Frente al proyectado cierre de Punta Indio, Marcelo Seghini expone la brecha entre el discurso de soberanía y la realidad operativa militar. El autor advierte que administrar la escasez destruye la disuasión en el Atlántico Sur, reduciendo la capacidad de combate a un mero control policial.
Por Marcelo Seghini (*)
En los últimos meses, la soberanía volvió al centro de la agenda pública. Ya no se trata solamente de reivindicar Malvinas: también están en juego el control del Atlántico Sur, la proyección antártica, la protección de los recursos naturales y la lucha contra la pesca ilegal. En un escenario internacional marcado por la competencia territorial, tecnológica y estratégica, defender esos intereses exige mucho más que declaraciones.
En ese marco, las Fuerzas Armadas constituyen un instrumento esencial de la política de Defensa Nacional. Fortalecerlas no implica militarizar la política, sino asumir una responsabilidad básica del Estado: ningún país puede proteger su territorio, sus recursos y sus intereses estratégicos si renuncia a las capacidades necesarias para hacerlo.
En ese contexto se inscribe el reciente Plan de Reestructuración y Modernización de la Aviación Naval presentado por la Armada Argentina. La iniciativa contempla el cierre de la Base Aeronaval Punta Indio y concentra los recursos disponibles en el patrullaje oceánico, en medio del ajuste presupuestario y de una creciente tensión geopolítica.
La decisión expone una contradicción central: mientras la soberanía ocupa un lugar creciente en el discurso público, se deterioran algunas de las capacidades indispensables para ejercerla. Las Fuerzas Armadas no están hoy en condiciones de cumplir plenamente las responsabilidades constitucionales y legales que les corresponden. El presupuesto resulta insuficiente incluso para operar medios ya escasos, y comienzan a manifestarse señales de deterioro que exigen una respuesta urgente.
Desde hace meses se agravan tres problemas que dificultan seriamente el funcionamiento de las Fuerzas Armadas: la crisis de su obra social (OSFA), el deterioro salarial de sus cuadros y la insuficiencia presupuestaria para sostener su funcionamiento orgánico.
Administrar la escasez no puede convertirse en una política de Defensa. Así lo sostiene el almirante retirado Jorge Enrico en su documento «La decadencia y el desarme de la Armada» (1). Allí cuestiona a la conducción naval actual y afirma que «subordinarse al poder político civil no implica convalidar la indefensión técnica de la Nación». Enrico insta a la jerarquía militar a fijar postura o renunciar antes que justificar los recortes presupuestarios, en lugar de actuar como «administradores de la liquidación».
Frente a la falta de recursos, el Ministerio de Defensa y los Estados Mayores ensayan reordenamientos presupuestarios que apenas redistribuyen carencias: reducen actividades, postergan tareas de mantenimiento o dejan capacidades sin atender. Cada ajuste interno termina funcionando como una automutilación operativa cuya reversión puede demandar años y muchos más recursos.
El plan puede resultar lógico desde el punto de vista presupuestario porque busca optimizar los pocos medios que aún vuelan, pero abre cuatro riesgos estratégicos. Primero, crea un vacío de combate: con la baja definitiva de los Super Étendard, la Armada pierde su única capacidad de ataque antibuque y combate aéreo, sin un reemplazo previsto. Los P-3C Orion y los AW109 mencionados en el plan cumplen funciones de vigilancia y búsqueda, no de disuasión; para la defensa de Malvinas y el Atlántico Sur quedaría únicamente la capacidad de la Fuerza Aérea con los F-16. Segundo, reduce la presencia permanente en el Río de la Plata y la hidrovía, la zona de mayor tráfico marítimo y de pesca ilegal del país, que comprende la desembocadura del Río de la Plata, la ZEE bonaerense y el límite con Uruguay; el control quedaría a 600 km de distancia. Tercero, profundiza la dependencia de material extranjero sin transferencia de tecnología u offset, a diferencia de programas desarrollados por Brasil con los aviones Gripen de origen sueco y los submarinos de tecnología francesa. Si se interrumpe la provisión de repuestos, como ocurrió durante el gobierno de Mauricio Macri con los asientos eyectables británicos de los Super Étendard, los sistemas vuelven a quedar en tierra. No existe un plan de fabricación nacional y, después de 32 meses de gestión, la industria de la Defensa continúa sin una estrategia y con resultados deficitarios. Y cuarto, existe una desconexión entre la superficie que debe custodiarse, superior al millón de kilómetros cuadrados, y los medios asignados. La dependencia exclusiva de cuatro patrulleros oceánicos de bajo tonelaje deja insuficientemente protegidos los recursos ictícolas y energéticos del Atlántico Sur frente a las flotas pesqueras extranjeras, y debilita la proyección bioceánica y antártica de la Argentina.
El enfoque prioriza «conocer y controlar el mar» por encima de la proyección de poder de combate desde el aire. Si se cumplen los objetivos de reequipamiento, la Armada ganará eficiencia para patrullar el sur, pero perderá capacidad de combate y presencia en el norte, precisamente cuando se intensifica la disputa por los recursos y las rutas bioceánicas, como el pasaje de Drake. El resultado sería la transformación de la Armada Argentina, de una fuerza aeronaval de combate y disuasión, en una fuerza de monitoreo costero y control policial, capaz de observar e informar coordenadas, pero sin medios suficientes para ejercer coerción letal ni disuasión. Este cambio también alimenta el debate público sobre una eventual fusión de la Armada con la Prefectura Naval.
Capacidades perdidas y brechas estratégicas de las soluciones anunciadas
| Capacidad afectada | Medida o solución anunciada | Brecha estratégica resultante |
| Escuadrilla Antisubmarina (EA2S / Tracker) | Pase a reserva / Desactivación | Cero capacidades antisubmarinas. |
| Super Étendard / SEM (SUE/SEM) | Baja definitiva sin reemplazo | Pérdida total del poder de disuasión letal contra buques de combate frente a la ZEE. |
| Base Aeronaval Punta Indio | Reducción a estación secundaria | Fuga de capital humano. |
| P-3C Orion (ex Noruega) | Presentados como solución integral | Capacidad de «ver» (ISR) sin capacidad de «neutralizar» (sin sonoboyas, pirotecnia ni torpedos). |
| Patrulleros Oceánicos (OPV Bouchard) | 4 unidades para +1.000.000 km² | Cobertura insuficiente para persecución en caliente frente a flotas pesqueras masivas; función meramente policial. |
| Drones y Helicópteros Ligeros (AW109) | Propuestos como reemplazo económico | Marketing burocrático; los buques principales operan «a ciegas» más allá del horizonte radar. |
Fuente: Medio especializado.
(1) https://es.scribd.com/document/1078940708/La-Decadencia-de-La-Ara
(*) Por Marcelo Seghini es Asesor de la HCDN y Coordinador de la Comisión de Defensa de la Fundación Alem.
