Una auditoría del Tribunal de Cuentas Europeo cuestionó los logros de la Unión Europea en materia de minerales críticos, recursos esenciales para la transición energética, la industria tecnológica y la autonomía estratégica del continente. La creciente dependencia europea abre una oportunidad para el Sur Global. La verdadera discusión ahora es negociar inversión, tecnología, infraestructura y mayor valor agregado desde una posición de mayor poder.

Por Jorge Poblette

Luego que su socio americano los amenazara y maltratara sin ninguna consideración por los viejos tiempos, solo uno de cada diez europeos piensa que los Estados Unidos sea considerado aún uno de sus aliados. Esta idea del “fin de occidente” instaló la convicción de que la Unión Europea debería empezarse a unirse y defenderse por sí misma, y no solo para protegerse de amenazas externas sino también a pensar y actuar con mayor autonomía en materia de desarrollo tecnológico e industrial. Aunque, a diferencia de la gente, muchos dirigentes de Europa aún apuestan con seguir siendo los socios menores de los Estados Unidos, el rigor de los hechos los obliga a adoptar un nuevo enfoque de sus alianzas y prioridades. Una de esas urgencias es el suministro de minerales críticos que se ha convertido en una condición indispensable para que el bloque europeo pueda preservar su autonomía económica.

Pero a pesar de esta necesidad y de la existencia de la Ley de Materias Primas Críticas y del llamado Global Gateway, un programa para movilizar 300 mil millones de euros en un intento por posicionarse como un socio para las economías en desarrollo, fue una noticia preocupante que el principal organismo de control de la Unión Europea acaba de poner en duda el cumplimiento de este pilar fundamental de la estrategia sobre minerales críticos diseñada por Bruselas. Un informe de 69 páginas elaborado por el Tribunal de Cuentas Europeo, titulado “Materias primas críticas para la transición energética: una política que no es sólida como una roca”, concluye que la política comunitaria para asegurar el abastecimiento de estas materias primas “no se apoya sobre bases sólidas“. Aunque reconoce algunos avances, el organismo advierte que la Unión Europea continúa enfrentando debilidades estructurales para garantizar el acceso a estos recursos indispensables para su transición energética, su competitividad industrial y su autonomía estratégica. Hoy su dependencia de China es abrumadora. El país asiático produce aproximadamente el 70 % de la producción mundial de tierras raras y controla cerca del 90 % de la capacidad de refinación y fabricación de imanes. Casi la mitad de las reservas mundiales de tierras raras se encuentran bajo el suelo chino.   

El órgano de control señala con preocupación la elevada dependencia de un número reducido de proveedores externos, la lentitud con la que avanzan los proyectos mineros dentro del territorio comunitario, las dificultades para movilizar inversiones, la limitada capacidad para procesar y refinar muchas de estas materias primas y la dependencia tecnológica.

La auditoría es clave porque evalúa una de las políticas industriales más ambiciosas que la Unión Europea ha desarrollado en los últimos años. El Reglamento sobre Materias Primas Críticas, que fija las metas ambiciosas que están muy lejos de cumplirse. Precisamente por la magnitud de estos objetivos, la conclusión del Tribunal de Cuentas resulta especialmente significativa: considera que, pese a ese amplio conjunto de instrumentos, la estrategia europea aún no se apoya sobre bases suficientemente sólidas para garantizar el suministro futuro de estos minerales.

En definitiva, la advertencia trasciende el plano minero. Lo que el Tribunal pone en duda es la capacidad de la Unión Europea para reducir su dependencia externa en uno de los sectores considerados decisivos para la transición energética, la industria del futuro y la competencia geopolítica con Estados Unidos y China.

La respuesta de la Comisión Europea a este reproche fue ambigua y subrayó algunos avances y destacó las medidas adoptadas desde la aprobación del Reglamento sobre Materias Primas Críticas. Recordó la puesta en marcha de proyectos estratégicos, la simplificación de los procedimientos de autorización, el fortalecimiento de las alianzas internacionales y los nuevos instrumentos de coordinación y seguimiento. Sin embargo, mientras la Comisión pone el acento en el conjunto de iniciativas ya desplegadas, el Tribunal de Cuentas apunta a una cuestión distinta: si esas herramientas resultan suficientes para alcanzar los objetivos que la propia Unión Europea se fijó para reducir su dependencia externa y garantizar un abastecimiento seguro de estos recursos. Es precisamente en esa distancia entre las medidas adoptadas y la capacidad real para cumplir las metas donde se concentra el núcleo de la auditoría.

La preocupación europea no responde únicamente a la necesidad de asegurar el suministro de determinadas materias primas. Los minerales críticos constituyen hoy un insumo indispensable para fabricar baterías, vehículos eléctricos, turbinas eólicas, paneles solares, semiconductores, sistemas de defensa y buena parte de las tecnologías sobre las que se apoyará la competitividad industrial de las próximas décadas. Para Bruselas, reducir la dependencia externa en estos recursos dejó de ser una cuestión comercial para convertirse en un objetivo de seguridad económica y autonomía estratégica.

Bunker de Tierras Raras – Unión Europea

Las limitaciones señaladas por el Tribunal explican también por qué la Unión Europea ha ido, con lentitud, durante los últimos años concretando nuevas asociaciones estratégicas con países proveedores de minerales críticos. Si Europa reconoce que no podrá satisfacer por sí sola su demanda futura, asegurar el acceso a esos recursos en terceros países pasa a convertirse en una prioridad de su política exterior e industrial. También es cierto que si la producción, el procesamiento y el reciclaje dentro del bloque no avanzan al ritmo previsto, la Unión Europea deberá profundizar una estrategia para asegurar el acceso a los minerales críticos allí donde se encuentran. La cuestión a esta altura ya se ha transformado en un asunto de política exterior y competencia geopolítica.

Europa sale a buscar nuevos proveedores de minerales críticos

En ese escenario, los países del Sur Global adquieren una importancia creciente. América Latina concentra algunas de las mayores reservas mundiales de litio; África posee importantes recursos de cobalto, manganeso, grafito y tierras raras; mientras que Australia, Indonesia y otros productores se han convertido en actores decisivos para las nuevas cadenas globales de suministro. La competencia por asegurar esos recursos ya no enfrenta únicamente a empresas mineras: involucra a Estados, bloques regionales y grandes potencias que buscan reducir sus vulnerabilidades estratégicas.

El camino europeo no se limita a diversificar proveedores. El propio Reglamento sobre Materias Primas Críticas prevé la celebración de Asociaciones Estratégicas con mercados emergentes y economías en desarrollo, promoviendo proyectos que incorporen transferencia tecnológica, valor agregado local, desarrollo industrial, creación de empleo y beneficios mutuos para los países socios. En otras palabras, la Unión Europea procura presentar estas alianzas no sólo como una herramienta para fortalecer su propia seguridad de abastecimiento, sino también como un mecanismo de desarrollo compartido con los países productores.

Y es aquí donde las dificultades europeas pueden presentarse como una ventaja para otras economías emergentes. Y esto responde a una realidad geológica. Una parte importante de las reservas mundiales de minerales críticos, como de litio, cobre, cobalto, grafito, manganeso, níquel y tierras raras , se encuentra fuera de Europa, concentrada en países de América Latina, África, Asia y Oceanía. Esta distribución convierte a buena parte del Sur Global en un protagonista cada vez más relevante para la transición energética y la competencia tecnológica internacional.

Consciente de esa realidad, la Unión Europea comenzó a desplegar una estrategia de asociaciones con países productores. Por necesidad sabe que estos instrumentos deben ser atractivos para sus potenciales proveedores comprometiendo inversiones, agregado de valor local, transferencia tecnológica y otros beneficios económicos para los países socios

Úrsula Von der Leyen y Lula Da Silva

Las dudas, razonables, por cierto, es si esas aspiraciones podrán traducirse en una práctica distinta de la que históricamente caracterizó la relación entre las economías industrializadas y los países proveedores de materias primas. Tal como lo señalamos, para buena parte del Sur Global, la creciente demanda de minerales críticos abre una oportunidad inédita, pero también plantea un desafío conocido: transformar la abundancia de recursos naturales en desarrollo industrial, innovación tecnológica y mayor capacidad de negociación internacional, evitando reproducir un papel limitado al de simples proveedores de materias primas.

En ese nuevo escenario, Argentina reúne condiciones particularmente favorables. Además de integrar, junto con Chile y Bolivia, el denominado Triángulo del Litio, posee importantes reservas de cobre y un potencial geológico que comienza a atraer el interés de las principales economías industriales. Argentina es poseedor de grandes reservas de este mineral  y se proyecta como el país con mayor crecimiento regional. Posee además de Litio, 10.000 toneladas de reservas estimadas de Niquel sobre la Cordillera de Los Andes y reservas de 500 toneladas de Tierras Raras en seis provincias: Salta, Jujuy, San Juan, Córdoba, San Luis y Provincia de Buenos Aires. En cuanto al Manganeso se estiman reservas por 440.000 toneladas. En Cobre, Argentina posee yacimientos de alrededor 90,43 millones de toneladas. También se han registrado, aunque en pequeños volúmenes, yacimientos de cobalto y grafito. Pero hasta el presente son el litio y el cobre los que presentan mayor potencial económico en este tipo de minerales.  Brasil es otro escenario que Europa está trabajando con celeridad para cerrar nuevos acuerdos.

Los privilegios otorgados al amigo americano.

Aunque lo conveniente, para maximizar estos beneficios,  sería  preservar la autonomía de las decisiones, negociando con todos los bloques para así asegurar que el valor agregado se quede en el país, sin sacrificar soberanía ni desarrollo, lo cierto es que Argentina, mediante el  Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos entre los Estados Unidos,  firmado por Diana Mondino, no solo se comprometió a facilitar el acceso exclusivo a las empresas estadounidenses a sus recursos mineros, sino que se obligó a entregar información sensible a las  corporaciones interesadas a través del Project Vault (Proyecto Bóveda), mediante el cual se  otorgará a Estados Unidos  “información relativa a reservas, capacidades de procesamiento y estructuras de propiedad de los proyectos mineros”. Este sistema está administrado por Departamento de Comercio de los Estados Unidos, bajo la supervisión de agencias de seguridad nacional y el Departamento de Energía y fue financiado por el Banco de Exportación-Importación de EE.UU. (EXIM Bank), Google, General Motor, Boeing, General Electric, Western Digital, Corning Inc., Mercuria Energy Group, Hartree Partners, Traxys North America, entre otras.

Triángulo del Litio, imagen: ByB Global

Así es que este Acuerdo de Minerales Críticos con el gobierno de Donald Trump no solo subordina geopolíticamente a la Argentina, cerrándoles la puerta a los competidores de los Estados Unidos en nuestro país, a costa de convertir a nuestros territorios en simples enclaves extractivistas, sino que limita las posibilidades de aprovechar otras oportunidades, nuevas y más ventajosas alianzas como las que se abren con la Unión Europea. Son las desventajas de una política exterior que se apoya en un imperialismo por invitación donde la injerencia de las grandes potencias se facilita por el consentimiento servil que brindan los gobiernos colaboracionistas.

Jorge Poblette
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