Foto: Pompeo y Di Chiaro junto al equipo de Fundación Argentina Global
La investigación del periodista Nicolás Lantos sobre los vínculos de una ONG integrada por altos funcionarios argentinos con el gobierno británico ha destapado una trama de connivencia que permite presumir una explícita subordinación de actores clave en la Cuestión Malvinas a los intereses del Reino Unido. La profundización de la investigación nos lleva a preguntarnos dónde queda la autonomía de nuestra política exterior en la delicada Cuestión Malvinas.
Por Jorge Poblette
La Fundación Argentina Global ha lanzado recientemente el Future Leaders Programme Argentina, una iniciativa destinada a formar una nueva generación de líderes argentinos que cuenta con el apoyo de Chevening, el programa internacional de becas del Gobierno británico financiado por el Foreign Office (FCDO), el ministerio responsable de la política exterior del Reino Unido, y de la Embajada Británica en Buenos Aires. La revelación de estos vínculos fue realizada en El Destape, por el periodista Nicolás Lantos. Vista sin contexto, esta iniciativa podría pasar como un acto meramente académico en el marco de la agenda de cooperación de un Estado europeo. Sin embargo, en la perspectiva del particular marco que da la Cuestión Malvinas y la participación de personalidades políticas constituye, sin lugar a dudas, una acción de la diplomacia pública y de ejercicio del poder blando británico en la Argentina, articulada esta vez con una ONG dedicada a los asuntos estratégicos y de política exterior.
Esta noticia adquiere un alto cariz geopolítico por la particular circunstancia de involucrar a altos funcionarios del gobierno nacional que tienen específicas competencias en relación con la Cuestión Malvinas y a un alto funcionario del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Es que entre los integrantes de Argentina Global aparecen Pablo Quirno, actual canciller de la Nación; Paola Di Chiaro, secretaria de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur, y Fulvio Pompeo, exsecretario de Asuntos Estratégicos de durante la presidencia de Mauricio Macri, actual secretario general y de relaciones internacionales de CABA y presidente de la Fundación.
Chevening, una pieza del soft power inglés.
Una mirada sobre Chevening nos revela que no es simplemente una beca para estudiar en Gran Bretaña. Es el programa internacional de becas del Gobierno británico, financiado por el Foreign Office (FCDO) que está pensado para formar “futuros líderes, tomadores de decisiones y formadores de opinión” de todo el mundo. El propio Gobierno británico dice explícitamente que las becas son una herramienta diplomática de larga tradición y una pieza de su estrategia de soft power: sin ninguna sutileza reconocen que buscan establecer relaciones duraderas con la próxima generación de líderes, generar percepciones positivas sobre el Reino Unido y ampliar su capacidad de influencia.
Por su parte Argentina Global tiene sede en Buenos Aires y no es una organización dedicada exclusivamente a la encomiable tarea de intercambio académico o cultural. Según su propia definición, busca fortalecer la “inserción inteligente” de la Argentina en el mundo y contribuir al diseño de una estrategia nacional de largo plazo. Sus áreas de trabajo abarcan asuntos internacionales, seguridad nacional, estrategia marítima, comercio e inversiones, energía y diplomacia, es decir, buena parte de las cuestiones que forman parte la política exterior y estratégica del Estado argentino que, coincidencia, son parte de las tareas que las autoridades de la Fundación cumplen como funcionarios nacionales. Su presidente es el macrista Fulvio Pompeo, y entre sus miembros fundadores figura Paola Di Chiaro, quien tiene a su cargo dentro de la Cancillería las competencias específicas respecto de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur.
Quirno, un Canciller plagado de contradicciones
En el caso del polémico canciller Pablo Quirno, el vínculo que interesa conocer pasa menos por Argentina Global que por el núcleo político del que proviene. Quirno y Fulvio Pompeo compartieron posiciones importantes durante el gobierno de Mauricio Macri y participaron de un mismo núcleo de gestión en el que se cruzaban estrategia, relaciones internacionales, finanzas e inversiones composiciones fuertemente concesivas a los intereses británicos. Como secretario de Asuntos Estratégicos del macrismo, Pompeo considerado como el verdadero canciller en las sombras y uno de los protagonistas principales del acercamiento político con el Reino Unido y el Pacto Foradori-Duncan. Quirno fue el encargado de Finanzas y luego se mudó a Relaciones Económicas Internacionales. Los dos acompañaron a Macri en reuniones de alto nivel con inversores y organismos internacionales.

No está demás señalar que Quirno no es diplomático sino un hombre proveniente del mundo financiero y estrechamente vinculado a Luis “Toto” Caputo. Y aquí no se trata de cuestionarlo porque dialogue con el Reino Unido: hacerlo forma parte de sus obligaciones como canciller. El asunto es otro. Mientras conduce la máxima autoridad de política exterior del país, cuya Constitución establece como objetivo permanente e irrenunciable la recuperación del ejercicio pleno de la soberanía sobre Malvinas, algunas de sus propias definiciones y conductas permiten preguntarse cuáles son los reales objetivos que persigue su gestión. Llamativamente, o no tanto, el propio canciller ha sostenido que la soberanía es “un discurso que para nosotros es anticuado”. Una frase que mereció un amplio repudio de distintos sectores políticos dada la dimensión política que alcanzan estas desafortunadas declaraciones cuando provienen precisamente del funcionario encargado de conducir la política exterior argentina.
No se trata solo de las relaciones personales o institucionales. También ha merecido cuestionamientos la conducta concreta de la Cancillería frente a hechos que afectan los intereses argentinos en el Atlántico Sur. Un ejemplo reciente fue la incursión del buque militar británico HMS Medway en el Mar Territorial argentino, en aguas próximas a Malvinas. La propia Cancillería calificó el episodio como una “incursión militar británica en espacios bajo jurisdicción argentina”. Sin embargo, la protesta argentina fue hecha pública varios días después de ocurrido el hecho, apenas finalizado el partido del Mundial de Fútbol en el que el seleccionado argentino derrotó a Inglaterra y varios jugadores desplegaran el paño con al leyenda Las Malvinas son Argentinas. Este tipo de episodios generan serios cuestionamientos sobre la actuación de un canciller que, se supone, tiene entre sus principales misiones la defensa de la soberanía nacional.
También resultó llamativa la manera en que el propio Quirno se relacionó públicamente con habitantes de las islas. En abril de 2026, después de un intercambio en X con un isleño que lo invitó a visitar las “Falklands”, el canciller respondió en inglés que le gustaría ir y pasar allí una semana. En otro intercambio sostuvo que no había razón para que argentinos e isleños no pudieran confiar unos en otros y que la mejor manera de construir esa confianza era “acercarnos más”. Sin dudas, este tipo de expresiones adquiere una particular sensibilidad política cuando quien las formula es el canciller argentino, responsable de una política exterior que sostiene formalmente la reivindicación de soberanía sobre ese territorio.
Es precisamente en este punto donde adquiere especial interés la relación entre Quirno, Pompeo y Argentina Global. La página oficial de “Miembros” de la Fundación, donde había información sobre sus colaboradores y en la que aparecerían indicios de que Pablo Quirno estuvo vinculado al área “Comercio, Inversiones e Integración”, ya no se encuentra disponible públicamente. Por eso, no sería riguroso afirmar hoy, con la documentación disponible, que Quirno integra o integró formalmente la organización. Pero tampoco sería correcto descartar esa relación mientras subsistan esos antecedentes documentales. La cuestión adquiere relevancia porque quien hoy conduce la política exterior argentina comparte y continúa compartiendo trayectoria política con quien preside una Fundación que mantiene una relación institucional con el Reino Unido.
Paola DI Chiaro funcionaria multitasking.
El caso de Paola Di Chiaro requiere una mirada todavía más atenta, no por su condición de fundadora y actual tesorera de Argentina Global, vínculo que, por sí mismo, no tendría nada de objetable, sino por las delicadas responsabilidades públicas que paralelamente ha ejercido y los asuntos sobre los que hoy tiene a su cargo.

Di Chiaro fue subsecretaria de Asuntos Globales y luego titular de la Unidad de Estrategia de Seguridad Nacional de la Jefatura de Gabinete durante el gobierno de Mauricio Macri, antes de asumir en marzo de 2019 como secretaria de Estrategia Militar del Ministerio de Defensa. En ese último cargo encabezó, en marzo de 2019, las conversaciones con una delegación del Ministerio de Defensa británico encabezada por Roger Hutton, con participación del embajador Mark Kent, en las que se discutieron cooperación militar, capacitación, búsqueda y rescate en el Atlántico Sur y provisión de repuestos para las Fuerzas Armadas argentinas. No estamos, por lo tanto, ante alguien que recién desde Argentina Global comenzó a relacionarse con el Reino Unido: su vínculo con la agenda británica se desarrolló previamente desde posiciones estatales de responsabilidad estratégica y de Defensa. Hoy Di Chiaro ocupa la Secretaría de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur, es decir, el área de la Cancillería que tiene bajo su responsabilidad la disputa de soberanía con el Reino Unido, la política sobre los espacios marítimos, la política antártica y buena parte de los intereses argentinos en el Atlántico Sur. La situación es aún más delicada ya que es socia fundadora y continúa siendo tesorera de Argentina Global, organización en cuya sede participó además de actividades de formación en seguridad nacional y estrategia, y que ahora desarrolla con el programa Chevening y la Embajada Británica un programa destinado a formar futuros líderes argentinos. Lo que merece ser examinado es que una funcionaria que tuvo responsabilidades estatales en áreas estratégicas y de Defensa mientras se profundizaba la cooperación argentino-británica, y que hoy administra desde la Cancillería precisamente los asuntos en los que esa relación contiene una disputa de soberanía, mantenga simultáneamente una posición de autoridad en una organización que coopera institucionalmente con el Gobierno británico.
Pompeo, un nombre siempre presente.
Si hay un nombre que permite reconstruir la genealogía política de esta trama, es el de Fulvio Pompeo. Antes incluso de que Mauricio Macri asumiera la Presidencia, Pompeo , entonces uno de sus principales asesores en política exterior, anticipó a The Telegraph que un eventual gobierno de Cambiemos buscaría “descongelar” la relación con el Reino Unido y prescindir de una estructura específica dedicada a Malvinas. Una vez en el Gobierno, como secretario de Asuntos Estratégicos de la Jefatura de Gabinete, no fue un mero observador de ese giro: participó personalmente de reuniones de alto nivel con el Foreign Office en Londres y Buenos Aires y estuvo junto a Macri y el canciller Jorge Faurie en las conversaciones con Boris Johnson que revisaron la hoja de ruta bilateral de 2016. Los documentos oficiales británicos lo identifican puntualmente entre los interlocutores de aquel período. Su trayectoria permite, por eso, algo más que establecer un vínculo personal con el Reino Unido: permite identificarlo como uno de los funcionarios políticos argentinos que contribuyeron a construir la estrategia de acercamiento de la etapa macrista.

Hoy, Pompeo reaparece en el mismo escenario: la Fundación que preside articula el Future Leaders Programme Argentina con Chevening y la Embajada Británica, e incluso será él mismo quien inaugure el primer taller de este curso. Su intervención actual no es un episodio aislado: vuelve a aparecer, desde la sociedad civil, en una iniciativa de formación de futuros dirigentes que conecta a la organización que preside con una herramienta de diplomacia pública del Gobierno británico. Y aquí la continuidad adquiere una dimensión particularmente delicada junto a Di Chiaro.
La relación entre ambos tampoco nació en Argentina Global ni puede reducirse a una coincidencia ocasional dentro de un gobierno. Pompeo y Di Chiaro ya habían trabajado juntos durante el gobierno de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires y volvieron a encontrarse en la gestión nacional que Pompeo condujo desde la Secretaría de Asuntos Estratégicos. Di Chiaro ocupó allí responsabilidades en Asuntos Globales y posteriormente en la Unidad de Estrategia de Seguridad Nacional. La investigación de Sergio Eissa para FLACSO documenta la participación de la Secretaría de Asuntos Estratégicos, a través de Di Chiaro y sus asesores, en la elaboración de la política de Defensa del macrismo, mientras que el trabajo de Luciano Anzelini reconstruye las disputas y el proceso de elaboración de la Directiva de Política de Defensa Nacional de 2018. A ello se suman las fuentes periodísticas de la época, que describieron a Di Chiaro como una funcionaria de confianza de Pompeo y vincularon su llegada a la Secretaría de Estrategia Militar de Defensa con la estructura de poder que él encabezaba. La evidencia permite así identificar algo más que una relación laboral: una trayectoria política compartida que atravesó la política exterior, la seguridad nacional y la Defensa, continuó fuera del Estado en Argentina Global y hoy vuelve a encontrarse con el Gobierno británico, precisamente cuando Di Chiaro ocupa la Secretaría responsable de la Cuestión Malvinas.
La soberanía en la época de Milei
La cooperación institucional entre Argentina Global y el Gobierno británico a través de Chevening y de su Embajada plantea serios interrogantes sobre cuál es el límite razonable entre la diplomacia y una proximidad que puede resultar inadecuada e imprudente cuando la contraparte es precisamente el Estado con el que Argentina mantiene una disputa de soberanía.
La proximidad política e institucional que los integrantes de Argentina Global mantienen con el gobierno británico, aun siendo funcionarios argentinos, está totalmente reñida con los intereses de nuestro país cuando son ellos mismos los que deben promover la defensa de la soberanía nacional frente al mismo Estado que usurpa una parte del territorio. nacional. Esta situación de manifiesto conflicto de intereses exige una inmediata explicación y la desvinculación de las funciones oficiales de quienes se encuentran incursos en esa situación de incompatibilidad. Nada de esto ocurre, por supuesto, por mera casualidad o al margen de la orientación general del Gobierno de Javier Milei. El presidente ha combinado la reivindicación formal de la soberanía argentina sobre Malvinas con un alineamiento desembozado con Estados Unidos, Israel y el Reino Unido. En ese marco, las decisiones y acciones de Quirno y Di Chiaro no pueden leerse aisladamente: son parte de una política exterior que ha sostenido una situación de subordinación con Londres, incluso en ámbitos directamente vinculados con Malvinas, el Atlántico Sur y la Antártida. Es precisamente por eso que la cercanía que hemos reconstruido resulta políticamente inaceptable para los intereses argentinos.
