindad un valor estratégico acorde a la relevancia que la política exterior brasileña a otorgado a la relación con los países del continente africano desde la década de los 60 del siglo pasado. Pero, además, esa concepción es la misma que dio lugar a la creación de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur, mecanismo que se creó a instancias de Brasil y con fuerte apoyo argentino hace 40 años mediante de la Resolución 41/11 por la Asamblea General de la ONU el 27 de octubre de 1986.
La conmemoración de los 40 años de la creación de la ZOCAPAS fue celebrada en la Declaración Conjunta emitida tras el encuentro entre Lula y Ramaphosa, expresando que “tomaron nota con satisfacción de la presidencia pro tempore que asumirá Brasil en abril, durante la IX Reunión Ministerial de la ZOPACAS, que se celebrará en Río de Janeiro”.
En efecto, en cumplimiento de lo acordado en la Cumbre de Mindelo, Cabo Verde, realizada en abril de 2023, Brasil asumirá la presidencia en la reunión ministerial que está programada para los días 8 y 9 de abril en Río de Janeiro. La Cumbre de Ministros congregará a representantes de los 24 Estados miembros, africanos y sudamericanos, de ZOPACAS y, de acuerdo a trascendidos surgidos de Itamaraty, la apertura contaría con la presencia del presidente Lula. El evento promete ser de máxima relevancia internacional en el crítico contexto geopolítico global.
