El 24 de marzo de 1999, la OTAN intervino en el conflicto relacionado con la independencia de Kosovo sin contar con la aprobación de la ONU. La ofensiva se cobró la vida de centenares de civiles y destruyó una parte considerable de las infraestructuras del país.
Por Omar Ruiz
Yugoslavia era un país multiétnico que tuvo en Josif Broz Tito (1892-1980) a su gran constructor y hacedor durante cuatro décadas, de una convivencia entre distintas nacionalidades y religiones, Eslovenia, Croacia, Serbia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro y Macedonia; católicos, ortodoxos y musulmanes; fue también una expresión distinta del socialismo de la guerra fría, un modelo que logró durante un tiempo una armonización de derechos sociales y económicos con libertades. En la Yugoslavia socialista imperaba el sistema de empresas autogestionadas, en el cual la propiedad de los medios de producción pertenecía a los trabajadores y no al Estado ni a las empresas. Tito defendía un socialismo de características yugoslavas, lo que lo llevó a distanciarse de Stalin, no integrar el Pacto de Varsovia y ser visto por occidente como un Estado tapón. Tito puso a Yugoslavia junto a la India de Nehru y el Egipto de Nasser como los creadores e impulsores del movimiento de No Alineados.

Tras la desintegración de la URSS en 1991, el occidente anglosajón incentivó las diferencias ya existentes entre croatas y serbios, entre serbios y bosnios, entre serbios y kosovares, que desde la muerte de Tito se habían profundizado y los conflictos entre las demás naciones. Curiosamente, Europa que promovía un proceso de integración a través de la Comunidad Económica luego Unión Europea, no apoyaba con el mismo criterio fórmulas de solución frente a la desintegración de Yugoslavia.
La guerra civil en la ex Yugoslavia costó cientos de miles de vidas, se violaron derechos humanos, hubo matanzas, fusilamientos y no se respetó el derecho internacional humanitario, de eso no hay dudas. Slobodan Milosevic fue condenado por el Tribunal Penal Internacional de la ex Yugoslavia por crímenes de guerra, lesa humanidad y genocidio; pero quienes bombardearon Belgrado sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU y mataron población civil siguen impunes en un claro y permanente doble estándar de la OTAN y la Justicia internacional.

Como ocurrió en Irak, Libia, Afganistán, Venezuela y hoy en Irán, el interés principal de EE.UU. y la OTAN, no son las libertades ni los derechos humanos, sino la geopolítica y los recursos naturales, y en el caso de Yugoslavia, se trataba además de dividirla, avanzar con la OTAN hacia el Este, desvincularla de Rusia y clausurar una experiencia de tercera vía que a través de un diálogo multicultural y un apoyo económico podría haber sobrevivido. En esos años, EE.UU. aplicó sanciones económicas, suspendió el tratado comercial con Serbia y Montenegro y condicionó a través del FMI la ayuda financiera a reformas económicas neoliberales. Además, promovió la independencia de Croacia y Eslovenia ofreciendo créditos en medio de una crisis económica sin precedentes (1).
El 24 de marzo de 1999, la OTAN intervino en el conflicto relacionado con la independencia de Kosovo sin contar con la aprobación de la ONU. Los bombardeos sobre el territorio de Yugoslavia (compuesta entonces por Serbia y Montenegro) se prolongaron hasta el 11 de junio. Durante aquellos 78 días, el bloque militar lanzó un total de 2.300 misiles contra 990 objetivos y 14.000 bombas. Solo en la capital, Belgrado, cayeron 212 bombas. La ofensiva se cobró la vida de centenares de civiles y destruyó una parte considerable de las infraestructuras del país. Según Srdjan Aleksic (2), director del grupo de abogados serbios que en 2017 intentó llevar a la OTAN a los tribunales por sus acciones, la alianza lanzó durante los bombardeos “entre 10 y 15 toneladas de uranio empobrecido”, que provocaron un desastre ambiental y multiplicaron por cinco los casos de enfermedades oncológicas. “El uso de proyectiles de uranio empobrecido ha causado terribles daños en Serbia: miles de personas enferman de cáncer cada año por los efectos del uranio empobrecido, miles mueren, estos son los datos del Instituto de Oncología”, explicó Aleksic.
Además, en ese marzo de 1999, los aviones de la OTAN bombardearon la embajada china en Belgrado, matando a tres periodistas chinos e hiriendo a más de 20 personas. La alianza militar calificó el ataque de “error” por mapas “obsoletos”.

Cómo todos los años, el presidente de Serbia, Aleksandar Vučić (3), aseguró que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) debe responder por la agresión contra la República Federativa de Yugoslavia iniciada el 24 de marzo de 1999, hace exactamente 27 años. En 2022, durante su intervención en el acto central conmemorativo de la efeméride en la Plaza de San Jorge de ciudad de Sombor, donde cayó la primera bomba y murió el primer serbio en 1999, el mandatario destacó que, con el inicio de la agresión, murió el derecho internacional moderno. “Desde entonces, nada en el mundo puede ser peor que lo que le hicieron a un pequeño país que era culpable porque quería estar solo, libre, libertario y no era del agrado de quienes derrocaron el viejo orden y crearon un nuevo orden en 1989 y 1990”, subrayó Vučić. El jefe de Estado recordó que durante los 78 días que duró la agresión de las fuerzas de la OTAN contra Yugoslavia, murieron 2.500 ciudadanos serbios entre civiles y militares y de ellos, 79 eran niños. “¿Quién eres tú para matar a nuestros soldados y policías en su propio territorio y en tu propio país?, ¿Quién te dio ese derecho?”, cuestionó. Asimismo, el dignatario aseguró que Serbia no quiere ningún conflicto, y aunque nunca entregará su país a nadie, tampoco olvidará los bombardeos de la OTAN en su territorio hace poco más de dos décadas. “Cuando les digamos cuáles son las líneas rojas, entonces no juegue con eso y no presione más, porque entonces obtendrá una respuesta de la orgullosa, digna y heroica Serbia, y nuestra respuesta es: no le daremos a Serbia y nunca se la daremos a nadie”, “19 países de la OTAN bombardearon nuestro país hace 24 años. Estos recuerdos están muy vivos aquí”, dijo el mandatario.
Este 24 de marzo de 2026 encontrara nuevamente al pueblo serbio recordando a sus compatriotas muertos por aquella agresión armada de la OTAN a su soberanía, en una clara violación de las normas internacionales, y estarán orgullosos de seguir defendiendo la dignidad de Serbia en el concierto de las naciones.
