Foto: Argentina firma el acuerdo Pax Silica
Argentina se incorporó a Pax Silica, la alianza impulsada por Estados Unidos para reorganizar las cadenas de suministro de la inteligencia artificial. El acuerdo incluye minerales críticos, energía, semiconductores y centros de datos. La gran pregunta es qué lugar ocupará Argentina: ¿desarrollará capacidades tecnológicas propias o quedará limitada al papel de proveedor de minerales, energía y otros recursos estratégicos para la inteligencia artificial?
Por Jorge Poblette
Por decisión de Javier Milei, Argentina se acaba de incorporar a Pax Silica, la iniciativa con la que el Departamento de Estado de los Estados Unidos busca reconfigurar, junto a un grupo de aliados y socios, las cadenas de suministro sobre la que descansa el desarrollo de la inteligencia artificial y otras tecnologías avanzadas. El acuerdo reúne áreas clave para la competitividad y seguridad estratégica de Estados Unidos, como energía, tecnología, semiconductores y minerales críticos.
Esta adhesión es la continuidad de una política iniciada en febrero de 2026, cuando la Argentina y los Estados Unidos firmaron el Instrumento Marco para el Fortalecimiento del Suministro en Minería y Procesamiento de Minerales Críticos. Ese acuerdo estableció un mecanismo de cooperación para promover inversiones públicas y privadas, facilitar el desarrollo de proyectos mineros, fortalecer las capacidades de procesamiento de minerales críticos y ampliar la colaboración en áreas como el mapeo geológico, el reciclaje y la gestión de materiales estratégicos.
La incorporación a Pax Silica amplía significativamente ese marco inicial. Mientras el acuerdo de febrero estaba centrado en la minería y el procesamiento de minerales críticos, la nueva iniciativa suma además la cooperación en infraestructura energética, manufactura avanzada, semiconductores, centros de datos, capacidad de cómputo, logística y marcos regulatorios para el desarrollo de la inteligencia artificial.
La incorporación de la Argentina quedó oficializada durante la Cumbre Pax Silica 2026 mediante la firma de la Declaración Conjunta sobre la Alianza para las Oportunidades en Inteligencia Artificial, suscripta por 35 países. El documento establece como prioridades la promoción de marcos regulatorios favorables a la innovación, el fortalecimiento de la cooperación en inteligencia artificial, el desarrollo de infraestructura energética, la producción de minerales críticos, la consolidación de ecosistemas de semiconductores confiables, la movilización del capital privado y la expansión de centros de datos y capacidades de cómputo.

Al anunciar la adhesión argentina, el secretario de Estado para Asuntos Económicos de los Estados Unidos, Jacob Helberg, sostuvo que los países firmantes acordaron promover cadenas de suministro confiables, movilizar al sector privado y ampliar la infraestructura necesaria para el desarrollo de la inteligencia artificial. Por su parte, el Canciller argentino Pablo Quirno, afirmó que la incorporación consolida al país como “proveedor confiable de minerales críticos y recursos estratégicos necesarios para el desarrollo de la inteligencia artificial” y como un actor relevante en materia tecnológica.
Mucho más que un acuerdo tecnológico.
La creación de Pax Silica es un síntoma de la importancia que Estados Unidos le asigna a la inteligencia artificial como instrumento geopolítico de su política exterior. A diferencia de otros procesos de innovación tecnológica, el desarrollo de la IA depende de una compleja infraestructura física que abarca el abastecimiento de minerales críticos, la disponibilidad de energía, la fabricación de semiconductores, la capacidad de cómputo y las redes logísticas que conectan esas actividades.
La iniciativa se desarrolla en un contexto de creciente competencia tecnológica entre Estados Unidos y China por el liderazgo en inteligencia artificial y otras industrias de alta complejidad. Aunque la Declaración Conjunta no menciona expresamente a Pekín, la búsqueda de proveedores seguros, el fortalecimiento de la producción de semiconductores, la expansión de la infraestructura tecnológica y la articulación de nuevas cadenas de suministro forman parte de una estrategia más amplia orientada a reforzar, en teoría, la autonomía tecnológica y la seguridad económica de los países participantes.
La definición de la Argentina como un “proveedor confiable de minerales críticos y recursos estratégicos” sintetiza el papel que Estados Unidos le asigna dentro de este proyecto. Sin embargo, el alcance de Pax Silica excede ampliamente el abastecimiento de materias primas y se inscribe en una estrategia destinada a asegurar la infraestructura material sobre la que se desarrollará la inteligencia artificial en las próximas décadas.
Los interrogantes del acuerdo.
Más allá del significado geopolítico de la iniciativa, los alcances concretos de la participación argentina aún deberán definirse. De acuerdo con la información difundida por la Cancillería, la cooperación abarcará áreas como la producción y el procesamiento de minerales críticos, el fortalecimiento de la infraestructura energética, el desarrollo de centros de datos, la expansión de las capacidades de cómputo, la fabricación de semiconductores y la movilización de inversiones privadas vinculadas con la inteligencia artificial.
Sin embargo, los documentos oficiales difundidos hasta el momento no precisan qué proyectos específicos se impulsarán en el país, qué mecanismos de financiamiento estarán disponibles ni cuáles serán los compromisos regulatorios que asumirá la Argentina en el marco de esta iniciativa. El alcance efectivo de esa participación dependerá de la implementación de los acuerdos anunciados y del lugar que finalmente ocupe el país dentro de la estrategia impulsada por Estados Unidos para reorganizar las cadenas de suministro de las tecnologías avanzadas.

La adhesión argentina a Pax Silica también comenzó a generar repercusiones en el Congreso Nacional. Diputados de distintos bloques presentaron pedidos de informes para que el Poder Ejecutivo explique el alcance de los compromisos asumidos, los beneficios esperados para el país y el procedimiento jurídico utilizado para formalizar la incorporación a la iniciativa impulsada por Estados Unidos.
El diputado nacional Maximiliano Ferraro (Coalición Cívica) solicitó que el Gobierno informe si la adhesión es un tratado internacional en los términos del artículo 75 inciso 22 de la Constitución Nacional y, en ese caso, si prevé remitir el acuerdo al Congreso para su aprobación. También pidió precisiones sobre las contraprestaciones, beneficios, condiciones asumidas por la Argentina y si las provincias —titulares del dominio originario de los recursos naturales— fueron consultadas antes de la firma.
En el mismo sentido, el diputado Agustín Rossi (Unión por la Patria) cuestionó el perfil que podría asumir la participación argentina dentro de la iniciativa. Durante el debate parlamentario sostuvo que el país debe definir si aspira a desarrollar capacidades industriales y tecnológicas propias o si quedará limitado al papel de proveedor de minerales críticos y otros insumos estratégicos para las cadenas globales vinculadas con los semiconductores y la inteligencia artificial.
Hasta el momento, el Gobierno no difundió el texto completo del instrumento suscripto por la Argentina ni precisó los compromisos específicos que asumirá el país en el marco de Pax Silica. Esa falta de información es uno de los principales aspectos señalados en los pedidos de informes presentados en la Cámara de Diputados.
Hasta el presente la inversión extranjera directa (IED) tradicionalmente se valora por su capacidad de generar un efecto multiplicador: empleo masivo directo e indirecto, transferencia efectiva de tecnología, desarrollo de proveedores locales e incremento de la productividad general del país. Para evaluar si estos acuerdos generan riqueza genuina o mera reprimarización (esta vez no solo de soja o minerales, sino de energía y datos), la clave está en las condiciones bajo las cuales se firmó el acuerdo. Si la adhesión a este proyecto se limita a ofrecer energía barata, agua y beneficios fiscales para albergar infraestructura ajena, el resultado contable puede mostrar un ingreso de divisas en la balanza de pagos, pero la estructura económica no captará el valor estratégico de la IA que seguirá concentrado en los países desarrollados.
