Foto: Alexander Haig, secretario de Estado norteamericano y Leopoldo Galtieri, presidente de facto, en uno de sus encuentros durante la guerra de 1982.
A partir del análisis de los intereses en juego en torno al petróleo durante la Guerra de Malvinas y el papel de Estado Unidos en el conflicto bélico, el autor advierte sobre el riesgo de repetir la vieja receta de la dictadura en torno a las expectativas de una solución estadounidense a la disputa de soberanía.
Por Alberto Martínez del Pezzo (*)
El intelectual internacionalista y funcionario, Juan Carlos Puig, elaboró un enfoque argentino de las relaciones internacionales basado en un importante concepto, la autonomía, que a grandes rasgos es la capacidad de un país de contar con ciertos elementos propios en relación a las reglas de juego del sistema internacional, pero principalmente, que definen la interacción con las potencias dominantes. Es decir que el sistema internacional, visto desde arriba, consta de países con ciertas capacidades que dictan las reglas de juego de los otros países hacia abajo, con lo cual en tiempo del autor, había potencias como Estados Unidos y la Unión Soviética que configuraban un orden bipolar, y potencias intermedias que se dedican a reproducir ese orden, como por ejemplo el Reino Unido para occidente, o, Yugoslavia para el bloque socialista, pero que cada uno mantenía su cierto grado de autonomía respecto a las potencias dominantes.
De esta manera se delimitaban áreas de influencia desde la cima de la pirámide internacional hacia abajo donde se distribuyeron premios y castigos, según las reglas dictadas por las potencias, para mantener dicho orden internacional. Este orden en apariencia estable también tenía sus conflictos intraimperiales, es decir, cada área de influencia no estaba libre de disputas hacia su interior, para nombrar algunos ejemplos, Francia era un socio díscolo para occidente como China lo fue para el orden sovietico. Este ordenamiento y estos conflictos son estructurantes para los países con una autonomía limitada como fue la Argentina en esos tiempos, (ni que decir hoy), pero en particular nuestro país cayó en una competencia intraimperial por el petróleo de las cuencas que rodea el archipiélago de las Malvinas entre Estados Unidos y el Reino Unido, donde distintos sectores de la Dictadura de Leopoldo Galtieri, Jorge Anaya y Basilio Lami Dozo, se dedicaron a negociar por separado con ambos países, donde el ala liberal de José Martinez de Hoz se enfocó en negociar con los británicos la explotación del petróleo de las Malvinas, y otro sector de las FFAA negociaba la Organización del Atlántico Sur (OTAS), que buscaba que la Argentina se dedicara a custodiar esa parte del océano en el marco de la Guerra Fría, en donde se analizaba a las Malvinas como el principal enclave para establecer esta tarea.
De esta manera el archipiélago de las Islas Malvinas estaba atravesado por dos intereses contrapuestos de dos potencias de orden distinto y mutuamente excluyente, que con la salida del ministro de Economía, Martinez de Hoz, activó la propuesta estadounidense en manos del ex subdirector de la CIA Vernon Walter que prometió tercear frente a los británicos “acariciando el rizado pelaje británico” (Cardoso et al., 1983: 104) luego de que la Argentina recuperara las Malvinas. La Dictadura envalentonada sobre reaccionó frente a la trampa británica, en lo que se denominó como el “incidente Davidoff”, y llevó adelante la recuperación de las Islas con sus improvisadas estrategias de “ocupar para negociar” y “saturar para persuadir”, que terminaron en la capitulación argentina.
La historia a partir de aquí ya es conocida pero es poco sabido lo que expresó Alexander Haig, quien fue comandante supremo de la OTAN (1974-1979), y luego secretario de Estado de Estados Unidos (1981-1982), y mediador de la Guerra de 1982, en sus memorias expresó que en los Estados Unidos se creía que el motivo radicaba en el petróleo: “Exploraciones geológicas recientes habían revelado que las Malvinas estaban ubicadas sobre un gran estanque de petróleo submarino. Algunos de los funcionarios cercanos al presidente deducían de este hecho que la disputa acerca de las Malvinas tenía que ver con la cuestión del petróleo y podrían resolverse mediante un acuerdo para repartir los derechos de perforación y explotación” (Haig, 1984: 306).

A partir de aquí la historia también es conocida sobre el rol del estadounidense en las negociaciones trilaterales pero son poco conocidas las propuestas del secretario de Estado de Estados Unidos para solucionar el conflicto, donde todas involucraban a las FFAA en el terreno de las Malvinas, cuestión que los británicos veían con muy malos ojos, según Paul Foot, periodista del diario inglés Daily Mail, “opinó que el crucero Belgrano fue hundido para impedir que se obtuvieran efectos positivos en el intento de mediación promovido por el Perú [que no era otra que la estadounidense reciclada]. Sostuvo que Pym y Haig estuvieron discutiendo acaloradamente durante nueve horas los puntos para una posible solución y que, en el ínterin, el buque argentino fue torpedeado” (Cardoso et al., 1983: 230). Es sugestivo este dato ya que el submarino británico Conqueror estuvo casi dos días siguiendo al ARA General Belgrano.
Ahora yendo al presente, durante el actual gobierno de Javier Milei, ha habido trascendidos que Estados Unidos estaría analizando favorecer a la posición argentina en detrimento de la británica respecto del diferendo de soberanía por las Malvinas (Infobae, 21/12/2025; El Economista, 18/03/2026), y principalmente en las palabras de Marc Zell, dirigente republicano cercano al universo trumpista:

Declaraciones que se refuerzan en el marco de la crisis del petróleo generado por el ataque israelí-estadounidense a Irán, que disparó los precios del crudo, y que principalmente resintió las relaciones entre Washington y Londres por los aranceles pero principalmente por el uso de la base de la USAF en la Isla Diego García, territorio que pertenece a la República de Mauricio, que justamente los británicos deben devolver una parte a los chagosianos que son habitantes nativos, que el actual presidente Donald Trump fustigó a sus aliados por ese hecho. Y si agregamos a estos trascendidos la presión del mandatario de los Estados Unidos por “quedarse” (no está clara la forma) con Groenlandia, todo estaría indicando que el hegemón está declarando a todo el continente americano como propio.
Si bien el contexto histórico es muy diferente, la receta del actual gobierno parece ser la misma, buscar beneficios en base a un fuerte alineamiento con los Estados Unidos e Israel en un marco de una fuerte crisis del petróleo que al parecer vino para quedarse. Sin embargo Juan Carlos Puig, y las causas de la Guerra de las Malvinas en la boca de Alexander Haig, nos enseña que este tipo de descaro internacional tiene un precio, y se paga muy caro, cuando se trata de un conflicto intraimperial por el petróleo.
(*) Mg. Alberto Martínez del Pezzo, docente investigador UNdeC-IISCD, y miembro del Foro Argentino de Política Exterior
Citas:
- Cardoso, Oscar Raúl; Kirschbaum, Ricardo y Van Der Kooy, Eduardo, 1983. Malvinas, la trama secreta. Buenos Aires: Sudamericana/Planeta
- Haig, Alexander M., 1984. Memorias. Buenos Aires: Atlántida.
