La abstención argentina en la ONU ante un proyecto contra las formas contemporáneas de colonialismo abrió un frente de cuestionamientos a la falta de coherencia del nuevo discurso soberanista de Milei. Carlos Bianco, ministro de Gobierno bonaerense, cuestionó el voto y exigió explicaciones, pero el canciller Pablo Quirno optó por descalificarlo sin fundamentos. Sus tardías explicaciones evidencian falacias y contradicciones que comprometen la posición argentina sobre Malvinas.
Por Guillermo Carmona y Jorge Poblette
Desde el título de la Resolución “Abordar las formas contemporáneas de colonialismo» (A/C.4/81/L.5), que se presentó en Comisión Política Especial y de Descolonización de la ONU, que pide poner fin de manera rápida e incondicional al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones, señalando entre ellas «La explotación económica que vulnere la soberanía permanente de los Estados sobre sus recursos naturales», se dio por descontado el voto favorable de la Argentina ya que padece, desde hace 193 años, la usurpación, por parte del Reino Unido, de una parte de su territorio e incluso acaba de recurrir al Tribunal Internacional del Derecho del Mar para intentar frenar la explotación petrolera británica en Malvinas.
Pero cuando el proyecto de Resolución fue sometido a votación la delegación argentina se abstuvo. La decisión contradictoria, incoherente, contraria a los propios intereses del país, generó rechazos y polémica. ¿Cómo se explica ese voto después de que Javier Milei proclamara en cadena nacional que Malvinas constituye una causa nacional irrenunciable y anunciara medidas contra la explotación petrolera británica? ¿No es la apropiación ilegal de recursos naturales argentinos por Gran Bretaña una expresión de formas contemporáneas de colonialismo? ¿El involucramiento de compañías e inversores británicos, israelíes y estadounidenses en las actividades ilegales en Malvinas no configuran esas prácticas que la resolución de la Asamblea General busca evidenciar y condenar? Esos son los interrogantes que se manifestaron tras conocerse la abstención y que Carlos Bianco, ministro de Gobierno bonaerense, puso sobre la mesa mediante una publicación en la red social X. El canciller Pablo Quirno prefirió responder por esa misma vía con una burda descalificación personal antes que con argumentos políticos o diplomáticos: «No puede manejar una provincia, mirá si va a entender de política internacional» respondió, en alusión al ministro Bianco.
La reacción de Quirno es injustificable por la responsabilidad que este funcionario tiene en la votación de esta resolución. El tono patoteril del Canciller no explicó la abstención, no ofreció razones diplomáticas ni refutó los cuestionamientos que Bianco le formuló con absoluta pertinencia. Recién cuatro días después del cruce y ante la avalancha de cuestionamientos intentó una justificación con un extenso tuit de tono diplomático. La evidente intervención de personal de carrera mejoró las formas, aunque no logró revertir la percepción generalizada de que esa abstención fue un gol en contra de la Argentina.
Quirno se metió solo en un brete al intentar descalificar a Bianco, un hombre que se desempeñó como Secretario de Relaciones Económicas Internacionales en la Cancillería Argentina y que exhibe antecedentes en el campo de las relaciones internacionales de los que carece en absoluto el actual Canciller. Si lo que buscó fue desplazar la discusión hacia un terreno ajeno a lo que estaba en debate, eludiendo la cuestión de fondo, generó el efecto contrario: puso en foco la ausencia de argumentos. Quedó evidenciado que en la polémica con un funcionario provincial que expresa como nadie las posiciones de Axel Kicillof, principal contradictor y contendiente del presidente, no alcanzan las chicanas. Mucho menos cuando se trata de decisiones de política exterior que comprometen una causa tan sensible para la sociedad argentina como es la Cuestión Malvinas.
Bianco expresó que “El proyecto también señala las sanciones unilaterales como una forma contemporánea de colonialismo, algo que EE.UU. rechaza. ¿Es necesario aclarar que abstenerse para no incomodar a Washington debilita la coherencia de nuestra posición?” La observación de Bianco no surge en el vacío. Según el informe del Departamento de Estado de Estados Unidos sobre las votaciones en las Naciones Unidas, la coincidencia de Argentina con Washington en las votaciones de la Asamblea General consideradas importantes para los intereses estadounidenses pasó del 39 % en 2023 al 97 % en 2024. El dato, recogido por un estudio del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), permite dimensionar el giro de la política exterior argentina. Que dudas cabe que se vuelve insoslayable la pregunta que se hace Bianco: ¿qué razones diplomáticas llevaron al Gobierno argentino a abstenerse?
Soberanía, palabra incómoda para Quirno.
Para entender mejor las declaraciones de Quirno, conviene recordar otros episodios protagonizados por el ex JPMorgan. En abril de 2026, durante un intercambio en redes sociales con un habitante de las islas, el canciller utilizó el inglés y se refirió a ellas utilizando la denominación toponímica británica, expresando su deseo de visitarlas durante una semana: “I’d love to visit the Falklands/Malvinas for a week”, comentó obsequiosamente.
En agosto pasado, durante el debate sobre el proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que incluía medidas para facilitar la extranjerización de tierras, el canciller Quirno, cuya responsabilidad también es la defensa de la integridad territorial argentina, fue consultado sobre si estaba de acuerdo con que un extranjero pudiera comprar «un pueblo o una provincia». Su respuesta fue contundente: «Y sí, eso va a producir beneficios para la Argentina».
También durante una entrevista con Eduardo Feinmann, Quirno fue consultado sobre las críticas que advertían que la reforma a la ley de tierras podía poner en riesgo la soberanía nacional. Ante esa pregunta, respondió: “La soberanía es un discurso que para nosotros es anticuado”. Toda una declaración de principios en boca de quien tiene la responsabilidad de defender la soberanía argentina, y en especial bregar por la recuperación de las Islas Malvinas, Sandwich del Sur, Georgias del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes.
La respuesta del canciller resulta aún más cuestionable a la luz de los interrogantes que ya existen sobre sus vínculos personales e institucionales que lo ligan con la Fundación Argentina Global, sede de Future Leaders Programme Argentina, una iniciativa que, bajo la fachada de programa de formación, está destinada a la captación de una nueva generación de líderes argentinos en el marco de las políticas de poder blando británico. Esa iniciativa cuenta con el apoyo de Chevening, el programa internacional de becas del Gobierno británico financiado por el Foreign Office (FCDO), el ministerio responsable de la política exterior del Reino Unido, y de la Embajada Británica en Buenos Aires. Según reveló una investigación de Nicolás Lantos en El Destape, esa ONG ligada al macrismo cuenta entre sus miembros a Paola Di Chiaro, actual secretaria de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur, y también a Pablo Quirno Jr., hijo del ministro de Relaciones Exteriores. A pesar de la gravedad del hecho ni Quirno ni los implicados han rechazado ni dado explicaciones de hechos que revelan evidentes conflictos de intereses.
En este contexto, la respuesta de Quirno al ministro Carlos Bianco no fue una simple chicana, sino un intento de eludir el verdadero problema: una abstención diplomática incompatible con el giro soberanista que el gobierno nacional proclama sobre Malvinas y una grosera contradicción en materia de política exterior. La descalificación personal, que le ofreció al Canciller transitoriamente una salida aparentemente cómoda se le volvió en contra. Previsiblemente la polémica escaló y Bianco exigió la renuncia de Quirno. En la conferencia de prensa del martes pasado, el ministro bonaerense afirmó que “Quirno tendría que dar un paso al costado por farsante, por entregador, por inhábil y por incompetente. No está defendiendo el interés nacional, no está defendiendo la causa Malvinas”. Horas después, el Canciller publicó el tuit con el que pretendió justificar lo injustificable.
Canciller, no aclare que oscurece…
Esa publicación, de manifiesta factura diplomática, no solo no aclaró la situación, sino que abrió nuevos frentes para el gobierno, frentes que se profundizaran tras el paso por Buenos Aires del vicesecretario de Estado estadounidense, Cristopher Landau.
El hecho de que el texto publicado se ajustara al lenguaje diplomático no logro disimular las contradicciones y las falacias del voto en la ONU. Por un lado, el intento de Quirno de desmentir que la abstención respondió “a un supuesto alineamiento con los Estados Unidos”, tal cual fue textualmente escrito, es una misión imposible: tanto las declaraciones reiteradas del presidente y sus principales funcionarios, entre ellos el propio canciller, sobre el alineamiento automático e incondicional con Estados Unidos e Israel, como las estadísticas sobre los registros de las votaciones en la ONU no dejan dudas sobre el nivel de dependencia en que ha puesto a la Argentina la administración libertaria. Todas las expresiones del oficialismo tras el encuentro de Quirno con Landau van en el mismo sentido.
Por otro lado, el esfuerzo en intentar justificar en un análisis técnico la abstención (“Los equipos técnicos de la Cancillería analizaron cuidadosamente el texto”, dice el texto publicado por Quirno) fue en vano. El canciller afirmó que “La preocupación central fue que varias de sus disposiciones exceden el ámbito de aplicación de la resolución 1514 (XV), uno de los pilares jurídicos y políticos fundamentales de la descolonización, y de las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas”. La falacia de esta afirmación resulta se hace manifiesta al constatarse que la resolución 1514 (XV) “Proclama solemnemente la necesidad de poner fin rápida e incondicionalmente al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones” y dispone que “Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas” ¿Puede considerarse que una resolución que propone “Abordar las formas contemporáneas de colonialismo” es contradictoria o excede lo planteado por la resolución 1514? ¿No sabe el canciller que Argentina ha incorporado esa fórmula en numerosas declaraciones de apoyo a la Argentina por la Cuestión Malvinas de distintos foros internacionales, entre ellos de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur y del G-77 más China? ¿Desconoce Quirno que no acompañar esa iniciativa rompe la solidaridad con los más de 130 países que en esos foros apoyan a la Argentina? No creemos que no lo sepa. El problema radica en que la administración de la que es parte no solo acepta, sino que además promueve abiertamente que Estados Unidos realice esas prácticas neocoloniales que han adquirido niveles inauditos desde que Trump asumió su segunda presidencia.
No estamos ante una polémica. El núcleo central del cuestionamiento expresado por el ministro Bianco sigue sin respuesta. No se trata de un mero entredicho. Evidentemente, el canciller no puede explicar lo que desde todo punto de vista resulta inexplicable: una posición de la Argentina en Naciones Unidas que es abiertamente contraria a los intereses argentinos.
