Los cuatro países firmaron el Acuerdo de Liberalización Aérea Sudamericana (ALAS), una iniciativa que busca armonizar normas y avanzar hacia un mercado aerocomercial regional con mayor competencia y conectividad. ALAS no relanza la integración política regional. Solo liberaliza el mercado aéreo. Se espera que esa apertura beneficie a los usuarios con más destinos, mejores servicios y tarifas competitivas.
Redacción pAS
Durante los últimos años, la integración sudamericana ha perdido impulso en el plano político. Las diferencias ideológicas entre los gobiernos, el debilitamiento de organismos regionales como la Unasur y las dificultades que ha tenido el propio Mercosur para avanzar en una agenda común generaron la percepción de una región cada vez más fragmentada.
Mientras la integración política regional continúa atravesando un período de estancamiento, comienzan a multiplicarse acuerdos sectoriales que favorecen una mayor articulación económica entre los países sudamericanos. En ese marco, Argentina, Brasil, Chile y Paraguay suscribieron en Asunción el Acuerdo de Liberalización Aérea Sudamericana (ALAS), una iniciativa que busca avanzar hacia un “Cielo Único Sudamericano” mediante la armonización de normas y la apertura gradual del mercado aerocomercial regional, siguiendo experiencias similares desarrolladas en Europa. El memorando fue firmado por las máximas autoridades de aviación civil de los cuatro países y la coordinación inicial del acuerdo estará a cargo de la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (DINAC) de Paraguay. Considerado uno de los avances más relevantes de los últimos años para la aviación regional, el acuerdo nace con la expectativa de incorporar en el futuro a otros países sudamericanos, entre ellos Uruguay.
En términos concretos, el acuerdo busca que el transporte aéreo entre los países de la región que participen de este esquema, deje de funcionar como una suma de mercados nacionales aislados para comenzar a operar bajo reglas comunes. La iniciativa busca pactar regulaciones técnicas, licencias, certificaciones, estándares de seguridad, derechos de los pasajeros y condiciones de operación, para ir hacia un mercado aerocomercial más integrado. Su objetivo final es facilitar la circulación de personas y mercancías, mejorar la conectividad regional y reducir las barreras que todavía encarecen y limitan el transporte aéreo sudamericano.

La meta más ambiciosa es incorporar las llamadas “libertades del aire”, un conjunto de acuerdos que hacen posible la aviación internacional, reconocidas por la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional), incluida la denominada Novena Libertad, que permite a una aerolínea de un país operar vuelos domésticos dentro del territorio de otro Estado miembro.
Los cuatro países que integran ALAS conforman el principal mercado aerocomercial de Sudamérica, con cerca de 190 millones de pasajeros transportados durante 2025 aunque con profundas asimetrías entre ellos: Brasil representa por sí solo más de dos tercios de ese volumen. Sobre esa escala ya operan aerolíneas regionales de gran tamaño, encabezados por LATAM, GOL y Azul, cuya presencia trasciende desde hace muchos años las fronteras nacionales. En ese contexto, la liberalización aérea es sobre todo un intento de adaptar la regulación a una realidad económica y empresarial que ya comenzó a regionalizarse.
En el caso argentino, esto podría interpretarse como un giro del gobierno de Javier Milei hacia una mayor integración regional. Sin embargo, sería una lectura errónea. La iniciativa no busca reconstruir espacios de coordinación política o económica como los que alguna vez representaron la Unasur o fortalecer al Mercosur. Su objetivo es mucho más acotado: eliminar barreras regulatorias para facilitar la libre prestación de servicios aéreos, ampliar la competencia entre operadores y profundizar la integración de este mercado específico. Más que un proyecto de integración política latinoamericana, ALAS constituye un esquema de armonización regulatoria destinado a facilitar el funcionamiento de un mercado regional del transporte aéreo.
Para los usuarios, la mayor apertura del mercado podría traducirse en beneficios concretos. Una competencia más intensa entre las aerolíneas tiende a reducir el precio de las tarifas, ampliar la oferta de vuelos y multiplicar las opciones de conexión entre ciudades de la región. También podría facilitar el acceso a nuevos destinos, reducir los tiempos de viaje mediante una mayor disponibilidad de escalas y mejoras en la calidad de los servicios a medida que las compañías buscan ganar nuevos clientes. Si estas expectativas se concretan, el resultado sería un transporte aéreo más accesible para pasajeros y empresas, con efectos positivos sobre el turismo, los negocios, el comercio y la circulación de inversiones en Sudamérica.
