La política exterior mileista se reduce a la reacción maquinal, imitativa, de decisiones tomadas en Washington y Tel Aviv. Del voto en Naciones Unidas contra los países africanos al intento de capitalizar el fallo sobre YPF, de la ruptura con los países de la región a la guerra de Irán, todo evidencia los crecientes costos sin beneficios del alineamiento automático con Estados Unidos e Israel. La noticia de un acuerdo entre Brasil y Reino Unido llega en ese contexto.
Por Guillermo Carmona
La política exterior del mileismo es un espanto. Excepto entre sus círculos de adherentes incondicionales, genera vergüenza en el país y provoca estupor en el mundo. En la semana que pasó tuvimos acabadas muestras de ello. La Argentina (des)gobernada por Milei ha quedado definitivamente enganchada como furgón de cola de Estados Unidos e Israel, trepando a los niveles más altos de coincidencia con Estados Unidos en las votaciones Naciones Unidas durante los años 2024 y 2025, muy por encima del 90%. El nivel promedio de coincidencia de los países latinoamericanos con los votos de Estados Unidos ronda el 40%. Ni siquiera Israel muestra semejante incondicionalidad en las votaciones. El alineamiento automático y la absoluta subordinación estratégica mileista ha puesto a la Argentina en una suerte de minoría automática en la Asamblea General de las Naciones Unidas, una minoría cada vez más minoritaria, repudiada y aislada en el escenario internacional.
Para el mileismo, la política internacional se reduce a la reacción maquinal, imitativa, de decisiones tomadas en Washington y Tel Aviv. Se trata de una política que refleja un desmesurado nivel de dependencia y carece de reflexión sobre lo que conviene a los intereses argentinos y sobre los costos que entraña para nuestro país asumir como propias las posiciones de los gobernantes de dos países que han decidido empujar al mundo a una guerra que acelera un creciente desorden global, desencadenando nefastos efectos humanitarios, geopolíticos, económicos y financieros.
Las consecuencias están cada vez más a la vista. El rupturismo respecto de la región, el desacople del Sur Global y la toma de distancia cada vez más ostensible de la mayoría de los países europeos –que esquivan comprometerse abiertamente en la guerra del dúo Trump-Netanyahu- acrecienta el aislamiento y nos expone, además, a que se carguen las derrotas estratégicas de Estados Unidos e Israel en la cuenta de la Argentina.
Los principales vectores de las relaciones internacionales de nuestro país se ven involucrados y potencialmente afectados por los desaguisados de esa orientación de la política exterior y por decisiones domésticas (valga como ejemplo de ello la desarticulación de los controles del SENASA que han derivado en el rechazo de carne argentina exportada a China) con impacto en el posicionamiento de Argentina en el escenario internacional: la integración regional, la Cuestión Malvinas, las relaciones económicas internacionales y las posiciones del país respecto de la defensa y la seguridad internacional, el desarrollo nuclear y tecnológico y el derecho internacional de los derechos humanos, entre otros. Y, como si fuera poco, Milei nos ha involucrado con sus gestos, dichos y decisiones en una guerra que se desarrolla en una remota región. A tal punto llega el disparate guerrerista que Pablo Quirno, el ex empleado de JP Morgan y ladero de Luis Caputo en Economía ahora convertido en canciller, recibió y comprometió en los últimos días apoyos a los aliados de Estados Unidos en la guerra contra Irán como si fueran socios de la Argentina en una guerra que el Congreso Nacional no ha declarado.

Directa o indirectamente, esos vectores de la política exterior de nuestro país arriba señalados quedaron impactados por las decisiones del gobierno durante la última semana.
Una minoría automática negacionista en la ONU
En un hecho que adquirió el carácter de escándalo internacional, la Argentina votó en contra de un proyecto de resolución, promovido por los países africanos y presentada por Ghana, para que la Asamblea General de la ONU declarara a la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos como “el crimen de lesa humanidad más grave” de la historia y propiciara una reparación histórica.
La resolución fue aprobada con el voto de 123 países, la abstención de 52 y el voto en contra de solo 3 países: la minoría automática constituida por Estados Unidos, Israel y Argentina. Son los mismos tres países que en noviembre de 2025 votaron en soledad contra una resolución para prevenir y poner fin a la tortura.
Esta vez no fueron parte de esa minoría automática el grupúsculo de pequeños Estados insulares, latinoamericanos incondicionales como Paraguay, Ecuador y El Salvador, y europeos gobernados por la ultraderecha que vienen acompañando a Trump y Netanyahu en la expresión de las más variopintas formas de negacionismo: de género, ambiental o climático, de los derechos humanos, etc. Tampoco los acompañaron los integrantes de la Junta de la Paz de Trump, entre ellos los casos de Indonesia, Arabia Saudita, Turquía, entre otros, que priorizaron sus tradicionales buenos vínculos con los países africanos y la coherencia con el rechazo a las secuelas del colonialismo imperialista que también han sufrido a lo largo de la historia.
Ni siquiera los países europeos, principales victimarios y beneficiarios del comercio de humanos, se atrevieron a votar como la Argentina. Haciendo gala de su tradicional dominio de la hipocresía y el doble estándar internacional, optaron por abstenerse, con lo que quedó aún más evidenciado el repudiable voto de la minoría automática. En términos futbolísticos, la Argentina de Milei se llevó la marca de los repudios junto a Estados Unidos e Israel.
Lo que lograron los países africanos con la aprobación de la resolución en la Asamblea General de Naciones Unidas es monumental, fruto de una acción política y diplomática impulsada por la Unión Africana y asumida con especial compromiso por algunos de sus miembros. Nos es sencillo conseguir adhesiones tan amplias en la Asamblea General a iniciativas que, además de comprometer la reputación internacional del Norte Global, pueden acarrear en el futuro consecuencias económicas significativas.

El voto argentino fue ante todo aberrante por sus connotaciones en el plano humanitario. El mileismo rompió con una historia de temprano y continuo compromiso argentino en la lucha contra la esclavitud y la trata de personas, y destrozó la reputación internacional de nuestro país con la defensa del derecho internacional humanitario. Asimismo, contradijo la histórica lucha de nuestro país contra el colonialismo, un flagelo que aún padecemos en carne propia con la ilegal ocupación británica de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y de sus espacios marítimos e insulares. En esta segunda dimensión, el voto negativo fue insolidario y temerario. En bloque, los países africanos han apoyado categóricamente a la Argentina en la Cuestión Malvinas en Naciones Unidas y en declaraciones de respaldo surgidas de diversos foros multilaterales, como el Grupo de los 77 y China, la Cumbre de los Países Sudamericanos y Africanos (ASA) y las cumbres de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPACAS). En particular ha sido de alto valor el acompañamiento y compromiso de los Estados africanos que integran el Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas. Además de insolidaria, la ruptura de la reciprocidad en el apoyo en una temática que tiene especial vinculación con las atroces secuelas del colonialismo ha constituido un accionar temerario en cuanto representa un grave riesgo de pérdida de apoyos de una parte muy importante de la comunidad internacional en la Cuestión Malvinas.
Como ha sostenido Jorge Poblette en una columna publicada esta semana en pAS, el voto mileista constituye “un giro diplomático que rompe los consensos básicos de la Argentina democrática, donde un vergonzoso vasallaje con los intereses de Estados Unidos e Israel, lleva a negar la naturaleza criminal de una empresa racista cuyas víctimas necesitan reconocimiento y reparación”. La participación de la Argentina en esa minoría automática negacionista no puede dimensionarse adecuadamente sin tener en cuenta que el negacionismo frente a la esclavitud guarda directa vinculación con el negacionismo del genocidio en Gaza, de la violación sistemática de los derechos humanos de los palestinos de Cisjordania y del actual desplazamiento y vulneración de los derechos de casi un millón de habitantes del sur del Líbano. Estas acciones ejecutadas por el gobierno de Netanyahu han contado con el aval y el apoyo armamentístico de Estados Unidos y con una cerrada defensa por parte de Milei. No podemos olvidar que Milei ha hecho apología del genocidio al afirmar que Israel no ha cometido “ni un solo exceso en Gaza”.
Buena parte de la energía de la administración libertaria está puesta en intentar mostrar alguna ventaja para la Argentina como contraprestación a la renuncia a decidir sobre la propia política exterior que representa ser parte de esa minoría automática. A pesar del esfuerzo, hay indicios de que el intento no les estaría funcionando.
Gracias, de nada
La noticia del rechazo de la justicia estadounidense a la demanda del fondo buitre Burford por la expropiación de YPF fue, sin lugar a dudas, visualizada por el mileismo como una oportunidad para mostrar los beneficios del vasallaje. La celebración libertaria estuvo marcada por la persistente afirmación de que la decisión estuvo marcada por la genialidad de Milei de entregarse a Trump. Títulos como “De pagar u$s16.000 millones a frenar todo: cómo Trump y Milei lograron dar un giro al caso YPF” pusieron de manifiesto ese esfuerzo comunicacional. Las declaraciones de la secretaria Legal y Técnica, María Ibarzabal, en una reciente entrevista tienen el mismo objetivo: “La relación de Milei con Trump tuvo una relevancia fundamental”, ha dicho.
Sin embargo, con el paso de las horas el panorama se ha ido clarificando. Uno de los que ha echado luz sobre este aspecto ha sido el abogado y ex subprocurador del Tesoro durante la gestión de Alberto Fernández, Sebastián Soler, quien ha destacado que la sentencia del Tribunal de Apelaciones de Nueva York confirma la legalidad de expropiación concretada por Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof, ha señalado que la continuidad en la estrategia de defensa argentina a través de cuatro gobiernos ha sido clave y ha mensurado el papel jugado por Estados Unidos y por Trump en el juicio. En este último aspecto, al ser entrevistado por LPO, afirmó que “Hay que entender que Estados Unidos no estuvo en contra del fallo de fondo de la jueza Preska. Pero sí el gobierno de Estados Unidos presentó dos escritos muy importantes, apoyando la postura de la defensa argentina. Uno bajo el gobierno de Biden y otro bajo el gobierno de Trump. Fue en dos cuestiones puntuales. La primera, oponiéndose a la pretensión de Burford, acogida por una orden de Preska, de tratar de forzar el pago de esa sentencia ordenándole a la Argentina entregar acciones de YPF. Y la segunda, apoyando la petición de la defensa argentina de suspender el proceso de Discovery, es decir, de adecuación de información, hasta tanto se resolviera el fondo del asunto, que es lo que sucedió hoy. Es decir, el gobierno estadounidense apoyó la defensa argentina, pero en cuestiones colaterales al tema de fondo”.
Soler amplió los conceptos vertidos en esa entrevista a través de su cuenta en la red social X. En un posteo escribió: “¿Influyó el apoyo de EEUU? No lo sé. EEUU no presentó un amicus apoyando a Argentina en la apelación de fondo (presentó dos contra la orden de Preska de entregar las acciones de YPF en pago de su fallo que no estaba firme). Los que sí presentaron amicus de fondo fueron Brasil, Uruguay, Chile y Ecuador. El involucramiento y la mirada común de esos cuatro países de la región, con gobiernos de diferente signo ideológico, ilustran la gravedad de la amenaza sistémica del fallo de Preska.” Y cerró su argumentación afirmando que “Esos amicus empezaron a procurarse en 2023, durante la gestión del gobierno anterior, y se terminaron de conseguir y presentaron en marzo de 2024 durante la gestión del gobierno actual”.
Todo indica que los elogios del mileismo a Trump son como mínimo desmesurados.
Cuando el vecino te pasa la factura
Otro episodio de la semana que termina ha dejado demostrado que las exorbitancias en el alineamiento automático, la ruptura de una política de Estado y el desprecio por los vecinos –desplantes e insultos a sus presidentes incluidos- tiene graves consecuencias para el país. Brasil comunicó que suscribió una Asociación Estratégica con el Reino Unido para el periodo 2026-2030, elevando el diálogo político entre ambos países al nivel de asociación estratégica con el compromiso de estrechar la colaboración en áreas claves.
El acuerdo fue suscripto por el canciller brasileño Mauro Vieira y su par británica Yvette Cooper en los márgenes de la reunión de cancilleres del G-7. Itamaraty informó que la asociación estratégica está estructura en los pilares de diálogo político y cooperación internacional, comercio e inversiones, seguridad y defensa, transición justa y desarrollo sustentable y conexiones interpersonales.
Las reacciones adversar a la noticia no demoró en hacerse notar en las redes sociales de argentinos. La caracterización de la actuación brasilera como una agachada de un país al que consideramos amigo y hermano fue acompañada de referencias socarronas hacia la “patria grande” de los detractores de la integración regional.
Sin lugar a dudas resulta lamentable y muy preocupante que Brasil haya avanzado en un acuerdo de semejante envergadura con la potencia ocupante de Malvinas y con la potencia que militariza el Atlántico Sur significando, en términos que distintos gobiernos brasileños han suscripto en reiteradas ocasiones, una amenaza para la región. Lo que no puede dejar de considerarse es que esto se da en un contexto en el que el propio gobierno de Milei acordó mediante un comunicado conjunto cosas similares a las que contempla este marco de cooperación brasileño-británico. El pacto Mondino-Lammy, reedición del nefasto pacto Foradori-Duncan, habilitó a los chilenos primero y ahora a los brasileños a avanzar en esquemas de cooperación que significan un desafío para la Argentina. Es previsible que Chile y Brasil sigan condenando el colonialismo británico y la militarización en Malvinas, apoyando los derechos argentinos, al tiempo que estrechan unos vínculos con Gran Bretaña que de algún modo vienen a contrapesar el avance del alineamiento de Milei con Estados Unidos.

El desbaratamiento de la compra de 156 unidades del Vehículo de Combate Blindado a Rueda “Guaraní 6×6” por la Argentina, que había sido objeto de una carta de intención del gobierno de Alberto Fernández, para habilitar la compra de los Stryker 8×8 usados y cuya aptitud para la topografía argentina ha sido cuestionada, es parte del contexto en el que se concreta el avance del vínculo brasileño-británico.
Convendría que la Cancillería mileista tuviera presente tres consideraciones fundamentales frente a las reacciones de los Estados vecinos y del mundo en general: la primera, es que los países siempre buscan balancear los valores y principios a los que adscriben con sus intereses más concretos vinculados al quid pro quo (algo a cambio de algo). El ejemplo de los vehículos blindados grafica cómo opera ese balance; la segunda, es que en la política internacional opera la teoría de los actos propios que sintetiza el viejo adagio latino “nadie puede alegar la propia torpeza” para liberarse de las responsabilidades que producen las decisiones desatinadas originadas en los propios actos. Y la tercera, es que la diplomacia británica no descansa ni otorga concesiones a los gobiernos condescendientes hacia sus intereses. Así como los británicos aprovecharon el escenario concesivo del pacto Foradori-Duncan durante el gobierno de Mauricio Macri para cerrar acuerdos de libre comercio con distintos países de la región, hoy usufructúan las políticas de absoluta funcionalidad de Milei con los intereses británicos para avanzar en acuerdos aún más comprometedores con vecinos como Chile y Brasil.
La falta de reflexión y de evaluación sobre las consecuencias del hacerse parte de una minoría automática, del rupturismo con la región y de las bravuconadas con los gobiernos de países hermanos es la principal causa de los graves retrocesos que evidencia la patética política exterior mileista.
