Por Diana Tussie (*) (**)

Al día de hoy hay 17 situaciones coloniales pendientes en el Comité de Descolonización de la ONU, de las cuales 11 son de Gran Bretaña, el gran imperio del siglo XIX y parte del XX. La particularidad de Malvinas son los recursos naturales en contrapunto continuo con el Mar del Norte.  Malvinas ofrecen la misma riqueza que los declinantes recursos en las aguas del Mar del Norte. Es claro que los recursos naturales, y el petróleo principalmente, están indisolublemente unidos al futuro de las islas. La producción británica en el Mar del Norte cayó 80% desde 2000. Los hidrocarburos del Atlántico Sur se perfilan, a futuro, como una fuente estratégica frente a dicha caída. En este camino se lanzó la construcción de la infraestructura necesaria para perforar el yacimiento petrolero Sea Lion ubicado unos 200 km al norte de las Malvinas. Dicha iniciativa puede convertir a las islas ocupadas en un centro de producción de hidrocarburos. Se espera que la explotación se inicie en marzo de 2028, con un máximo de 50.000 barriles diarios hacia 2032. Esto le daría a Londres ingentes ingresos para sustentar los costos de la ocupación de las Malvinas de la mano de acrecentar la militarización del Atlántico Sur.

Con respecto a los recursos naturales, se sobreimprimen 4 dinámicas: primero, la situación colonial en manos de la ONU citada arriba; segundo, el contrapunto del Mar del Norte, en tanto y en cuanto están muy ligadas las dinámicas geo-económicas; tercera, la implicancia del Brexit para Gran Bretaña y su imperio en decadencia pero reteniendo fervor imperialista; y por último, la guerra de Ucrania. Quiero marcar que cuando hablamos de recursos naturales nos referimos aquéllos que tienen valor. El valor va cambiando con la situación de la oferta, la demanda, el precio, el uso, la apropiación y el desarrollo de la tecnología. Hoy el petróleo en Malvinas vuelve a tener un valor estratégico para Gran Bretaña en tanto puede ser así el principal exportador neto de petróleo para la OTAN y en esta carrera ganarle a Francia y Alemania que han quedado tan vulnerables frente a Rusia.

Para Gran Bretaña las relaciones energéticas son una cuestión primordial de su hegemonía y lo han sido por mucho tiempo. Desde las nacionalizaciones del petróleo, primero en México en 1936 y seguidamente en 1952 con el ímpetu descolonizante en Irán, se fueron sucediendo otras nacionalizaciones que les quitaron el poder a las grandes multinacionales del petróleo, las llamadas 7 hermanas, transfiriendo el control a los países conformadores de la futura OPEP en 1960. Es precisamente en 1960 cuando inicia la exploración en el Mar del Norte, antes de la llamada crisis del petróleo en 1973, pero coetáneamente con el inicio del ciclo de las nacionalizaciones y con la formación de la OPEP. Entre 1973 y 1975, severamente golpeada por la crisis energética, Gran Bretaña inicia varias misiones en Malvinas que ratifican la existencia de recursos petroleros. Posterior a la guerra de Malvinas, para el año 2000, cunde en Gran Bretaña la preocupación por el agotamiento en el Mar del Norte. A partir de ese momento, la situación en la negociación comienza a ser cada vez más difícil para Argentina.

Hasta 1982 la economía de las islas no estaba ligada al petróleo sino a la lana. La lana, también lo sabemos por historia argentina, fue un recurso clave para la industria textil en Gran Bretaña. Leeds y Bradford, ciudades pioneras de la revolución industrial textil, se fundaron en virtud del comercio de la lana. En los años previos a la guerra de Malvinas la demanda sí como el precio de la lana había caído severamente acompañando el derrotero de todos los productos primarios. Ello afectó el producto bruto de las islas. Hubo mucha desocupación y relativamente mucha emigración. Y en esos años anteriores a la guerra no hubiera sido extraño que Gran Bretaña en esta debacle hubiera estado inclinada a negociar la situación de las islas, precisamente porque aparecían insostenibles coetáneamente con en el ajuste monetario y las privatizaciones emprendidas desde la asunción de Thatcher en 1979. Thatcher además había liderado la devolución de Hong Kong finalizada en 1997. Si bien la situación de Hong Kong era muy diferente, en tanto había un acuerdo de arrendamiento por vencer, el fantasma de alguna cesión sobrevolaba.

Para mediados de los 80, ya después de la Guerra, nuevamente en contrapunto con el Mar del Norte, dado el agotamiento de los caladeros de pesca en el Mar del Norte, comienza una actividad importantísima de pesca en la zona de las Malvinas. Luego de la política argentina de la seducción, hubo acuerdos sobre pesca que permitieron la licitación de zonas pesqueras y al mismo tiempo hubo un acuerdo petrolero en 1985 que permitió una licitación de áreas y se comenzaron a explotar algunos pozos unilateralmente. Las medidas de confianza mutua que los acuerdos post 90 habían desarrollado, por un lado, eran de desconfianza y de unilateralismo, por el otro. Para 2005 se paraliza la actividad de la comisión pesquera. Al firmarse la constitución europea del 2007, Europa pasa a reconocer los territorios de ultramar -incluidos los de Gran Bretaña- como territorios propios. En ese momento, por iniciativa del canciller Jorge Taiana se lanza una intensa actividad diplomática en el seno de las Naciones Unidas. El conflicto sobre la soberanía se transforma en una causa global y regional con la articulación del ciclo progresista de la región.

Hasta el 2010, Gran Bretaña intervino fuertemente a favor de la explotación petrolera en las islas, reposicionando la base de Mount Pleasant como una base militar. La militarización es muy indicativa de la manifiesta resistencia a no discutir la soberanía. De ahí en más, Gran Bretaña no brinda ninguna señal de diálogo, precisamente preocupada por el agotamiento del Mar del Norte y porque se pone de relieve la importancia estratégica de Malvinas y del acceso a la Antártida como una de las reservas de agua dulce más grande del planeta. Al mismo tiempo se controla desde las Malvinas la ruta marítima del Atlántico Sur. Posteriormente, cinco años después del acontecimiento de la Constitución Europea, comienza la movida socio-política del Brexit que decantó en el 2020 con la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE). El Brexit es un acontecimiento de primer orden en la geopolítica mundial. Tiene que ser leído -es leído- como la primera resistencia seria a la globalización en el centro. Tiene una implicancia, una connotación y una proyección en lo político institucional. Tuvo un impacto significativo para la economía de las islas. El acuerdo comercial de Gran Bretaña con la UE excluyó a los territorios de ultramar, por lo cual, las exportaciones de las islas fueron desprovistas de su acceso preferencial. La preocupación cundió entre los isleños. El arancel para la pesca en la UE aumenta del 8%, desde el 2007 como miembro de la UE, al 18% ; de carne salta del 6% hasta el 60%, al mismo tiempo que se pierden cupos de exportación.

Dicha situación en un momento abre ciertas esperanzas de retomar la negociación, dada la debilidad de Europa y el aislamiento de Gran Bretaña de Europa al mismo tiempo que se encuentra el apoyo de países europeos como Italia, España, Portugal, Grecia, Suecia y Austria. Se abre una oportunidad de negociar con apoyo diplomático. Sin embargo, el impacto negativo sobre la economía de las islas revive el militarismo británico. La preocupación al respecto de la misma economía de las islas incentiva una postura militarista y colonialista. Aumentan así los ejercicios militares. Por ello no sorprende que hoy Malvinas sea crecientemente un enclave militar donde operan las tres fuerzas británicas. En síntesis, si bien el Brexit había abierto una rendija para aislar a Gran Bretaña fue compensada con mayor presencia militar.

¿Qué pasa con la guerra de Ucrania? Esta guerra desvanece las oportunidades de mayor negociación, en tanto se perfila nuevamente un escenario donde el petróleo retoma su relevancia en la economía internacional. El pacto verde que Europa había inaugurado en 2020 comienza a perder primacía. La dependencia del petróleo y del gas se hace muy tangible, muy visible y muy problemática. En Gran Bretaña la conexión entre política de defensa y política energética se hace crecientemente estrecha y se sostiene en virtud tanto de su soberanía energética como de su oferta energética disponible para la Europa en guerra. La guerra de Ucrania le ha reducido a Gran Bretaña el costo del Brexit, no sólo por la renovada primacía del petróleo. Gran Bretaña retorna al corazón de Europa, con su aporte energético vía el petróleo. A diferencia de Alemania y Francia Gran Bretaña luce como exportadora neta de petróleo y como tal no fácilmente proclive a ceder soberanía.

Sin embargo, no dista de tener flancos débiles, nuevamente volviendo a los recursos del Mar del Norte. Escocia hoy cuestiona la soberanía sobre el petróleo: ¿le corresponde a Gran Bretaña o a Escocia como parte de Gran Bretaña o a Escocia como independiente, y en qué proporción? Si el petróleo le abrió a Gran Bretaña el corazón y el bolsillo de la OTAN quedan flancos débiles. No es el momento para que Argentina abandone la campaña para revertir la situación colonial. Podemos alegar que lo que está en juego en este Mundial es una módica pero muy sentida revancha anticolonial por la usurpación, por la guerra perdida y un homenaje a los veteranos y caídos.

(*) Diana Tussie es investigadora superior del CONICET. Dirige la Maestría en Relaciones Internacionales de la FLACSO. Dentro del campo delas Relaciones Internacionales es conocida por sus trabajos sobre desarrollo y negociaciones comerciales, organismos económicos internacionales, regionalismo, abriendo las Relaciones Internacionales al campo de la Economía Política Internacional (EPI).

(**) Este artículo fue publicado originalmente en FLACSO Argentina / Blog / Artículos: https://rrii.flacso.org.ar/entender-malvinas-recursos-naturales-fervor-imperial/

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Atlántico Sur, UN OCÉANO, TRES CONTINENTES

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