Foto: la primera ministra Margaret Thatcher, el presidente Ronald Reagan y el secretario de Estado Alexander Haig, Londres, 1982.

Frente a la narrativa reduccionista que atribuye el conflicto al aislamiento nacionalista, una investigación documental que expone la interferencia de Washington —desde el ataque de la USS Lexington en 1831 que facilitó la usurpación británica de 1833 hasta las mediaciones de 1982—, revelando cómo el archipiélago funciona como un nodo marítimo y energético clave dentro de las disputas intraimperiales.

Por Alberto Martínez del Pezzo (*)

La historia oficial sobre la Guerra de Malvinas establece que la Dictadura recuperó las Malvinas de un día para el otro, y que la improvisación de la maniobra, ya contenía el fracaso de la gesta patriótica, y de allí en ciertos sectores de la sociedad argentina quedó arraigado la noción de patrioterismo. Que nos habla de cierto populismo nacionalista desconectado del escenario internacional, que no quiere ver la situación real de la Argentina frente a las condiciones de atraso de nuestro país, frente a un mundo que funciona mucho mejor, y por lo tanto cualquier discurso patrioterista suena a la frase de Galtieri: “si quieren venir que vengan”. En síntesis, cualquier discurso reivindicatorio de la soberanía es percibido como un envalentonamiento artificial bárbaro en contra de un mundo civilizado con look british.

La primera ministra británica Margaret Thatcher

Y como dijo Mark Twain, la historia no se repite pero rima, en la primera semana del mes de septiembre del corriente año comenzó a circular un rumor acerca de un anuncio sobre las la Causa Malvinas que despertó todo tipo de especulaciones, en el sentido, que ya habían habido declaraciones del gobierno de los Estados Unidos al respecto de un pronunciamiento a favor de la posición argentina sobre el diferendo de soberanía, cortando casi una centuria y media de la política estadounidense denominada hands off , que Washington denomina como el no involucramiento de su país en la disputa de soberanía (excepto cuandos se trata de hacer la guerra) , a pesar que en el año 1965 la resolución 2065 que llama a negociar para terminar con la situación colonial en las Islas Malvinas, que ni siquiera recibió el voto contrario por parte de los aliados atlánticos, sino sus abstenciones, con lo cual la resolución se aprobó sin ningún voto en contra.

En este mismo sentido patrioterista que dejó la historia oficial, de un día para el otro, el jueves 3 de septiembre mediante una cadena nacional, el Presidente y Jefe de las Fuerzas Armadas, hizo dos grandes anuncios: sanciones a las empresas que estén llevando adelante maniobras de exploración y explotación hidrocarburífera, y un polo logístico en Tierra del Fuego, para aumentar la presencia en un lugar estratégico, nos explicó el mandatario. Cabe destacar que poner en agenda la cuestión de los recursos en los mares circundantes de las Islas Malvinas, es siempre importante, por más gesto patrioterista pueda parecer, sin embargo, estas políticas sancionatoria y logística se viene aplicando desde el año 2011 y las obras para la base austral fueron detenidas por el gobierno actual, de esta manera, Javier Milei, entró en modo “Galtieri” [1] como lo expresó Guillermo Carmona,  Exsecretario de Malvinas y Atlántico Sur, en un presente donde el gobierno actual quiere impulsar medidas que en el altar del superavit fiscal y atracción de inversiones sacrificó.

Entonces yendo al candente panorama internacional, el actual conflicto por el nodo sistémico de la economía global, Estrecho de Ormuz, entre los Estados Unidos e Irán está marcando un antes y un después en todos los sentidos. Si ya el gobierno de Donald Trump comenzó con lo que se denominó la doctrina Donroe, que hace referencia a la política exterior iniciada por el presidente James Monroe a comienzos del siglo XIX que se opone al colonialismo europeo en el hemisferio occidental, como así denominan los estadounidenses al continente americano. Que se dá en el marco de la fuerte competencia con China, los Estados Unidos, comenzó en lo declarativo, a reivindicar como propio desde Groenlandia hasta la Antártida, que tuvo su punto máximo el 3 de enero con el secuestro de un presidente sudamericano, y más que nunca pone de relieve los pasos interoceánicos naturales y la ubicación geoestratégica del archipiélago de las Islas Malvinas.

Esta doctrina Donroe activó tensiones hacia el interior de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) frente a las actuales tensiones bélicas que no son una novedad. Por ello yendo a nuestra caja de herramientas para entender el presente frente al conflicto global actual, que enciende desde la pirotécnia declarativa como al ruido de los sables nucleares, es que vamos a hacer un recorrido histórico de cómo británicos y estadounidenses estuvieron profundamente intrincados desde el comienzo de la usurpación en 1833 hasta el status quo británico de no negociar la soberanía de la actualidad, en relación a mantener las asimetría de poder entre el norte y el sur por la fuerza, pero de competencia por la apropiación de los recursos naturales de la periferia.

Yendo a los comienzos de esta historia colonial, en los hechos previos a la usurpación de enero de 1833, la gobernación de la provincia de Buenos Aires, sanciona la prohibición de la caza de ballenas y focas en las Islas Malvinas, como acto de soberanía para evitar la extracción de riqueza de ese momento en el Atlántico Sur en manos extranjeras. En un hecho de cumplimiento de esta prohibición, se dio un incidente con tres pesqueros estadounidenses cazando focas sin autorización, lo cual hizo que se los apresara y fueran trasladados a Montevideo, esta medida generó el ataque de la corbeta de guerra USS Lexington, de la Armada de los Estados Unidos, que incursionó en Puerto Soledad destruyendo las instalaciones, que favoreció la posterior invasión británica.

De estos hechos que comenzaron la usurpación anglofila podemos observar la connivencia entre estadounidenses y británicos, siendo justamente la competencia por las riquezas de ese momento histórico,  que inició una competencia de qué nación era la que primero se apropiaba, así lo declaró Robert Peel en 1829:

“…el cual pudiera, gradualmente, convertirse en una pequeña Gibraltar del Sur: ya en las Malvinas, ya en la parte Sud del Continente o en la misma Tierra del Fuego […] para impedir el acceso o salida de buques mercantes y de corso de los Estados Unidos de Norte América u otros en los mares del Sur, sería en realidad como guardar el Mar del Sur…”. [2]   

Luego ya en el siglo XX con el cambio tecnológico, el petróleo se transformó en fuente de riqueza, que además, junto con el ascenso de los Estados Unidos como primera potencia marítima, en detrimento de los británicos, hizo que Sudamérica sea el área de influencia estadounidense. En ese sentido la primera información sobre la existencia de grandes depósitos de petróleo en la Argentina proviene de una revista de los Estados Unidos especializada en política exterior, U.S. & World Report. En su edición del 3 de diciembre de 1973 informó que empresarios norteamericanos “están interesados en el petróleo yacente en el subsuelo de la Argentina” [3] en y que despertaba interés el petróleo que se encontraría en la plataforma submarina del archipiélago de las Malvinas. Es por ello que tanto el Reino Unido encarga una investigación propia sobre la existencia de petróleo que termina de elaborarse en 1975 denominándose informe Griffiths, que da por cierta la existencia de yacimientos petroleros en el área cercana a las Malvinas. Aunque para la confirmación de este aserto era necesario hacer perforaciones en la región, lo cual hizo que los británicos enviaran al buque de investigaciones oceanográficas Shackleton, que tenía como objetivo realizar nuevos estudios para confirmar y continuar con lo establecido en el informe Griffiths, y es por ello que en el año 1976 se produce lo que en la bibliografía oficial se denomina el “incidente Shackleton”, que no es más que la incursión unilateral e ilegal, por parte de los británicos, que generó la protesta argentina acusando al Reino Unido de romper las negociaciones firmadas en el Memorandum de Entendimiento de 1968 que operacionalizaba la transición efectiva de la soberanía hacia la Argentina.

A partir de aquí se dará un cambio rotundo en la posición británica respecto a lo establecido en la resolución 2065, como lo establece Federico Bernal:

“Quien analice objetivamente el rumbo de las negociaciones bilaterales entre argentinos y británicos desde 1960 hasta mayo de 1982, advertirá un claro punto de inflexión en la estrategia diplomática de los británicos. A partir de 1975, su ya ambigua posición devino en una obstaculizadora y progresivamente intransigente de cara a la resolución del conflicto. En ese año el Reino Unido decidió incluir un nuevo factor en las negociaciones: la exploración y explotación de los recursos hidrocarburíferos, mineros y pesqueros del archipiélago malvinense” [4]

Por ello a partir de aquí la historia ya es conocida como lo describimos en Neoconflicto Intraimperial: Malvinas y Petróleo [5],el mismo Secretario de Estado de los Estados Unidos expresó en sus memorias que creyó que el motivo de la Guerra fuera el petróleo, pero en ese momento no nos dedicamos a analizar su rol como mediador que buscó desde su salida de Washington introducir una posición estadounidense en el territorio a partir sus puntos de propuesta de paz. Para el 30 de abril de 1982, los intentos de Haig habían fracasado. Él mismo lo describe de la siguiente manera: “El 30 de abril anuncié a la prensa el fracaso de las negociaciones y declaré que los Estados Unidos apoyarían a Gran Bretaña”. [6] Pero aún existía espacio para la propuesta del secretario de involucrar a su país en el Atlántico Sur. Sin embargo, al terminar estrepitosamente su mediación e inclinarse a favor de una de las partes beligerantes, Haig no podía continuar insistiendo directamente, por lo tanto, buscó avanzar en su propuesta con el presidente del Perú Fernando Belaúnde Terry.

Haig afirma en sus memorias que él fue contactado por el presidente peruano: “Se comunicó conmigo telefónicamente desde Lima, al otro día y mientras las hostilidades iban en aumento; tenía el propósito de realizar un último intento para detener la lucha y encontrar una solución pacífica” [7]. No obstante, Cardoso et al. (1983) afirman que fue al revés, que por sugerencia del Secretario es que Belaúnde Terry intercedió frente a la Argentina:

Muy temprano el día 1º, el presidente del Perú se comunicó con Haig, quien inmediatamente advirtió la posibilidad de establecer a través de Lima un nuevo puente entre la Argentina y Gran Bretaña. Haig conocía la amistad del Perú con Argentina y sugirió a Belaúnde que se pusiera en contacto con Galtieri. ¿Para proponerle qué?, fue la respuesta del arquitecto, que conocía de los motivos del fracaso de la misión Haig [8].

Sobre la propuesta peruana, el secretario de Estado le dedica unas pocas líneas en sus memorias y enseguida menciona el hundimiento del crucero Belgrano:

Belaúnde creía que las propuestas eran demasiado complicadas –simplifiquemos, dijo, y tal vez podamos lograrlo todavía–. Finalmente y gracias al don de clarificar los temas, redujimos la propuesta a sólo cinco puntos básicos. La presentó a ambas partes y encontró, según dijo, una cierta obstinación de parte de los argentinos. No obstante, obtuvo un principio de aceptación por ambas partes; el 4 de mayo envió a un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú a Buenos Aires con el nuevo documento. Pero, mientras la Junta se hallaba considerándolo, el submarino HMS Conqueror hundió al crucero argentino General Belgrano [9].

En sus memorias, Haig no menciona en qué consistían los cinco puntos, y sobre el hundimiento arguye que fue decisión del capitán por considerar al Belgrano una amenaza para la flota inglesa, cuestión no cierta, ya que el Conqueror realizó un prolongado seguimiento de 30 horas al crucero y no efectuó su ataque hasta que lo autorizaron

Siguiendo en cómo Haig buscó por todos los medios que ambas partes aceptaran que los Estados Unidos ingresaran en el territorio de las Malvinas, Cardoso et al. afirman que en realidad eran siete los puntos:

  • Cesación inmediata de las hostilidades.
  • Retiro simultáneo y mutuo de las fuerzas.
  • Presencia de representantes ajenos a las dos partes involucradas en el conflicto para gobernar las islas temporalmente.
  • Los dos gobiernos admitían la existencia de posiciones discrepantes sobre la situación de las islas.
  • Ambos países reconocían que los puntos de vista y los intereses de los habitantes locales debían ser tomados en cuenta en la solución definitiva del problema.
  • El grupo de contacto que intervendría de inmediato en las negociaciones para implementar este acuerdo estaría compuesto por Brasil, República Federal de Alemania y Estados Unidos de América.

Y que además antes del 30 de abril de 1983 se debería haber llegado a un acuerdo definitivo bajo la responsabilidad del grupo de los países mencionados. [10]

En ese mismo sentido Costa Méndez confirma estos siete puntos, pero al tercero lo señala de otra manera:

  • Cesación inmediata de las hostilidades.
  • Retiro mutuo de las fuerzas.
  • Introducción de terceras partes para gobernar las islas.
  • Los gobiernos reconocían puntos de vista conflictivos respecto de las islas.
  • Los gobiernos reconocían la necesidad de tener en cuenta los puntos de vista y los intereses de los isleños en la solución final.
  • El grupo de contacto estaría compuesto por Brasil, Perú, República de Alemania y Estados Unidos de América.
  • Una solución final debería alcanzarse no después del 30 de abril de 1983, bajo la garantía del grupo de contacto [11].

Podemos observar dos discrepancias entre los puntos tres y seis en Cardoso y Costa Méndez ya que ambos se refieren de distinta manera a los países involucrados, el periodista los denomina como representantes ajenos y el Canciller como terceras partes alterándose levemente su rol, y por sobre todo, en el primero no se menciona al Perú como un actor implicado. Lo que sí queda claro en la comparación de los siete puntos es que la figura de Estados Unidos continuaba fuertemente involucrada: según las memorias del Canciller, era una de las partes que gobernaría las Malvinas.

En ese sentido Vicente Berasategui menciona los siete puntos tal como lo hacen Cardoso et al., pero agrega más información respecto a la negociación y al rol de Estados Unidos como parte del grupo de contacto: “El único punto que ofrecía dificultades del lado argentino fue la decisión del presidente de facto de objetar la inclusión de los EE.UU. en el grupo de contacto” [12]. pero, concluye que la propuesta progresaría:

“Pese a esta objeción sobre la presencia de los EE.UU. en el grupo de contacto, la investigación realizada por Desmond Rice y Arthur Gavshon les permitió concluir que todas las conversaciones telefónicas efectuadas entre Lima, por un lado, y Buenos Aires y Washington, por el otro, durante ese fin de semana del 1º-2 de mayo confirmaban que la Junta Militar iba a formalizar su aceptación al plan peruano el mismo día 2” [13].

Queda claro que las cinco propuestas realizadas por Haig, desde el 6 hasta el 30 de abril, que involucraron a los Estados Unidos en el territorio de las Malvinas, evidencian las intenciones de ese país de tomar posición en el archipiélago. El Secretario de Estado estuvo alrededor de un mes esforzándose por conseguir que argentinos e ingleses aceptaran su proposición, lo que llevó a que, ante el fracaso, realizara un último intento a través del Perú, que fue torpedeado (literalmente) por los británicos, obligando oficialmente a los Estados Unidos, de pasar de mediador a ser parte beligerante al brindar completo apoyo en el campo de batalla al Reino Unido.  De todo este recorrido histórico, se desprende que la competencia entre británicos y estadounidenses por los recursos de las Islas Malvinas se remonta al mismo origen del conflicto, y hasta podríamos decir, que motivaron la usurpación y fueron parte de los motivos de la Guerra de 1982. Hasta podríamos establecer cierta regla histórica: a medida que suben los precios del petróleo es más probable que se dé una escalada en el conflicto de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido, y que, los Estados Unidos también forme parte de éstas, como lo demuestra el siguiente gráfico:

Gráfico 1: Bloomberg. El País

Como podemos observar en el gráfico 01 [14], entre 1970 y 2000, el mayor pico en el precio del crudo fue en 1982, año en que se produjo la Guerra, y solo se equipara en este período de 30 años el breve salto de 1991. Luego, una estrepitosa subida del precio, que alcanzó su pico en 2008, con una repuntada después de 2010 que se mantiene estable y que coincide con una escalada en 2012 entre Argentina y Gran Bretaña, donde las tensiones llevaron a sugerir al Reino Unido que poseía armas de destrucción masiva en las Islas. En el mismo año, el Departamento de Estado de Estados Unidos llamó a ambas naciones a negociar, lo cual cortó años de un no pronunciamiento por parte de dicho país con respecto al conflicto por la soberanía de las Malvinas (en cuanto a lo diplomático). Por ello con un precio en la actualidad cercano a los 100 dólares se reactiva el conflicto entre estadounidenses y británicos, siendo Argentina la moneda de cambio.

De esta manera si a esta lógica de Neoconflicto Intraimperial por el petróleo en Malvinas ampliamente documentada, además le agregamos el constante efecto pendular [15] en la historia de las relaciones internacionales argentinas, que pasa de fuertes alineamientos hacia la potencia dominante, o, hacia la integración latinoamericana, encontramos una lógica sistémica que contradice la historia oficial, y principalmente al patrioterismo que atribuye a los procesos de política internacional una improvisación motivada por sentimiento nacionalistas sin fundamentos, que nos llevan a ciertos arrebatos nacionales, como seguro son los del presidente Javier Milei, pero que en realidad es un peón en el tablero del ajedrez de los inestables intereses geopolíticos actuales, marcados por una nueva arquitectura de seguridad global, que se deja ver en los conflictos de Ucrania e Irán, lo cual como la historia y realidad enseña, amerita no jugar a los soldaditos mientras el mundo hace la Guerra.   

(*) Mg. Alberto Martínez del Pezzo, docente investigador UNdeC-IISCD, y miembro del Foro Argentino de Política Exterior

Notas:

[1] Javier Milei, de león a camaleón: la infame metamorfosis de un presidente en problemas https://www.letrap.com.ar/politica/javier-milei-leon-camaleon-la-infame-metamorfosis-un-presidente-problemas-n5426384

[2] Ricardo R. Caillet-Bois, Las Islas Malvinas, una tierra argentina, Ensayo basado en una nueva y desconocida documentación, Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1952, pág. 420-421. Disponible en https://elhistoriador.com.ar/un-ciudadano-ingles-aconseja-la-ocupacion-de-las-islas-malvinas/ 

[3] Silenzi de Stagni Adolfo (1982) Las Malvinas y el Petróleo, Cid Editor, Buenos Aires, Argentina pág. 69.

[4] Bernal Federico (2011) Malvinas y Petróleo, Capital Intelectual, Buenos Aires, pág. 63.

[5] https://www.portalatlanticosur.com/neoconflicto-intraimperial-malvinas-y-petroleo/

[6] Haig, Alexander M., 1984. Memorias. Buenos Aires: Atlántida, pág. 334

[7] Idem pág. 334

[8] Cardoso, Oscar Raúl; Kirschbaum, Ricardo y Van Der Kooy, Eduardo, 1983. Malvinas, la trama secreta. Buenos Aires: Sudamericana/Planeta, pág. 224

[9] Haig, Alexander M., 1984. Memorias. Buenos Aires: Atlántida, pág. 335

[10] Cardoso, Oscar Raúl; Kirschbaum, Ricardo y Van Der Kooy, Eduardo, 1983. Malvinas, la trama secreta. Buenos Aires: Sudamericana/Planeta, pág.225

[11] Berasategui, Vicente E., 2011.Malvinas. Diplomacia y conflicto armado. Comentarios a la historia oficial británica. Buenos Aires: Proa Editores. pág. 244

[12] Idem. pág. 273

[13] Idem. 274
[14] https://elpais.com/economia/2015/01/06/actualidad/1420576088_389011.html [15] Alberto Martínez del Pezzo (2016), Malvinas. Política exterior argentina (1989-2015) Estud. – Cent. Estud. Av., Univ. Nac. Córdoba  no.36 Córdoba.

Guillermo Carmona
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